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Literatura
Narrativa
noviembre 2025

YEGUA
por Luis Omar Araujo

Esther se frotó las manos empapadas de espuma, dejó a un costado la esponja, cerró la  canilla: quedó apenas goteando, pero era suficiente. Corrió la cortina de la ventanita y la abrió levemente: daba al fondo de la casa 

Murmullos, carcajadas, música. 

-Gente feliz-dijo para sí, y se sintió conforme, tanto que soltó una profunda respiración  de satisfacción. 

Siempre le gustó recibir gente en su casa, pese a todo, pese a todos. -Esthercita, siempre metida acá en la cocina vos. 

-Tía, ya sabes que no puedo dejar platos sucios, y menos desde que escuche que es de  miserable dejarlos sin lavar…Hablando de lavar, otra vez al baño vos nene-le dijo a su  sobrino, Juan Cruz, que solo atinó a sonreír, cómplice. 

– ¡Pero ese dicho es para la noche nena, a la noche no se dejan los platos sucios, déjate de  joder y vení! 

-Da igual tía. Que me digan cualquier cosa, menos que soy miserable. Se detuvo por un instante: recordó de inmediato aquella vez que escuchó a su tía decirle  a Rita, prima hermana de Esther, que de todas en la familia ella era quien llevaba la vida  más miserable-pobre-. Tía Cata no se percató en absoluto de aquello. Solo atinó a dejar  un repasador luego de secarse apenas, sobre otro, y salir rumbo al patio, junto con el resto. Esthercita volvió a abrir la canilla, esperar que encendiera el calefón, y seguir repasando  uno por uno los platos y las fuentes que le iban dejando. 

Mientras tanto Juan Cruz, luego de orinar, giró todo su cuerpo mirando el lavatorio y se  secó los restos de orina directamente con la toalla de mano. Sin lavarse, salió del baño  rumbo al patio, pero antes repasó su mano derecha a un costado del jean que llevaba  puesto para también secarse unas minúsculas gotas que se salpicó en la uña del dedo  mayor. Finalmente se olió, rápido, el hedor que había quedado entre sus dedos. Levantó  la mirada, vio la espalda de su tía Esther en la cocina, y trató de pasar hacia el fondo  desapercibido. 

-Juan, porqué no me traés los vasos que quedaron arriba de la mesa, así tenemos limpios  por si alguno quiere seguir tomando. 

– ¡Tía tenés ojos en la espalda! 

– ¿Quién es el único que va al baño, y no solo apenas tira la cadena, sino que no se lava  las manos ni aunque le paguen?

– ¡Me lavé! 

– ¿Juan, en serio? 

-No seas boluda tía. 

-Juan Cruuuuz-girando apenas la cabeza, mirándolo fijamente- 

-Solo a veces, puede que me olvide. 

-Sos un asco, hacerme el favor: no me traigas nada vos. 

– ¡Si igual los tenés que lavar tía! 

– ¡Alguien que no sea Juan me trae los vasos que están sucios, y de paso le tira alcohol en  las manos a ese pibe! 

-Yo te alcanzo todo-dijo Rita. 

-Rita-dijo Esthercita en voz alta, y automáticamente vinieron a su mente un sinfín de pensamientos.  Rita, la que nunca se  levanta de la mesa porque  espera que cada uno levante su propio plato; la que repite una y otra vez, que espera que alguna vez junten los platos los hombres de la familia, porque “ahora es distinto”; la que quiso que “contraten a alguien para que levante la mesa”, ya que ella no iba a mover el culo mientras miraba cómo el resto comía helado aquella tarde de verano en la casa de campo que alquilaron hace unos años. La misma que en la noche  buena de hace dos años, le tocó la entrepierna a su marido, y lo miró, cómplice, al  saludarlo después de las doce. 

Esa. 

– ¡Yegua! 

-Acá estoy Esthercita-dijo Rita, con una pila de platos entre sus manos- Qué bien se la  pasa en tu casa siempre, y vos sos tan, tan…

– ¡Boluda! (Uy: ¿lo dije o lo pensé?). 

– ¡Servicial! Eso, servicial. Estás en todos los detalles. No me salía la palabra. – A mí me pasa también, no me salen todas las palabras, pero vos también estás en todos  los detalles. Yo se que seguro te ocupas siempre por que el otro la pase bien. -Y eso que todavía no fuiste a comer a mi casa nueva tía. 

-Me queda a tras mano Rita-sin mirarla, agacha su cabeza, toma un repasador, y comienza  a pasarlo por sobre la mesada, salpicada de espuma-lo sabes (¡si llega a tener ascensor la tiro por el hueco, hija de p…!) 

-Vos y yo algún día tenemos que salir a tomar algo. 

– ¡Ese día te aseguro, no volves a tu casa! 

-Si yo no vuelvo, vos tampoco: ¡la vida loca esa noche! 

– ¡No te va a quedar un hueso sano, de bailar! 

-Guacha-dijo Rita-a ver si lo hacemos realidad ¡Tengo ganas de que bebamos hasta  ponernos de la cabeza juntas, no sabes cuánto lo deseo prima! 

-Si, sí. Lo tenemos que hacer realidad. Yo también lo deseo. Yo también. Rita salió casi corriendo en dirección al baño. 

Esther acomodó el resto de platos dentro de la bacha de la cocina, abrió la canilla, dejó  de correr un poco el agua, y levantó la cabeza nuevamente mirando hacia el fondo.  Levemente giró su mirada hacia su costado derecho, con la intención de escuchar el  momento exacto en que se cerraba la puerta del baño. La puerta hizo clic. 

Listo. 

Se secó ambas manos con el delantal. Salió rápido al patio con dos bebidas en las manos,  las apoyo sobre la mesa, y se aseguró que el resto de los adultos estuvieran distraídos.  Entró a la cocina, caminó rápido hacia el pasillo, amagó entrar a la habitación y agarró  fuerte el picaporte de la puerta del baño, tirando hacia afuera con ambas manos, con  intenciones de trabar la puerta: la casa era vieja, tenia aberturas oxidadas, a veces pasaba. Rápidamente volvió a la cocina, se quitó el delantal, tomó una copa de vino vacía con la  mano izquierda y con la derecha se sirvió casi al límite. 

Regresó s al patio, y desde el celular de Juanjo, su pareja, subió el volumen de la música. Se rio, cómplice, mirando a la tía, y tomó vino de una manera que hizo que valiera lo que  valía esa botella. 

-Hay que hacerlo valer Tía. 

-Si, y vos sabes. 

Tía y Esther sabían y olían complicidad sin serlo.

-Yegua-repitió Esther en voz alta, y tomó otro trago de vino, se puso de pie, subió más la  música. Se sentó de manera brusca. Cantó. 

A Esther le pareció escuchar algo, apoyó la copa de vino al borde de la mesa y en ese  mismo instante una fuerte ráfaga de viento tiró la copa volcando todo el rojo muy rojo del  líquido sobre la pantalla de celular que pasaba música, y pasó que se subió más el volumen 

y que la dueña de casa saltó de su silla y comenzó a bailar, y el resto a reír. -Felicidad-dijo, y se mojó las puntas de los dedos de una de las manos con el vino volcado  rociando al resto. 

Lo que sucedió después fue caos. 

Juan Cruz que, una vez más fue al baño, comenzó a gritar. 

Juanjo corrió, y salió rápido gritando que alguien llame al 911. 

La única que pareció no inmutarse fue Esther. Lo último que hizo hasta que arribaron,  primero la ambulancia y luego la policía, fue terminarse la botella de vino, ella sola. – ¿Oficial, ¿qué cree que pasó, nos puede decir? -dijo Juanjo 

-Tenemos que esperar que vengan a peritar, pero aparentemente, por las marcas que veo  en el borde de la bañadera, donde quedó bien marcada la pisada y una marca del taco del  zapato de la víctima, es que, al haberse quedado sin papel higiénico, quiso alcanzar uno  del estante que se encuentra sobre la ducha, se paró en el borde, con la ropa interior baja,  así como estaba, se resbaló, y dio la cabeza con la canilla de la ducha, que se le incrustó  por completo en la frente. Y así quedó la pobre. Igualmente, como le digo, tenemos que  esperar que vengan los peritos para mover el cuerpo… 

-Tía-dijo Esther, sentada en el fondo, todavía con la copa y el teléfono en la mano-Hay  que tener cuidado… 

– ¡Si, hay que tener cuidado hija! 

Mirando hacia el lado contrario de su tía, en voz muy baja, a la nada… -Hay que tener cuidado con lo que uno desea… 


Luis Omar Araujo. 53 años, nacido en Morón, Provincia de Buenos Aires (República Argentina), el 29 de diciembre de 1971. Hijo de Luis Araujo (semi analfabeto, escritor aficionado de poesía) y Emiliana Brítez, ambos oriundos de la provincia de Corrientes. Desde hace 4 años papá de Agustín, de 4 años; desde hace 13 años convivo felizmente con Débora Mizrahi. Soy Licenciado en Relaciones Laborales, recibido en el año 2010 en la Universidad Nacional de La Matanza. Realicé una Maestría en Derecho Laboral y Relaciones Laborales Internacionales, finalizada en el año 2022, resta la presentación y defensa de la Tesis de grado. Desde el año pasado me encuentro cursando el segundo año la carrera de Letras, en Casa de Letras (https://www.casadeletras.ar/), luego de ser durante mucho tiempo escritor aficionado. Recién ahora me encuentro con ganas de dedicarme a esto que amo.

Luis Omar Araujo

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