Literatura
Reseña literaria
agosto 2025
Isla Murta y el viaje a la semilla
Un buceo por el mundo de la obra
por Mauricio González
Isla Murta (2025, Provinciano editores) de Oscar Petrel es un libro que nos invita a viajar desde la memoria de un niño con la voz de un adulto a la historia de los lugares que adquieren una identidad y sentido. Subyace en estos espacios una atmosfera sureña que nos abriga con la ternura de la infancia que se acerca a contarnos cómo se gesta el viaje; acompañada de la lluvia, quien transporta y conserva las historias, como un lenguaje original decodificado por los habitantes más íntimos y entrañables de estos lares.
El libro transita entre los versos, relatos e imágenes que complementan y completan la unidad de sentido que la obra busca generar. Dicho de otra manera, el texto es un constante movimiento de oleadas versificadas que preceden al fuego del relato que nos congrega a su alrededor. Junto a esto, las ilustraciones en blanco y negro –de Francolibrí– nutren y refuerzan la poética que se levanta entre una y otra oleada. En sí, la estética que se abre en esta obra está compuesta de la flora y fauna que habita por el Seno de Reloncaví o visita periódicamente estos lugares como el Zarapito. También, pone en relieve la voz de esta, que se erige como un tejido de fibras semánticas, que conservan en sus dichos la sabiduría que atraviesa estos territorios, como una especie de arcoíris que almacena los secretos de zorros, chucaos, torcazas y todas las aves que anidan en sus vuelos las particularidades de su memoria.
Asimismo, a diferencia del mundo representado por uno de los primeros autores que habló sobre estos territorios, como Edesio Alvarado, quien ponía en tensión la relación del individuo frente a la naturaleza, donde esta última se presenta de manera hostil y con una presencia, a veces pasiva, pero siempre inexpugnable; en Isla Murta observamos una relación amorosa y amigable entre el individuo y la naturaleza. Aquí, esta nos mira, no para castigarnos, sino para alumbrar nuestra humanidad de ternura y de códigos que contrarresten el analfabetismo emocional que poseemos, muchas veces debido a que centramos nuestras
energías en buscar dinero y así –como diría la voz del texto– caemos en nuestras propias trampas con frecuencia.
Los trucos de la escritura
La presencia del sur en este libro, además del contenido, se manifiesta desde el epígrafe que lo abre: “Por los pasos de cebra volveremos al sur”, verso del poeta Nelson Navarro Cendoya que realiza un guiño literario al poema de Neruda titulado “Quiero volver al sur”. Por otra parte, los epígrafes de Luis Oyarzún y Nelly Richard que se incorporan en un par de textos, en cierta medida dan cuenta del pensamiento nómade, ecologista y crítico latente en el trayecto de la obra. Es decir, el uso de estas citas funciona como coordenadas de sentido que diseñan la sensibilidad del libro y articula la identidad de la subjetividad contenida en los textos.
Por otro lado, observamos el uso del relato enmarcado, o sea, una historia dentro de otra historia; aparece entonces la figura de Don Quetro, un sabio contador de historias, quien luego de un play despliega los secretos del arcoíris. O también podríamos expresarlo como el amor de los padres, quienes mientras navegan –viajan– la presencia de la infancia, nutren
de relatos la existencia de esta, la que luego prolonga el rito de incorporar lo imaginario, como una fractura a la realidad, con elementos del lugar que se habita. Dicho de otra manera, el libro se construye a partir de un relato mayor que se alimenta de una serie de relatos, de los cuales todos, excepto el último –de los relatos menores por llamarlo de una forma– poseen un título que alude a elementos de la naturaleza o el bosque (chucao, musgo, arcoíris, granizos, zarapitos, cormorán, mar, etc.). Además, todos estos textos se componen de versos, prosa e imágenes. Los textos versificados funcionan como un oleaje que va y vuelve y azuza el fuego que nos invita a escuchar y ver lo que se nos quiere contar. Las imágenes no son solo refuerzo del contenido de lo que se dice en palabras, sino que complementa la estética de la obra, pues hay una poética que nos instiga, por eso, los ojos que aparecen en la página 18 y 19 se convierten en una mirada que nos mira cuando abrimos el libro.
Por último, notamos la presencia de lo fantástico, entendido como el truco de alterar el principio de causalidad; o dicho con otras palabras, “la invención de relatos fantásticos para aventurar hipótesis o para compartir con otros los vértigos de nuestra perplejidad”1. Entonces, la escritura literaria se convierte en un discurso en movimiento que transita con bosque, aves y mar por espacios de sentido que buscan forjar elementos de identidad mediante documentos literarios. En este caso, Petrel nos expone la construcción de una subjetividad que, si bien se dirige a la niñez, hay una voz de adulto que ronda por ahí y dice:
Mantén la esperanza.
Cree en ti.
Recupera tu bicicleta.
Nunca la pierdas.
PE
DA
LEA.
En fin, hay un canto de amor a la vida fresca, o como diría Delia Domínguez “Cuando nace un niño / –sea propio o ajeno– / a todos nos pertenece / su hazaña de venir a la vida (…) y las manos se nos llenan de obligaciones y miramos el huerto con renovado amor / para que el maíz / sea capaz de dorar la frente / del que viene después de nosotros.

