Literatura
Narrativa
junio 2026
Toda la luz entró en la noche
por Romina Anahí Bonetto
Desde el cielo uno puede ver su perfil, la finura de ese eterno rostro blanquecino que se vislumbra detrás de las nubes.
Aquella mañana cuando leí la noticia publicada sobre su partida, me pareció que lo hizo de una forma sublime, como quién deja una fiesta en pleno apogeo. Por supuesto que la lloré, como todos los que conozco de cerca, pero tuve la picardía de celebrarla. Me atrevo a decir que su final fue meramente calibrado, en el momento exacto, antes de que los salvajes, sedientos de venganza, lograrán trepar a sus aposentos, y todo empeorará, antes de que cielo y tierra les pertenecieran y se atrevieran hasta de apropiarse de nuestras propias vidas.
Quiero constatar que en los límites de su ciudad había bosque, arboleda frutal, casas al estilo colonial, de esas que solo existían en las películas extranjeras, algunos decían que era mucho para los pobres, que no merecían tales riquezas, jamás podrían valorar un jardín, un suelo de parquet, la magnitud de poseer una planta alta, ¿a quién se le podría ocurrir darle tales dádivas a las masas?. Una incoherencia fatal.
Esos mismos, también dijeron, que se estaba excediendo, un gasto tan desmedido en individuos que no merecían llamarse gente, iba a costarle y más aún, a una cualquiera que gustaba de vestir pieles y llevar la boca pintada de rojo. No se les pide a los ricos, eso se lo tendría que haber enseñado su marido.
Pura e infinita admiración me nace cada vez que la recuerdo, ella fue fiel a su dogma, sin titubeos creó un mundo nuevo, donde la justicia fue real, donde los estigmatizados pudieron gozar de un trato humano, conocer y sentir el disfrute, la posibilidad de unas vacaciones en familia, de garantizar un hogar a sus hijos. Tener derechos, marcos legales que los amparen, que los protejan.
Y no conforme, abrazó a los más vulnerables de la sociedad, a esos niños que antes de ella, vivían en orfanatos, amontonados, desahuciados, y a veces, incluso profanados. Ella los acarició cuidadosamente con sus manos largas, les susurro palabras de amor, los vistió con telas suaves, nuevas, y los incentivó a estudiar, a formarse en una carrera de profesión, les dio una oportunidad de verdad, algo que nadie les iba a poder arrebatar.
Ese invierno en el que se fue pude ver más allá, y toda la luz entró en la noche.
Algunos celebraron la palabra cáncer, la pintaron en las calles, en las hojas de los periódicos y se atrevieron a prohibirnos escribir, a mencionar las tres letras que le daban forma a su magnífico nombre.
Otros, en cambio, lloraron con lágrimas de dolor, el polvo del suelo se humedeció hasta convertirse en pantano, y el cielo, ah que te digo, si el cielo como quién no quiere la cosa tomo partida, oscureciendo el día, cubriendo de un manto lúgubre a toda la nación, vistiendo de luto para honrarla a ella, la de las tres letras.
Romina Anahí Bonetto, nacida en 1990 en la provincia de Chubut, es licenciada en Trabajo Social. Se desempeña como perito social en el Poder Judicial de la Nación y es productora y gestora de proyectos socioculturales. Publicó su poemario Vivir Sin Ti en 2024 con la editorial Niña Pez, 17 tiempos en 2025 con la editorial Carpe Literario, y ha colaborado con publicaciones en revistas digitales como Venablos, Editorial Autómata y Editorial Fin del Mundo, entre otras. Premio Relato Concurso Bayer 2025.

