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Literatura
Poesía
julio 2026

Dos poemas de Oscar Duro

¡Herederos de ausencias!

En la quietud del silencio
respiran aún despacio,
no por la calma,
sino porque el cuerpo no se rinde.
Los recuerdos respiran con ellos,
como brasas que el tiempo no apaga
ni el frío de la vereda logra extinguir.
Gritando versos antiguos
con su voz enterrada en la piel,
no como consuelo
sino como reproche.
Las palabras,
cansadas de esperar,
lloran sal,
en los bordes del pensamiento,
allí donde nadie mira…
Cuando pasan con paso apresurado.
Los sueños despiertan heridos,
y lo conducen por calles
que ya no existen,
aunque sigan ahí,
llenas de gente que no los ve.
Donde el amor fue casa
y hoy es una ruina sagrada
hecha de cartón,
olor y vergüenza ajena.
Es niño o es anciano,
da lo mismo,

para la sociedad ¡ya no son alguien!
Los “ausentes”,
regresan en forma de sombra,
no para acompañar,
si para hundirse en la conciencia.
La tristeza se disfraza de aprendizaje,
pero no enseña,
solo endurece.
El alma, agrandada por las pérdidas,
enciende una luz hecha de cicatrices,
apenas suficiente,
para no desaparecer del todo.
La memoria se vuelve altar,
heredera fiel de caricias que ya no vuelven,
restos de un amor vencido
que añora en el murmullo de la ausencia
y se pronuncia tardíamente
con la voz persistente del recuerdo,
cuando ya no hay a quién decirle,
“tengo miedo”.
Aunque duela,
el recuerdo no salva.
Su peso se transforma en ancla
que no permite sepultarse
del todo ni avanzar.
Sus asperezas señalan el sendero
que sigue con el corazón
a cuestas, arrastrándolo.
Es lo humano,
cargar lo que se ama
como granos de sal

sobre la herida del alma,
dando sabor incluso al dolor eterno,
para no olvidar que todavía duele,
aunque el mundo haya decidido
no nombrarlo.

 

-¡América en voz alta!-

Es ese río indomable,
es esa voz cristalina,
de cauce acariciando las piedras…
Es el latir resonando en la piel del tiempo.
Cada pueblo hace que la tierra llore
cuando la olvidan,
en cada semilla de esta, aparece un renacer.
Y no hubo ecos de voces
sin danzar sobre la luna.
Y no hubo muros tan densos
sin sueños candentes,
que frenen el viento frío de un sueño justo.
Y no hubo, historias escritas sin sudor,
como lluvia salada.
Y no hubo, monte, ni montañas con distancias,
que obstruyan las venas sangrantes de América.
Es el pulso infinito de tinta escrita en cada cultura,
todo está vivo y candente…
En manos curtidas sembrando esperanza.
Cada rincón de cada ciudad
es esa madre tejiendo
con hilos de amor y pujanza
aquellos secretos que alzan la verdad.
Vasto jardín de voces y escritos,
tierras fecundas pariendo intelectuales…
Poetas acariciando fragancias,
como néctar de placer.
Cada pueblo fue una cuna.
Cada comunidad tuvo su voz y entre todos,
la raíz más profunda que hoy abrazamos.
Esta bebe del río más antiguo,
y se agita al ritmo del propio viento.

Esos infinitos pueblos,
esos ríos de memorias,
que fluyen en el pasado
y se hacen “carne”
aquí y ahora.
Llevando como estandarte firme,
la herencia de sus ancestros.
Voces de selvas y llanuras
enredados en un mismo paisaje.
Lenguas culturales,
tradiciones que brotan
entre raíces de pieles.
Corazones insurgentes
que comparten desigualdades
entre sus hermanos.
Cantos de barro al sol,
manos curtidas,
espaldas sin descanso,
resistencias cotidianas
a la razón,
siestas dónde se engendran hijos.
Somos ese canto
que la tierra
pensó antes de nacer,
en respuesta al universo
y su propio misterio.
Hoy este pedazo del mundo
es el fuego antiguo
que se niega a apagarse,
es la espiga que danza
aunque el manto de hierba
esté entre sombras
y camine sobre reflejos.

América es ese suspiro
largo y cansino,
que atraviesa el mundo,
con el grito más antiguo
de los pueblos originarios,
que se trepan en las montañas…
y caminan descalzos por el desierto,
serpenteando ríos y llanuras
hasta encontrar la paz infinita.
Continente de luchas y sueños,
tierra más desigual del planeta,
nieve que hela su sur,
fuego que quema su norte,
rostros de miradas translúcidas de poco futuro,
lenguas y tradiciones
de esperanza rebeldes
mirando desde abajo
el horizonte,
y desde arriba los sueños
por luchar…
Como hijos de muchas
sangres,
como hijos de distintos
tiempos,
como latido desafiante al olvido…
Latinoamérica entona con una voz muy fuerte…
su ¡grito de paz y libertad!,
por y para siempre.
“Sueño de América
que florece en su voz”


Oscar Duro es un escritor amateur uruguayo, oriundo de la ciudad de Canelones, además de un jubilado y lector empedernido. Aunque aún no ha logrado publicar un libro propio, siempre ha escrito pequeños textos para sus amigos y familiares, y actualmente se encuentra trabajando en una obra con miras a ser publicada. Asimismo, ha sido seleccionado y ha participado en varias antologías. Redes sociales: Facebook: oscar.duro.1 X (Twitter): @Oscarduro26

Oscar Duro

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