Literatura
Narrativa
diciembre 2025
Si pudieras ver toda tu vida
por Carlos Torres Bastidas
“Si pudieras ver toda tu vida, de principio a fin, ¿cambiarias algo? Si predices el futuro, quieres decir que ya ha sucedido, ¿Cómo podrías cambiar algo que ya ha sucedido? La física sugiere que el futuro es tan fijo como el pasado.” Arrival basada en el cuento de Ted Chiang
“La IA se ha vuelto más poderosa que sus creadores y quienes la fomentaron ahora están en su contra.” Deutsche Welle, canal de noticias internacionales.
Yo soy Carolus Deckard, ingeniero, arqueólogo y experto en paleografía del siglo 21. Un cyborg avanzado con características humanas, descendiente de los Nexus 6, que pudieron comenzar a replicarse desde el año 2089. Me he propuesto saber que pasó en este conjunto de ruinas y cenizas que fue una populosa ciudad de nombre Caracas La Grande. Se perdieron muchas vidas, pero al parecer se logró lo que se quería; la independencia total de la Gran Hermana, una IA llamada en aquellos tiempos “Madre de la Patria”.
Desenterrando los que fueron los medios de comunicación y de transporte, Carolus logró recuperar en una inmensa cantera, un gran cartel que decía CAPITOLIO. Pudo entrar con dificultad en los escombros de un túnel que fue el Metro de Caracas. Mucha tierra y el aire enrarecido impedían ver bien en medio de la oscuridad. Sus ojos que contemplaban con resaltadores de formas, aumentaron el tamaño de ciertos objetos. Pudo ver el bolso de cuero al que se aferraba uno de los esqueletos petrificados en los asientos de un retorcido vagón.
Sus manos como pinzas de titanio encontraron dentro del bolso sin mucho esfuerzo, un cuaderno empastado y varios libros. Por sus estudios paleográficos e históricos, pudo descifrar varios títulos; Subterráneos insondables lo pudo traducir, pero no sabía lo que significaba. Otros libros: Pirata y El descenso. En algunas hojas de papel secas y agrietadas: “Barbarella, mi esposa ideal”. Pero lo más valioso, fue una libreta con el logo Fama, y en la portada se veía la imagen de un jugador de aquel antiguo esparcimiento llamado beisbol.
Sintió un sobresalto porque su casco-procesador comenzó a realizar la traducción de ese vetusto cuaderno, que milagrosamente había sobrevivido a lo que fue una detonación nuclear en la antigua Caracas. Le dio una orden al micro procesador que estaba integrado a su ojo derecho: Traduce; castellano, venezolano, año 2030. Un haz de luz roja escaneaba las páginas que Carolus iba pasando con delicadeza, gracias a su recubrimiento de ultra latex natural 3M. Aquí el traductor universal comenzó a compilar lo que había traducido, y lo enviaba de inmediato al nano chip ultra Celeron que tenía instalado en su cerebro:
“Año 2030. Aquí estoy, de un lado para otro como siempre. A pesar de toda la nueva tecnología, el Metro sigue siendo útil y un martirio para cualquier ser humano. Es insoportable el calor, y la molesta buhonería ofreciendo los odiosos “caramelos Chao” y el constante “te compro tu dólar y te transfiero Bit Coins”, “lleva los pañitos de secado inmediato para el sudor”, “buenas tardes, buenas tardes, gracias por su educación a la bella gente de Venezuela”.
El control mental mediante el Internet, que llega ahora a todas partes y los algoritmos se usan para saber lo que le gusta a los usuarios. Existe una competencia brutal y despiadada en todas las formas posibles. Dejamos inmensas cantidades de Gigabytes de información cada día en las redes sociales. Los algoritmos creados por la IA ya han estudiado e identificado a todos los usuarios del Metro. Miles de millones de personas, son revisadas, seguidas, y almacenada toda su información vital. Saben que estar mirando el celular y usar el internet puede cambiar el sistema de dopamina del cerebro. Así que por eso regresamos de manera compulsiva una y otra vez, a revisar nuestras redes sociales. Es más adictivo que fumar cigarrillos o consumir esos caramelos que ofrecen los buhoneros con dosis de cocritina –el último invento de los laboratorios Omega-Pfizer- Vamos como hipnotizados, clasificados en nuestros asientos de colores. Han establecido un definitivo control mental.
Sé que en los planes nuevos de vacunación masiva, ya se habían instalado los nano-chips y la tecnología para alcanzar el mayor control del cerebro humano. Por eso me mantengo viajando de un lugar a otro en este tren, porque cuando salgo a la superficie, entro en una especie de trance y no sé por qué hago o compro algo. Ya se había empezado a controlar desde los satélites que instalaron los chinos, aunado al uso indiscriminado de la tecnología 7G que se habían instalado desde el año 2025 en todas las áreas más pobladas del país. De allí se estableció una base firme y verdadera para el control mental por la Madre de la Patria.
Por eso no nos hemos dado cuenta de la guerra mundial que se avecina. La IA comenzó con el hackeo que se realizó a DARPA. Google lanzó una versión mejorada en el 2024. Y se estableció una lucha por el control mental, que se implantó definitivamente. A partir de ese momento las masas están controladas, pocas veces se puede pensar claramente y utilizar el libre albedrio.
Únicamente bajo tierra, viajando en este Metro, puedo sentir que pienso por mí mismo. Así que hago mi viaje desde Los Chorros, luego en el subterráneo hasta La Hoyada, voy una vez a la semana bajo El Puente a comprar “basura de papel”, es decir libros. Por alguna extraña razón los que trabajan y sobreviven en ese sitio, tienen capacidad para poder seguir viviendo de vender libros.
Estoy contento, logré conseguir unos viejos textos de autores clásicos y venezolanos: Faulkner, Brito García, Javier Hidalgo y hasta un ejemplar autografiado por Julián Márquez. Por eso me gusta viajar por todas las líneas del sistema, el calor es fuerte, pero el control de mi mente es mucho mejor aquí. Algunas personas sienten libertad al viajar apiñados en esos vagones vetustos y sin ventanas, pero el aire de los túneles, se siente más fresco que el de nuestras casas. Una joven que conocí hace muchos años, escribió en un cuento que estos calores exagerados, eran el anuncio del fin del mundo.” Lo que continuaba era un garabato, que el traductor universal de Carolus no pudo descifrar.
Carlos Torres Bastidas. Caracas, (1964). Novelista, editor, copywriter y ensayista. Es Licenciado en Letras (UCV, 1993). Especialista en Gerencia y Planificación. Cursó estudios de Maestría en Literatura Latinoamericana en la USB. Es Magíster Scientiarum en Ciencias Administrativas, mención: Gerencia publica por la UNESR. Cofundador del taller literario “La 115” (1984-1993). Trabajó como corrector, editor y planificador. Obtuvo el “Premio Biblioteca Ayacucho” (1982). Participó en el taller de creación literaria: (Narrativa) en el CELARG. Su obra Barbarella, mi esposa ideal fue nominada al “Premio literario Tennessee Williams” por los escritores del Metroplex, en Dallas, Texas. Publicaciones: Hemingway y la generación perdida, un ensayo sobre París era una fiesta, Entre la montaña y el llano, un ensayo biográfico sobre Orlando Araujo, Poema para un gran hombre, Antonio Nicolás Briceño y la novela Confesión en La Ciento Quince. Ha colaborado en las revistas Letralia, Pasillo 2.0, Textos Híbridos y Literatura Mundial. Trabajó como redactor de contenidos para H.A.M Venezuela. Es docente en la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Católica Santa Rosa, (UCSAR) en Los Cortijos, Caracas.

