Literatura
Reseña literaria
marzo 2026
Reseña literaria: un educador con verdadera alma de profesor
por Guido Schiappacasse
La de profesor es una de las profesiones más difíciles de llevar a buen término en plenitud, porque no solo basta con entregar al alumnado un determinado conocimiento, además, el educador ha de procurar estimular a sus pupilos en la búsqueda del saber, junto con entregar a sus educandos valores y rectas normas de comportamiento, predicando siempre con el ejemplo; y, en definitiva, como por ahí se pregona: solo un buen maestro ama incondicionalmente el incomprendido ejercicio de su quehacer con la pasión de la borrasca, y a la vez, con la ternura de una pañoleta de seda.
Recuerdo a miss Rubio, que, en mis primeros pasos, con amor maternal y rigurosidad paternal, hizo en mí que mis ojos por fin consiguiesen leer, mi mano escribiese, aunque fuese al principio solo garabatos; y que de mi boca surgiese versos a recitar, primero bastante trabados, pero más tarde con mayor maestría. Y a diferencia de su gato Gus, el cual caminaba sobre el piano del colegio sacando por casualidad uno que otro acorde, esta ejemplar profesora pudo lograr que algunas piececillas de música pudiera tocar al piano, aunque mi oído dejaba mucho que desear, siendo hueco como hasta el día de hoy.
¡Y qué he de decir de la señorita Ángela Bascuñán!, la que me acogió al cambiarme de establecimiento educacional en sexto básico, protegiéndome de los malandrines de mis compañeros de aula, pero solo con el escondido objetivo de enseñarme las argucias necesarias para enfrentarme más tarde al escarpado e inhóspito mundo, sin ser aplastado por él.
Mas, si de verdaderos maestros se trata, quisiese hoy, si me lo permitís, completar la revisión del libro «Mitos y leyendas de Chile»1 del maestro educador Floridor Pérez2.
Así, abramos el libro en su cuarto y último capítulo que versa sobre las tradiciones y casos legendarios de esta tierra larga y angosta llamada Chile. Aquí, en un primer momento el autor nos introduce en forma tan breve como clara al tópico literario de los casos legendarios, solo para continuar con su propia versión de un interesante embrollo que a continuación os relataré; fiel a su característico estilo simple, sencillo y directo, pero que siempre se sabe acompañar de una prolija y laboriosa bibliografía a modo de consulta.
1.- La Mina del Cura: sucedió que el cura Pedro por generaciones había sido el párroco de la iglesia del pueblito de Combarbalá3, pero también era un hombre de santos negocios, porque era dueño de una mina de cobre de regular ley. Un día visitó su pique, lo esperaban sus cuatro jornaleros ansiosos que les pagase lo muy adeudado, pero nada le dijeron al santo hombre y por la entrada vertical de la mina descendieron al cura, muy apostado al interior de un tambor que por fuerza de músculo, polea y cuerdas bajaron a las entrañas de su quehacer.
El párroco revisó con acuciosidad cada túnel y cuando ya estuvo satisfecho con su inspección, pidió que lo subieran. Sin embargo, los trabajadores le gritaron desde arriba que primero les cancelase lo debido, de nada le sirvió al hombre consagrado refunfuñar primero, luego amenazar, y finalmente suplicar. Por milagro encontróse entre las telas de su sotana unos centavos, los cuales tuvo que primero depositar en el barril, solo así los pillos luego lo subieron a la luz del día.
—¡Hijos míos, gran pecado han cometido! —nada más profirió el cura, montóse a su mula y con la dignidad que aún le quedaba se alejó del lugar.
Efecto tuvo que haber producido sus palabras en los rufianes, porque al domingo siguiente, bien peinados y con camisas nuevas, a la iglesia se dirigieron y la absolución obtuvieron merced a confesarse con el cura Pedro. Más livianos y con ágil trote estos cuatro a una quinta de recreo dirigieron sus pasos, y entre bebidas espirituosas y una que otra complaciente señorita, toda la tarde contaron lo que le sucedió al cura Pedro.
Y así fue como obtuvo su nombre la mina en cuestión.
Una historia jocosa, más de una sonrisa arranca, además, es una narración de caminata ligera y ubicada en un tiempo y un espacio histórico que da más credibilidad al relato.
Pero, luego, finalizando este cuarto capítulo, Floridor Pérez sí que nos sorprende, porque incluye las investigaciones en terreno sobre tradiciones legendarias de sus alumnos del colegio y del liceo de Combarbalá.
Para muestra solo les brindaré un botón en flor:
1.- El queso y la sal: este relato de Yerko Campusano, alumno de sexto básico, pese a su corta edad, ya muestra maestría en el arte de las letras, porque se trata de una narración bien contada y que genera el interés del lector.
Así, los arrieros sí que son descreídos y no temen a lo extraño, será que de valor han de vestirse porque deben andar solos de noche acompañados no más que del reflejo de la luna. Y uno de estos osados, al pasar cerca de una alejada vivienda, oyó el Tué.tué que solo puede proferir un Chonchón4.
—¡Ave María purísima… vuelve mañana por queso y sal! —gritó la dueña del hogar desde adentro de la vivienda con verdadero pavor, en un intento por apaciguar al Chonchón y así evitar que cayese el mal sobre su morada.
Aquello el viajero pudo escucharlo, tan fuerte fue el grito y también tan buen oído tenía este arriero.
Al día siguiente, este sinvergüenza por la vivienda «se dejó caer» y con desfachatez golpeó a la puerta.
—¿Qué desea joven? —Lo salió a recibir la mujer.
—Vengo por el queso y la sal que ayer me prometió —el mozalbete respondió sin pizca de timidez, haciéndose pasar por el Chonchón.
La mujer se entró persignándose, no volvió a presentarse y mandó a la niña de la casa con queso y sal.
El arriero, que esperaba en el dintel de la puerta de entrada a la vivienda, tomó el queso y le dijo a la muchachita:
—Guárdese el paquetito con sal, no vaya a ser que mañana vuelva por otro queso y esté desabrido, entonces la sal me será de mucha utilidad.
Una narración excelente, divertida, repleta de inventiva; y que da cuenta en este arriero del arquetipo del roto chileno, ingenioso y astuto como el mayor de los embusteros, pero carente de malicia, porque sus travesuras no conducen a provocar un mal mayor.
Y la hora ha avanzado, es el minuto de cerrar esta obra de don Floridor, la cual hemos explorado «de tomo a lomo» en distintas reseñas; siendo no menos cierto que el autor para incluir a sus pupilos en este libro, primero tuvo que estimularlos y sacar lo mejor de ellos en su capacidad de investigación, lectura, comprensión y escritura, lo que me permite concluir que don Floridor Pérez Lavín, fue un educador con verdadera alma de profesor…
¡Hasta la próxima entrega!


- «Mitos y leyendas de Chile»: libro sobre las creencias y costumbres ancestrales de los aborígenes de Chile, escrito por el poeta Floridor Pérez, editorial Zig-Zag, Santiago de Chile, año 2012. Su enlace en Internet es el siguiente: https://www.zigzag.cl/9789561230262-mitos-y-leyendas-de-chile.html
- Floridor Pérez Lavín (1937-2019): destacado educador, poeta, ensayista, biógrafo, crítico literario y folclorista chileno.
- Combarbalá: ciudad del Norte Chico chileno, ubicada en la provincia de Limarí, que atrae al turista por su artesanía en piedra y la clara observación de las estrellas, colocadas como con alfileres sobre su límpido cielo nocturno.
- Chonchón: criatura mitológica chilena que corresponde a la cabeza de un brujo que se desprende de su cuerpo merced al uso de ungüentos mágicos. Se dice que vuela por las noches gracias a sus enormes orejas que usa a modo de alas, emitiendo y repitiendo Tué tué, lo que presagia la muerte y la desgracia.

