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Literatura
Artículo
febrero 2025

Voluntad de poder y superación del Estado desde la perspectiva de Friedrich Nietzsche en Así habló Zaratustra.
por Luisa Fernanda Pemberty.


Resumen

Este texto pretende dilucidar la propuesta Nietzscheana de Voluntad de poder como superación del nihilismo a la luz la dimensión del Estado, la cual se desarrolla a través del relato de “Así hablo Zaratustra”, obra en la que se evidencia una fuerte crítica contra dicho Estado, desde su modo de instaurarse, su tradición y su moral, hasta su carácter superfluo y prescindible idéntico al de la religión cristiana señalada en el Zaratustra. En estos discursos el autor expresa de modo asistemático la sabiduría de un poeta extranjero que anuncia la muerte de Dios, y con ella el advenimiento del super hombre como llamado a la libertad; a saber, al abandono de la tradición de los valores decadentes impuestos por la estirpe dominante como modo de rehusar cualquier naturaleza humana impuesta: moral, fe, creencias, cultura, sociedad y Estado.

Palabras clave 

Voluntad de poder, nihilismo, Estado, libertad, espíritu.

Abstract

This text pretends to elucidate Nietzche’s approach of Will of power as an overcoming of nihilism from the dimension of State, which is developed through “Thus spoke Zarathustra” by showing a strong criticism against it, from its way of establishment, its tradition and moral, to its superfluous and expendable character, identical to the one of Christian religion exposed in this book. The author expresses the wisdom of a foreign poet in a systematic way in every one of those speeches, announcing the death of God, and with it, the advent of the übermensch as a call for freedom; therefore, the relinquishment of the tradition of decadent values imposed by the dominant lineage as a way of refusing any imposed human nature: moral, faith, beliefs, culture, society and State.

Keywords

Will of power, nihilism, State, Freedom, poiesis.


En los fundamentos de la filosofía nietzscheana la idea de voluntad de poder se presenta como un antídoto contra el nihilismo infértil e inmutable, rompiendo así con todo lo que es considerado un orden natural, ideas ortodoxas, verdades indiscutibles o cualquier modo de perpetuación de un orden establecido como el único posible, induciendo en cambio a la expresión del espíritu libre, del creador, del músico, del pensador desobediente, de aquel que no reacciona o interpreta sino que crea. 

Para dar cuenta de ello, partiremos del postulado nietzscheano mencionado en su obra “El Nacimiento de la Tragedia”, en el cual, el autor señala que existen dos fuerzas primeras y opuestas que participan del desarrollo del arte y la vida, éstas originadas en la mitología griega con las figuras de Apolo y Dioniso. El primero, nos viene dado como espíritu del arte escultórico, representación figurativa o imitación de la realidad, y como personificación de la tradición decadente de occidente limitada por las fronteras de la lógica, del mismo modo, su figura es relacionada  con la del filósofo conservador y sumiso ante los valores impuestos por la tradición, la cual parece describir también la imagen del camello1 que relega su obra a la interpretación o al “triunfo de la reacción sobre la vida activa y de la negación sobre el pensamiento afirmativo” (Deleuze, 1965, p,26). El segundo, Dioniso, encarna la imagen de un dios creador, de una constante afirmación mediante la acción, de un espíritu de desenfreno y embriaguez movido por las pasiones de las cuales es incapaz un espíritu apolíneo, la representación también de la imagen del niño2, de aquel ser libre de todo valor impuesto dado su carácter intempestivo, de un ser que afirma y supera el nihilismo estéril mediante la voluntad de poder, la cual según Deleuze: “no consiste en codiciar, ni siquiera en tomar, sino en crear y en dar. El poder, en cuanto voluntad de poder, no es lo que la voluntad quiere, sino eso que quiere en la voluntad (Dionisos en persona)” (p, 32). 

En ese sentido, resulta ser condición necesaria para la voluntad de poder como personificación de Dionisos, la superación de toda moral, fe, creencias, cultura, sociedad y Estado. Conforme a esta idea, y puntualmente desde el horizonte de la negación del Estado, resulta menester traer a colación la idea de voluntad de poder como característica determinante del hombre libre de los valores decadentes de la tradición, quien se afirma, en últimas, como responsable de sus actos. Dicha afirmación se puede sustentar desde el libro primero del Zaratustra “De las tres transformaciones”3, en el cual, la superación del nihilismo pasa por una transmutación que empieza con la figura de un camello- esclavo de las imposiciones dadas en la tradición, a un león (dominus dominæ), dueño de sí mismo y de la naturaleza, para finalmente convertirse en niño como representación de un espíritu creador. 

En este discurso, Nietzsche pretende dar cuenta del proceso de emancipación del hombre mediante un proceso evolutivo, en el cual se identifica una mutación necesaria del espíritu que aspira al super hombre. Para comprender dicha transición, se parte de tres momentos por los que atraviesa el espíritu antes de liberarse y afirmar su poder. Así pues, con la figura del camello, el hombre se ha convertido en esclavo, en aquel que lleva por carga una tradición impuesta que de manera sumisa hace suya sin cuestionamiento alguno. En el segundo caso, el león aparece como el dueño de sí y la naturaleza, como figura del europeo moderno que pretende tal como lo ha hecho con la naturaleza, establecer una serie de leyes que se impongan sobre la vida reprimiendo la creación, pues en últimas coaccionan la voluntad del hombre mediante valores morales, políticos, culturales y religiosos, los más peligrosos para el hombre según Nietzsche, pues con el triunfo del no sobre el si se torna decadente una cultura, “Cuando triunfa el nihilismo, entonces y solamente entonces, la voluntad de poder cesa de querer decir (crear), para significar: querer el poder, desear dominar (así pues, atribuirse o hacerse atribuir los valores establecidos, dinero, honores, poder…” (Deleuze, 1965, p,35). Finalmente, superada esta etapa, surge el hombre libre representado en la figura del niño, aquella imposición de la fuerza activa sobre la reactiva o impulso vital supera toda moral, fe, creencias, cultura, sociedad y Estado, “inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí” (Nietzsche, 1972, p.55).

Ahora bien, ante aquellos modos de dominación señalados, y como expresión de aquel ser libre y creador representado en la imagen del niño, surge el hombre sin Estado, aquel que no se siente representado por el “monstruo frío” (p, 86), ni por la idea de igualdad impuesta por los despreciadores del cuerpo, que no es más que totalizante y represiva en la medida que niega la poiesis o libertad creadora y genialidad del hombre igual que lo hace la moral cristiana, pues como señala Velásquez “el interés del gobierno tutor y el interés de la religión van de la mano, de manera que cuando esta última empieza a morir, se ve sacudida también la base del Estado” (Velásquez, 2019, p, 101), de ahí que sea intrínseco en la crítica nietzscheana del cristianismo hacer referencia al Estado como institución decadente, totalizadora, supresora y reguladora de la voluntad, pues en últimas, la voluntad de poder suprime “la creencia en un orden divino de las cosas políticas, en un misterio en la existencia del Estado de origen religioso: si la religión desaparece, el Estado perderá inevitablemente su antiguo velo de Isis y no suscitará ninguna veneración”(2019, p. 101). 

En efecto, si bien puede dilucidarse ya en Nietzsche una distinción entre rebaño y Estado, es porque el primero, nace de la premisa de que existe un mismo nivel, el pueblo. Por otra parte, en el caso de la figura del Estado se supone ya una cierta jerarquía que eleva a quienes ostentan el poder a un lugar “arriba”, un lugar por encima del rebaño desde el cual controlar a los que se encuentran “abajo” a los subordinados. A esta imposición sustentada en la religión como apaciguador de la grey, Nietzsche contiende con la idea de Voluntad de poder, exhortando a la superación del nihilismo, pues no basta con la negación enferma y estéril que no es más que reactiva.

Como muestra de dicho nihilismo estéril, el autor señala el socialismo, pues con éste se impide el surgimiento del espíritu fuerte mediante la imposición de valores como la compasión y la bondad, a estos impulsos exacerbados de filantropía tan franceses debe el sabio oponerse, o cuando menos no participar de ellos, pues el hombre no necesita otra manera de esclavitud que reprima el surgimiento del espíritu, o unas nuevas cadenas que lo aten a un estatismo infecundo que únicamente propende por mantener la posición de aquellos que están “arriba” a costa de la cesión de su libertad, de su voluntad de poder. Por otra parte, la crítica al socialismo también se fundamenta en su sed de poder comparada solamente con el despotismo, la cual aniquila toda voluntad del individuo, amasa éstos hasta homogeneizarlos de tal modo que los pueda llamar sociedad, colectivo, rebaño o comunidad. Muestra de su carácter esterilizante dictatorial es que sólo cuando los oprimidos toman fuerza, la educación deviene y la cultura prolifera, sólo entonces el poder político se torna desconfiado y violento. Es por esta observación que traía a colación Velásquez el pasaje de Nietzsche acerca de la resurrección de espíritu, en la cual señala que:

 “gracias a una situación de enfermedad política, a menudo un pueblo se rejuvenece y vuelve a encontrar su espíritu, que había ido perdiendo poco a poco en la persecución y afirmación del poder. La cultura debe sus más altas conquistas a las épocas de debilidad política” (Velásquez, 2019, p, 99). 

Sin embargo, no debe confundirse el rechazo al socialismo, al ideal de igualdad de derechos o progreso con una ideología nacionalista antisemita, por el contrario, el autor propende por una liberación de las cadenas impuestas de un lado o del otro, tal como puede apreciarse en la carta a Malwida von Meysenbug “«He roto radicalmente con mi hermana; por amor de Dios, no piense en mediaciones o reconciliaciones de ningún tipo –entre una estúpida rencorosa y antisemita y yo no hay reconciliación posible.» (mayo de 1884)

De otro modo, si partimos de la idea de que el hombre no es un animal político, ni destinado al Estado, y que, por el contrario, sólo como individuo éste crea, se debe  admitir entonces la coexistencia del hombre sin patria en el hombre sin Dios descrito por el autor en La gaya ciencia como ser libre, no como un reaccionario que hace frente a las políticas del pasado tomando en su lugar nuevas imposiciones que justifiquen un nuevo orden del mundo, no se cambian cadenas viejas por unas nuevas, este camino lleva ineludiblemente al nihilismo.  

“Nos desagradan todos los ideales ante los que alguien todavía podría sentirse como en su casa, incluso en este tiempo de transición frágil y hecho trizas. No, no amamos a la humanidad; por otra parte, tampoco somos ni de cerca bastante “alemanes”… como para apoyar el nacionalismo y el odio de razas, como para poder alegrarnos de la nacionalista sarna del corazón y del envenenamiento de la sangre” (Nietzsche, 2019, aforismo 377)

Ahora bien, donde más clara resulta la posición del autor frente a la superación del Estado como salida del nihilismo, resulta ser en la sección “Del nuevo ídolo” en su obra titulada “Así Habló Zaratustra”. En ésta, su concepción del Estado es al mismo tiempo el argumento que sustenta la inecesidad e inutilidad del mismo, como muestra de ello, el profeta4 señala como el más frío de los monstruos se impone provocando el odio de los hombres, mintiendo en cualquier lengua, robando lo que posee, asfixiando con sus superfluas imposiciones y cadenas la manifestación de hombre libre.

Respecto a esta afirmación, el autor señala al final de este discurso: “Allí donde el Estado acaba comienza el hombre que no es superfluo: allí comienza la canción del necesario, la melodía única e insustituible. Allí donde el Estado acaba, ¡miradme allí, hermanos míos! ¿No veis el arco iris y los puentes del superhombre?” (Nietzsche, 1972, p.89). Dicho esto, podría afirmarse que sólo cuando se impone la voluntad de poder el hombre crea y afirma la vida obrando; de modo contrario, cuando es sometida a la esterilizante tradición, característica de imposición de la obediencia cristiana, ésta (la vida) se vuelve al nihilismo, a saber, a una negación profunda que rehusa toda manifestación del espíritu.

Finalmente, si afirmamos que, al comenzar la canción de lo necesario, adviene entonces el superhombre, será necesario definir el concepto de super hombre, entendiendo éste como el último hombre, o el que va más allá del anterior, más allá de si mismo, en palabras de Heidegger “Nietzsche con esa denominación se refiere a una simple elevación del hombre anterior a dimensiones superiores. Tampoco designa con ello un tipo de hombre que arroja lo humano y eleva a ley el capricho, tomando como norma un desvarío titánico. El superhombre es el que conduce por primera vez a su verdad la esencia del hombre anterior y asume esa verdad.” (Heidegger, M. 2005, p. 46), en consecuencia, el superhombre debe ser entendido como un ser en transición que va de la negación a la afirmación en el teatro de la vida.  

Referencias bibliográficas 

  • Friedrich, N. 1972, Así hablo Zaratustra: un libro para todos y para nadie, Editorial Alianza.
  • Friedrich, N. 1996, Humano demasiado humano: Un libro para espíritus libres, Editorial Akal
  • Friedrich, N. Gaya ciencia, Recuperado de: https://cutt.ly/ub9WAgs 
  • Heidegger, M. 2005m Qué significa pensar, Editorial Trotta.
  • Velázquez, C. 2019, Nietzsche y la crítica radical a la política. La contribución nietzscheana al debate sociopolítico de la segunda mitad del siglo XIX, p, 97-128.
  • Deleuze, G. Nietzsche, 2000, Editorial Arena.
  • Villamor, A. 2019, Nietzsche y Así habló Zaratustra, Editorial: Análisis. Revista Colombiana de Humanidades, vol. 51, núm. 95.
  • Del Valle, Nicolás. (2013). Vanessa Lemm (2013), Nietzsche y el pensamiento político contemporáneo. Revista de ciencia política (Santiago), 33(2), 565-567. https://dx.doi.org/10.4067/S0718-090X2013000200010
  • Álvarez, R. Nietzsche: Estado versus cultura

 

  1. Figura señalada en la obra “Así Habló Zaratustra” en la sección “De las tres transformaciones”
  2. Figura señalada en la obra “Así Habló Zaratustra” en la sección “De las tres transformaciones”
  3. Nietzsche, F. (1972). Así habló Zaratustra. Madrid: Alianza p, 53-58
  4. Zaratustra*

Friedrich Nietzsche Luisa Fernanda Pemberty Zaratustra

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