Literatura
Narrativa
julio 2026
Escritos de Vivien Merciel
Goteo en fuga
¿Cómo contener lo que no deja de derramarse? No lo supo. Se sintió débil y pidió ayuda, pero nadie tenía la respuesta. No sabía qué hacer. Se sintió una niña caprichosa, incapaz de salir de la cama, mientras la fuga de agua en su cocina no cesaba y nadie capaz de decirle cómo resolverlo le devolvía la llamada. Sintió un nudo en la garganta, algo inmóvil a mitad del camino. De sopetón, la dueña de la casa la llamó al teléfono.
El corazón se aquietó, pero el malestar en el estómago empeoró, y el nudo en la garganta se apretó aún más. Pidió que hicieran una videollamada para que pudiera ayudarla a ubicarse entre los registros de agua y los rastros de goteo. Por la pantalla del teléfono, se vieron los rostros, la una a la otra. Se sonrieron antes de pronunciar una sola palabra. Una llevaba ropa de verano dentro de un coche aparcado cerca de una playa en Mallorca, y la otra estaba entre las paredes de un apartamento en el centro de Madrid en agosto, con la cara sudada y el cabello revuelto de recién levantada.
Hablaron durante unos instantes. Probaron cerrar y abrir los registros de goteo, pero no encontraron cómo contener la fuga de agua. De todas formas, mientras hablaban, el nudo en la garganta se aflojó y las punzadas en el estómago cesaron. No sabía si el cuerpo se regulaba porque la veía o porque la oía.
Terminaron la llamada sin encontrar una solución, pero, después de hablar, recuperó su centro y pudo encontrar sola el arreglo. Cerró la espita, pero el daño aún le duele. Y cómo le duele.
Duele en la garganta tragarse el deseo. Arde al bajar hacia el estómago, galopa en el pecho cuando invade el pulso y se acelera al llegar al torrente sanguíneo. No sirve de nada intentar tragarlo: el deseo desborda el cuerpo, desborda la casa.
Se vuelve fuga.
Carmen
Entró en escena.
Levantó las faldas hasta los muslos.
Aceleró el zapateado.
Terminó el baile de un solo golpe, bajo aplausos, antes de que lo viera salir de la tramoya.
Cayó al suelo.
Apuñalada.
Por quien la amó.
El tinto y el reloj de arena
La vio sola, con una copa de vino reposando sobre la mesa de la bodega. Renunció a marcharse para observarla.
Cada sorbo que ella tomaba convertía aquella copa en el reloj de arena invertido que delataba cuánto tiempo aún le quedaba.
Cuando la mujer devolvió la copa vacía a la barra de la bodega, reconoció en aquel gesto su punto de no retorno. El encantamiento le hizo romper el silencio.
La invitó a otra copa y, por fin, escuchó su voz. Ganó más tiempo para escucharla. Le ofreció de inmediato una botella.
El tinto bañó la charla.
Vivien Merciel Suarez es de Rio de Janeiro, Brazil, y vive en Portugal desde 2023. Es cronista y columnista del periódico Público Brasil. Trabajó en TV Globo, Casa da Música de Oporto, Casa do Saber y Parangolé do Saber. Publicó en las antologías y el cuento Baile de Máscaras. Escribió los libros Resonancia en sordina y Mapas Inestables. @viv.merciel
