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Literatura
Reseña literaria
junio 2026

Una mujer completa
por Karen Vergara

Escribo porque yo, un día, adolescente,
me incliné ante un espejo y no había nadie.
¿Se da cuenta? El vacío. Y junto a mí los
otros chorreaban importancia.
Rosario Castellanos

“Me llamaron Alfonsina, nombre árabe que quiere decir dispuesta a todo”. Nació en Suiza, pero su primer idioma fue el italiano. Llegó a Argentina a los cuatro años, en un contexto de vida relativamente próspero: su familia era dueña de una cervecería local, sin embargo, la situación económica empezó a menguar de forma temprana. Primero se mudaron a Rosario, donde su padre, un hombre depresivo y alcohólico, decidió administrar un bar. Su madre, por otro lado, abrió una escuela privada. Ninguno de estos proyectos alcanzaba para llegar a fin de mes. 

Alfonsina deja de asistir a la escuela primaria para hacer de mesera y lavar platos, y después para acompañar a su madre, quien finalmente se dedica a la costura. Su padre muere joven, cuando ella apenas estaba entrando a la pubertad. Fue cantinera, modista, obrera en una fábrica de sombreros, y luego recorrió el país como actriz, cantante y dramaturga. Más tarde también sería maestra, cronista de viajes, cajera, consejera sentimental en periódicos y periodista. Como si fuera una premonición, a los doce años había sentenciado su futuro en un verso: “…los bolsillos de mis delantales, los corpiños de mis enaguas, están llenos de papeluchos borroneados que se me van muriendo como migas de pan”.  

Una vida intranquila

Alfonsina Storni se termina de construir a sí misma por pura necesidad. Recibirse como maestra rural y ser madre soltera representaron una batalla contra el clasismo de la época, y, como lo señalaría más tarde, el ímpetu de desarrollar una voz propia fue su único impulso para seguir. En 1916, mientras intentaba ganarse la vida como oficinista en el centro de Buenos Aires, escribió su primer libro de poemas, La inquietud del rosal. En su poema La loba ya nos decía: “Yo tengo un hijo fruto del amor, de amor sin ley / Que no pude ser como las otras, casta de buey / Con yugo al cuello; ¡libre se eleve mi cabeza! / Yo quiero con mis manos apartar la maleza”. 

A este lado de la cordillera, Gabriela Mistral, con casi la misma edad, también recorría el país como maestra rural. Ambas habían escogido el oficio de periodista para acercar sus pensamientos a públicos masivos, especialmente hacia las mujeres jóvenes. Alfonsina dudó cuando le ofrecieron escribir en Feminidades, sin embargo, la sección requería una pluma ágil, novedosa y transgresora aún en las sutilezas. En sus escritos adoptaría diversos seudónimos, desde el reflexivo, sabio e irónico Tao Lao, a simplemente Alfonsina. Siempre jugó con el género a la hora de enunciarse. Mistral lo haría también en sus correspondencias íntimas. Era inevitable que ambas se conocieran. 

Me habían dicho: ‘Alfonsina es fea’, y yo esperaba una fisonomía menos grata que la voz escuchada por teléfono, una de esas que vienen a ser algo así como el castigo dado a la criatura que trajo excelencia interior. Y cuando abrí la puerta a Alfonsina, me quedé desorientada, y hasta tuve la ingenuidad de la pregunta: ‘Alfonsina?’ —’Sí, Alfonsina’, y ella se ríe con una buena risa cordial.

Así comienza Gabriela Mistral a describir a Storni en su texto Algunos semblantes. Ambas autoras habían intercambiado numerosas cartas y llamados telefónicos antes de conocerse oficialmente en la casa de la trasandina el año 1926. La uruguaya Juana de Ibarbourou también evocaría a Storni: 

En 1920 vino Alfonsina por primera vez a Montevideo. Era joven y parecía alegre; por lo menos su conversación era chispeante, a veces muy aguda, a veces también sarcástica. Levantó una ola de admiración y simpatía… Un núcleo de lo más granado de la sociedad y de la gente intelectual la rodeó siguiéndola por todos lados. Alfonsina, en ese momento, pudo sentirse un poco reina. 

El feminismo es una espora

¿Por qué citar lo que otras dijeron de ella? Porque este libro no es solo una recopilación de su obra periodística, sino que también funciona como un umbral desde el cual percibimos como espectadoras a un cuerpo que cobija a otros cuerpos. Acá están las renegadas, como diría Lina Meruane: las otras. Las amas de casa y sus sinsabores, las obreras explotadas entre la promesa de emancipación y la precariedad salarial, las maestras y las adolescentes, las que emigraron de la pampa a la ciudad y que jamás quisieron regresar. 

Alfonsina se dedica a la contemplación de la vida, y a develar los estereotipos de género. Su pluma va por delante incluso de Virginia Woolf, quien publicaría Un cuarto propio casi diez años más tarde que la mayoría de estos textos. La trasandina nos recuerda constantemente que, para escribir, hay que abandonar el hogar y sus mandatos. Con una marcada ironía, desafía el tono paternalista de las crónicas femeninas, orientadas, en su mayoría, a delimitar las pautas morales del deber ser mujer.

Para ellas escribe Storni, creando una forma refrescante de responder a sus dudas sobre la vida, la sociedad y el hogar. Bajo un currículum oculto, semana a semana les entrega herramientas para formarse una opinión sobre aquellas cosas que jamás les consultaron, y, ¿por qué no? para construir su propia voz política. Su palabra está cargada de esporas que se van asentando en la sociedad argentina con el único fin de acelerar los procesos de cambio, construyendo el camino de la emancipación. 

En Chile, entre los años 2016 y 2019, nos preguntamos constantemente por la sororidad como concepto. Por el mujerío, diría Mistral. Por la amistad política entre mujeres. Pero no habíamos venido a crear nada nuevo: otras ya habían abierto esos caminos antes que nosotras, camuflando sus dardos sangrantes bajo laureadas columnas, cartas y poemas. Sin ser mezquina con el espacio ni el reconocimiento que le era dado, Alfonsina tejía en cada texto evocaciones a otras autoras latinoamericanas, trenzando en su prosa feminismos, gozo e independencia. 

En esta genealogía traviesa, que se despliega a veces inocente, aparece ya mencionada una joven Gabriela Mistral, cuando aún era la maestra que se jugaba la vida en Temuco antes de publicar Desolación. También están Juana de Ibarbourou y la trágica Delmira Agustini, muerta por feminicidio, cuya presencia las ronda a todas. Cuánto poder habita en esa fotografía donde aparecen las tres, en la escuela de verano organizada por la Universidad de Montevideo en 1938. Fueron allí a hablar  de sus procesos escriturales y disputar, como únicas mujeres, un espacio que seguía dominado por hombres. Meses después de ese trascendental encuentro, y aquejada por un cáncer de mama que se ramificó pese a la cirugía, Alfonsina se lanzó al mar. 

Maestra del engaño 

“Tiene Alfonsina un deseo maligno de despistar a sus corresponsales”, diría Mistral. Y es que entre su poesía —a veces febril, y otras veces pasiva o tardorromántica, como la definiría Beatriz Sarlo— y sus escritos periodísticos, se forma una confrontación. En sus crónicas se encuentran los ingredientes para combatir el mismo universo que su poesía a menudo expone: la dependencia afectiva, la pasividad, la estrechez de corazón. 

El año 2020, la artista argentina de trap Cazzu publicó el álbum Una niña inútil, con siete canciones tituladas con poemas de Storni: Dulce tortura, Romance de la venganza, Miedo, Canción de la mujer astuta, Conversación, Capricho y Queja. El disco juega con los preceptos del amor romántico, el delirio y el placer. Al respecto, señala la cantante y compositora: 

Me anticipo a pedir disculpas a los intelectuales que consideren que nuestro género musical y un emblema de la literatura rioplatense no tienen nada que ver entre sí. Pero espero dejar, aunque sea de manera tácita, un canal que invite a les jóvenes de esta generación a interesarse por la literatura y sobre todo, en las bases de un movimiento indispensable para la evolución humana. 

Las nuevas lecturas sobre la obra de Storni permiten descubrir cuán extendido está su universo y cómo su obra sigue vigente. En un continente donde la memoria y el archivo parecen siempre tan esquivos para las mujeres y las disidencias sexogenéricas, la labor de rescate se vuelve imperiosa. Storni no solo escribió para las mujeres de su tiempo, sino también para las que aún no habían sido escuchadas y para las que nunca llegaron a ser reconocidas. Hoy, otras generaciones la leen, desmenuzan su métrica y nos recuerdan su vigencia para quienes hemos tenido que recurrir a subterfugios para habitar de igual a igual la vida. 

Storni dirá que necesitamos tener imaginación para intentar equilibrar las fuerzas que ejerce el sometedor. En los artículos reunidos en este libro, veremos cuán inmensa puede ser su palabra para desmontarlo todo: las estructuras del poder, del género y del amor. Como diría la trasandina en Incurable (1919): “Aprende una cosa, la que menos sabes / Aprende a gozar”.  

Que esta sea una lectura gozosa para ti.

Karen Vergara
periodista y Magíster en Estudios de Género
Investigadora en sociedad y tecnologías
abril de 2025

 

Diario de una niña inútil, Escritos sobre feminismo y cuerpos femeninos – Alfonsina Storni.
Editorial Oso de Agua
https://osodeagua.cl/

Alfonsina Storni Gabriela Mistral Karen Vergara Oso de Agua

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