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Literatura
Reseña literaria
junio 2026

Michel de Montaigne y los «Ensayos» (o un intento de introducción al ensayo)
por Guido Schiappacasse  

—¿Quién da más?, ¡monsieur, pero esa suma es ridículamente baja! ¿Quién da más?, este escaño en el parlamento de Burdeaux vale muchísimos más escudos de oro, no seáis tacaños, mirad mejor en vuestros bolsillos y ofreced una justa suma.

Tal vez, de esa forma Michel de Montaigne1 ofreció su asiento en el parlamento de la ciudad francesa, quizá este evento sucedió en la ágora, o a lo mejor, al calor de su oficina particular, pero fuese como hubiese sido, aún le lastimaban a Michel sus magulladuras producto de haber sufrido, hacia un tiempo, una terrible caída mientras galopaba sobre el lomo de su corcel, heridas que lo tuvieron al borde de la muerte; tal vez, es por ello que meditó sobre la valía de su existencia y se decidió a vender al mejor postor su lugar de privilegio.  

Corría el año 1571 en la localidad francesa… Y Michel con un buen haber tras su compraventa se retiró de la vida pública a su castillo, había ordenado a sus mucamas que preparasen su aposento en lo más alto de la torre, sin olvidar acomodar un buen escritorio donde pudiese dar rienda suelta a su nuevo sentido de vida, quizá, buscaba un fin que trascendiese su propia mortalidad, un perenne objetivo más allá de su finitud.

Y en completa soledad, pese a la orden directa del rey Enrique III, que lo obliga a hacerse cargo de la alcaldía de Burdeaux hasta por dos períodos, porque el monarca en alta estima tiene los dones políticos de Michel, y esto y otros menesteres, sin duda, lo distraen y lo intentan sacar de sí; pero, pese a ello, desde lo más alto del alcázar, mientras observa el límpido cielo galo, medita, reflexiona, se vuelve a arrojar sobre sí mismo, y todo ello lo lleva al papel, manchado en tinta, en un intento, otro, y otro más, logrando ver su obra «Ensayos» publicada por vez primera hacia el año 1580. 

Pero, ¡esto no es suficiente!, suda aún más su frente, sus ojos se esfuerzan todavía más, sus manos se acalambran y sus dedos se engarrotan, pero amplía su escrito que alcanza la imprenta en 1588. ¡No es esto aún satisfactorio!, continúa corrigiendo su obra, extendiéndola, agregándole notas, pero como a veces la muerte es compasiva, apiadóse y a De Montaigne hubo de librarlo de su congoja y quehacer que ya rosaban lo maníaco, hacia el año 1592.

«Ensayos», esta obra es un relato donde el mismo autor expresó que escribía solo para él, un texto fragmentado, carente de conexión, pero de profunda reflexión sobre la condición humana, sobre la tristeza, la ociosidad, la barbarie de los conquistadores europeos en América, y de muchos otros variopintos temas; pero no es menos cierto que en un singular ser humano se esconde toda la condición humana en su conjunto, un solo hombre contiene al delincuente, al depravado, al facineroso, mas también puede este mismo llegar a ser un ser virtuoso, moral, ¡hasta un santo!; porque no es menos verdadero que un solo Homo sapiens alberga, tal cual semillas almacenadas en una cesta, en su potencialidad todas las vicisitudes del alma humana y todas sus formas de llegar a ser, para bien o para mal. 

Así que «Ensayos» no es un texto escrito solo para el autor, sino que también para todos nosotros en cuanto somos parte del género humano.  

No quisiese continuar esta exposición sin resaltar que el héroe escritor de nuestro relato no inventó el subgénero literario del ensayo, porque este se cultivaba desde la antigüedad clásica; sin embargo, como dice Francisco de Quevedo2: «Si por leer a Michel de Montaigne dejáis de leer a Séneca3 o Plutarco4, no es menos cierto que con Michel de Montaigne también leeréis a Séneca o Plutarco». 

Porque, el gran mérito De Montaigne es ser heredero y transmisor de los clásicos, redescubriendo y dándole un renovado vigor y valor en su obra al subgénero del ensayo.

Ergo, en reseñas pasadas exploramos la fábula, el cuento, el mito y la leyenda; sin embargo, hoy es el momento de adentrarnos en el subgénero literario de la prosa conocido con ensayo; por ende, no nos distraigamos con sandeces e intentemos introducirnos en este subgénero.

Así, un ensayo puede definirse como un texto en prosa que investiga, analiza, interpreta, evalúa o gira en torno a un tema de una manera libre y subjetiva. Libre, porque el autor aborda un acápite en completa libertad sin dejarse maniatar por reglas preestablecidas; y subjetivo, porque este artículo nace de su reflexión íntima y personal, pese a que se cimienta en una rigurosa búsqueda bibliográfica. Es más, se puede decir del ensayo que se aboca a lo didáctico, destacando por fusionar información rigurosa sobre un determinado tema con la reflexión del propio autor en un meditar artístico y personal, en una especie de mescolanza o un híbrido entre las necesarias referencias y la expresión artística.

Dentro de las principales características del ensayo tenemos:

a.- Subjetividad: refleja la visión, el estilo y hasta las emociones propias del autor, entendido este último como el sujeto de donde emanan los pensamientos y las meditaciones (o subjetividades) transcritas en un ensayo.

b.- Libertad temática: cualquier tema puede elegirse, depende solo del interés del autor, abarcando variopintas temáticas, pudiendo así incluir un ensayo desde las columnas de Hércules5 hasta las arenas de Arabia, o desde la filosofía y el arte hasta la política y la sociedad.

c.- Brevedad: generalmente es un texto conciso, aunque no siempre es así. De hecho, una excepción que confirma la regla es el clásico «Ensayo sobre el entendimiento humano»6,  la cual es una obra muy voluminosa. 

d.- Estilo: el autor puede en su exposición incluir un lenguaje cuidado y múltiples recursos literarios, como la metáfora o la ironía, todo esto con el objetivo de atraer, cautivar y apresar al lector.

e.- Carácter argumentativo: en un ensayo se exponen ideas, tesis o el punto de vista del autor como suyo propio, siempre que sea esta línea argumentativa respaldada por bibliografía, tanto exhaustiva como rigurosa, así como por una línea lógica de pensamiento; porque un ensayo no es mera ficción, sino que es más bien un discernimiento justificado y respaldado sobre un determinado tema en cuestión.

f.- Estructura: aunque el ensayo carece de rigidez al ser escrito, generalmente se organiza en tres partes a saber:

1.- Introducción: presenta el tema, el propósito del autor y su postura. Se refiere al carácter preliminar, introductorio o propedéutico; esto último debiese entenderse como el conjunto de saberes necesarios para preparar el abordaje del estudio de una determinada materia, ciencia o disciplina.

2.- Desarrollo: expone los argumentos, análisis, citas y reflexiones que sustentan la idea principal.

3.- Conclusión: cierra el texto reafirmando el punto de vista del autor, generalmente estimulando la reflexión abierta.

  1. – Lógica del ensayo: el pensamiento lógico es un ingrediente fundamental en un ensayo, porque solo así se podrá convencer al lector. Si la reflexión es inductiva, el ensayista presentará hechos o ejemplos concretos y de ahí derivará las afirmaciones generales, haciendo participar al lector del proceso o mecánica del razonamiento. Pero si la meditación es deductiva, el ensayista primero develará las afirmaciones generales, las cuales documentará progresivamente con hechos concretos; así, si el lector acepta como verdaderas las afirmaciones generales y los argumentos posteriores están bien construidos por el escritor, generalmente el lector se dejará seducir por las conclusiones del ensayo.

h.- Dificultades argumentativas en el ensayo: el principal problema de la lógica ensayista inductiva, según mi modo de pensar, es cuando se descubren contraejemplos, los que van a tender a ensuciar las afirmaciones generales del ensayo, o al menos a quitarles valor; o incluso, hasta refutarlas. En el caso de la lógica ensayista deductiva, el principal inconveniente del escrito es presentar, para defender la afirmación general, argumentos con razonamientos defectuosos o lógicamente inválidos que; sin embargo, aparentan ser correctos y convincentes, vale decir, presentar raciocinios, tesis o hechos que parecen verdaderos, pero son falsos, lo que en lógica se conoce como falacia.

Ahora bien, con respecto a los tipos de ensayo, dependiendo de su enfoque, pueden clasificarse en varias modalidades a saber:

a.- Literario: enfocado en la estética del lenguaje, reflexiones personales y temas artísticos.

b.- Argumentativo: persigue convencer o seducir al lector sobre una tesis o punto de vista específico.

c.- Expositivo: su objetivo es explicar, aclarar o clarificar un concepto complejo de la manera más sencilla posible.

d.- Científico: aunque se basa en el método científico7 y por ello es más objetivo y técnico, sigue manteniendo el estilo reflexivo del ensayista.

Y como dice José Luis Borges8 en su ensayo «Historia de la eternidad»9:

«Aquí de cierta réplica varonil que refiere De Quincey10. A un caballero, en una discusión teológica o literaria, le arrojaron en la cara un vaso de vino. El agredido no se inmutó y dijo al ofensor: “Esto, señor, es una digresión, espero su argumento”. (El protagonista de esa réplica, un doctor Henderson, falleció en Oxford hacia 1787, sin dejarnos otra memoria que esas justas palabras: suficiente y hermosa inmortalidad)».

Y si las palabras que susurran un ensayo pueden carecer de mortalidad y replicar como el eco hasta la eternidad, entonces, justo y necesario es que aboque mi esfuerzo, en las próximas entregas, en la revisión de autores, tanto nóveles como clásicos, que hayan sabido esculpir con maestría el arte del ensayo…

¡Nos leemos pronto!

Michel de Montaigne, autor de los «Ensayos» y redescubridor de dicho subgénero literario
  1. Michel de Montaigne (1533-1592): filósofo, escritor, humanista y moralista francés del Renacimiento, autor de los «Ensayos» y redescubridor del subgénero literario conocido desde la Edad Moderna como ensayo.
  2. Francisco de Quevedo (1580-1645): noble, político y escritor perteneciente al Siglo de Oro hispánico. Lideró el Conceptismo Barroco español, priorizando en sus escritos la agudeza mental, la profundidad y la asociación ingeniosa de ideas sobre la forma; sin duda, poseedor de un estilo original y amante de la anfibología, vale decir, utilización de palabras o frases que tienen más de un significado o interpretación, trayendo una deliberada ambigüedad a su obra.
  3. Séneca (4 a. C.-65 d. C.): Lucio Anneo Séneca fue un filósofo, político, orador y escritor romano conocido por sus escritos de carácter moral, junto con eternos ensayos como «De la brevedad de la vida».
  4. Plutarco (46 ó 50-120 a. C.): historiador, biógrafo y filósofo moralista griego, conocido por «Vidas paralelas», biografías de griegos y romanos célebres, en la cual se comparan en parejas las virtudes y defectos morales comunes de cada cual. También es autor del ensayo «Moralia» («Obras morales y de costumbres»), texto en que destaca por sus observaciones sobre ética.
  5. Columnas de Hércules: dícese de los promontorios que flanquean el estrecho de Gibraltar. Para los antiguos helénicos, este era el límite del mundo conocido.
  6. «Ensayo sobre el entendimiento humano»: obra más conocida de John Locke (1632-1704), filósofo y médico inglés, uno de los escritores más influyentes en el desarrollo del Empirismo inglés. Con respecto a este ensayo, fue publicado en 1690, estableciéndose en dicha obra las primeras bases del Empirismo británico, rechazando las ideas innatas y defendiendo como fuente primera del conocimiento la sensación (o experiencia externa) y como segunda fuente de conocimiento la reflexión (o experiencia interna), que es la percepción que tiene la mente de su propia actividad mental.
  7. Método científico: proceso sistemático y lógico utilizado en la investigación de diversos fenómenos, para adquirir un nuevo conocimiento y para comprobar teorías. Se caracteriza por la observación de un evento, desarrollo de una hipótesis explicativa del mismo, experimentación que pone a prueba la hipótesis y obtención de una conclusión objetiva, porque se basa en el análisis de los datos experimentales.
  8. José Luis Borges (1899-1986): cuentista, poeta, ensayista y traductor de origen argentino, de gran influencia en el Realismo Mágico de la literatura Latinoamericana del siglo XX y figura clave de la escritura en el idioma de Cervantes y en la literatura toda, incluso universal.
  9. «Historia de la eternidad»: libro de ensayos publicado en 1936 por José Luis Borges; en esta obra el autor diserta sin ahorro acerca del tiempo y la eternidad, principalmente desde el punto de vista platónico, cristiano y nietzscheano.
  10. Thomas de Quincey (1785-1859): periodista, crítico y escritor británico del Romanticismo; poseedor de abundante cultura clásica grecolatina, aguda sensibilidad artística y crítica hábil, no solo literaria, sino que de la sociedad inglesa de su tiempo en general.

Guido Schiappacasse Michel de Montaigne

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