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mayo 2025

RIPIOS Y ALIMAÑAS
Miguel Erasmo Zaldívar Carrillo

Los enamorados

Las manos de los enamorados son unos peces tibios y pegajosos que se enredan y no saben cómo soltarse.  Cuando se sientan a la mesa, los enamorados, en un café, a la vista de todos, estiran sus manos como tentáculos, sin decir una palabra y “casualmente” buscan tocarse, lentamente, tanto que se me antoja toda una eternidad.

Por fin, cuando se encuentran, alegres, se amarran y se amarran hasta que la cama cruje y entonces, se sueltan para dormir.

La arañita

Tal vez la luna vive en tus ojos, que me miran, asombrados. Y se escapa al cielo asustada de tanto querer tenerte. Tal vez eres la luna y no lo he descubierto, porque estoy mirando una luz inmensa y cálida, ensimismado. Tal vez todo esto es solo un sueño y soy un pececito, picoteando la dicha, que emana de tu costado.

O tal vez soy solo una pequeña arañita, perdida, buscando dónde cobijarse.

El poso

El mundo es peligroso y algunas cosas que se hacen como juego pueden matarte.

Por ejemplo, nunca mires al fondo de un alma. Puede ser muy peligroso. Es oscuro y hondo como un poso que atravesara la tierra de lado a lado. 

Mamá decía que a través del fondo del alma de las gentes se podía viajar muy lejos en el tiempo. Puede ser fatal mirar al fondo de un alma, pues si te caes ya no sabrás a que lejano lugar te fuiste.

De todos los viajes es posible regresar, menos de ese.

El fondo

Detrás de las apariencias está la verdadera vida, mutante, haciéndose a sí misma. Un rostro es solo una parte, lo fundamental es el alma.

El fondo del alma de los niños es azul, como el cielo, y tiene brillos y fulgores que provocan mucha risa. 

Las mujeres en el fondo del alma siembran flores, de olores acordonados y felices. 

Los hombres, en cambio, tienen el alma muy negra y en su fondo, metálico y herrumbroso, hay cadáveres.

La noche

En las noches, cuando duermes a mi lado, un vagido de luces me despierta. Te miro dormida, acurrucada a mi espalda y sonrió. Es bueno que llegue la noche para poder verte tan tranquila, pegada a mi costado, como una loba.

Entonces me levanto en silencio, para no perturbarte y riego tus flores. Esas que nacieron cuando llegaste, sorprendida y en plena noche.

Tus flores cantan cuando las riego y yo les digo – bajen la vos, para que no despierte.

Luego regreso a la cama, te abrazo, y de tu aliento me llega el olor del jardín.

Tus senos

Tus senos son los asideros de mi alma. El vértigo de la vida asusta a mi alma. Ella siente que cae y cae y cae.

Es por eso que en las noches, abrazo tus senos con mi boca una y otra vez. Luego mi alma se duerme sujetándolos, muy fuerte, para no caer.

Génesis

En la madrugada, cuando termino de escribirte versos, me voy a la cama, vacía y me quedo mirando al techo.

Entonces el cielo entra por la ventana, con sus estrellas frías y lisonjeras y sus calientes explosiones, Y se mete en mi pecho.

Todo el infinito dentro de mi limitada geografía es algo muy pesado. No puedo decir que es eso que me llena y me llena de una indecible gravedad.

Luego entiendo lo que debió sentir Dios cuando se decidió a hacer el mundo.

No fue el amor, no, fue su infinita soledad.

Vampiros

Soy apenas el efluvio que de una boca trasnochada se desboca. Y tú, la urgente copa, que me abraza, me cobija, enamorada. Así, en la noche desmallada mi yo y tú, se descubren, gota a gota. En una inevitable fiesta de sal que flota entre los cuernos del cuarto menguante lunar enamorada.

Somos solitarios cazadores, sin alcoba, sin cobija y sin casa.

Olfateamos el terror de los heridos y lamemos su sangre coagulada.

Así vamos tú y yo, entrando, por entre los colmillos de la noche, a dentelladas.

Lisonja

Insobornable ansiedad de ti, delicada brisa, finísima pluma de colibrí enamorado. Soy una sombra de tus efluvios, altísima figura de luz, dulce bordado. 

Si tu pie se asoma secreto a mi prisa, corre mi pie celoso, atolondrado. Se besan nuestras pupilas y dos brisas, amaran el aire en su retozo. 

Si tu mano a mi tacto busca, mi mano, que tiembla, se recoge. Y el pobre corazón, en negra justa, el pecho esconde.


Miguel Erasmo Zaldívar Carrillo. Cubano residente en Oaxaca, México. Licenciado en Educación en la Especialidad de Física y Astronomía. Master en Investigación Educativa. Doctor en Ciencias Pedagógicas. Especialista en Pedagogías Críticas y Educaciones Populares. Catedrático de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.

Miguel Erasmo Zaldívar Carrillo

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