Literatura
Narrativa
junio 2026
Sentipensante
por Ezequiel Micelotta Aguinaco
Abrís los ojos, el traqueteo del colectivo no te dejó descansar. Recordás, mientras observás la calle, que una vez más va a aumentar. Ahora te das cuenta de que tenés que bajar mientras un vendedor ambulante sube y, dando gracias al conductor, comienza a vender pares de medias semi térmicas. Vienen bien ahora que el gas también va a aumentar porque, una vez más, quienes dicen representar al pueblo, se cagan en él. No llegás ni a cruzar palabra con el hombre que tocaste el timbre y te estás bajando.
Te sumís en la oscuridad de la noche. En la plaza central de la ciudad la gente duerme sobre algún colchón usado, o se mete en una bolsa de dormir, o se tapa con alguna manta o algún aislante y la mayor cantidad posible de camperas. La realidad te avasalla, no te deja respirar ni pensar más que en lo que sucede a continuación, ese instante después del instante que viste eso. No digerís el presente. Con suerte lo vomitás. Y algo en vos, no sabés qué, se empieza a romper o se vuelve abrir, o no llega a madurar.
Caminás.
El bondi está caro, no sea cosa que nos demos el lujo de andar en transporte público, no sea cosa que nos demos un tiempo libre para mimarnos. No hace falta. Estamos en el nuevo mundo, ese en el que si no hacés plata, sos un pobre diablo (no sé porque todo me suena a viejo mundo); mejor vamos a meter algunos números a la quiniela o al casino online que tus ídolos en la tele andan promocionando. Ellos no tienen la culpa si te enviciás, ya sos grande, o deberías, ellos aclaran: si sos menor, no jugués.
Caminás.
Ahora ves como la tienda de zapatillas de la esquina del cafetín al que te gusta ir a tomar un cortado (otro lujo extravagante) cerró. También cerró la rotisería de la vuelta de tu casa y, así como al pasar, como esas jugadas de mierda que te hace tu cabecita que no frena, te acordás de que a tu abuela le sacaron, por el bendito y sagrado déficit cero, un remedio que necesitaba; y el otro día un viejo que es tu amigo, te dijo que a fin de mes se queda sin casa, que no consigue donde dormir y vos pensás, otro más en la calle. Para qué trabajar toda una vida, si te tratan como descarte social. Mi amigo, el viejo, me dice que prefiere matarse, que para qué, si ya se cansó. Que es una ironía la vida. Que, en su casa, en esa de la que lo van a desalojar por pobre, no tiene una viga donde colgar el lazo para ahorcarse.
Sí, te lo dice, y vos decís: No, no digas boludeces. ¿Pero de qué boludeces me hablás? Si a tu alrededor todo implosiona, nada explota. Porque… cómo vas a explotar. Como te vas a dejar llevar por esa violencia. Cómo te vas a dejar llevar por ese tictac analógico, aún analógico, que te repite en lapsos cada vez más cortos, ante cada sucesión de imágenes que ves, ¡que no!, no está bien lo que pasa y que tampoco está en tus manos salvar a nadie, si ni siquiera te podés salvar a vos mismo.
Y volvés a lo violento, porque vos sos violento, no la bota que oprime tu cabeza o, mejor dicho, el zapato de cuero de una marca cheta que tiene fábricas en algún país subdesarrollado para que el costo baje (bendito y sagrado déficit cero).
¿Opresión llamás a eso? No, nene, libre mercado, oferta y demanda, merca y tussi, IA o AI…
Y seguís caminando, porque a todo esto vos no dejaste de caminar y llegás a tu casa, si es que podés llamar tu casa a un espacio que si no lo pagás te lo sacan. Te calentás un termito de agua, te hacés unos mates, comés unas galletitas con las berenjenas al escabeche que te hizo tu vieja (tener a tu vieja, otro privilegio) y te vas a acostar, a descansar (si es que podés) porque últimamente te despertás a las noches entre agitado y con temor, como en un insomnio que no lo es, como una pesadilla entrecortada, o quizás, como en un sueño cercenado; algo así, como la realidad.
Ezequiel Alejandro Micelotta Aguinaco nació el 25 de mayo de 1994 en el barrio del Once. Actualmente vive en Santa Clara del Mar, provincia de Buenos Aires. Escritor, viajero, creador de fanzines y director del periódico “La Yesca”. Fue publicado en revistas literarias y de protesta argentinas, españolas y chilenas, también en antologías de poemas y microrrelatos. En 2025 salió publicado su primer libro “Periplo de un viaje perdido” de la editorial Halley.

