Literatura
Reseña literaria
diciembre
Un breve aporte a la teoría del conocimiento: sobre un estudio antropológico de los mitos (segunda parte)
por Guido Schiappacasse
Hace más de tres décadas, en mi infancia e inicios de la adolescencia, en varias ocasiones, mi padre me llevó en el período estival al predio «Los Maquis», una especie de paraíso silvestre bañado por las aguas del otrora caudaloso río Maule, en donde las zarzamoras a sendos lados del sendero que conducía a la casa patronal se imponían pese a la guadaña de Tito, el cuidador; un terruño donde podíase recolectar los frutos de los almendros y cosechar la miel de los panales de abejas; un ramal en donde también, si contábamos con algo de pericia, podíamos hacernos del pejerrey y la lamprea del río o las asustadizas codornices de la arboleda.
Y sucedió que como no había luz eléctrica ni más seres humanos en dos kilómetros a la redonda, salvo en el siguiente paradero del destartalado y no bien cuidado tren que viajaba rutinariamente entre Talca y Constitución, aquello me aburría hasta el hartazgo, pese a que ponía el colorido con mis travesuras a este edén primitivo; y tras salir huyendo porque quemé el estofado, juro que no fue mi intención distraerme en mi labor de vigilar el vigor del fuego de la cocina a leña, terminé como a tres kilómetros río abajo muy sentado a la sombra del peral silvestre engullendo una jugosa y dulce sandía, la que hurté del huerto del Dr. Peirano, amigo sincero de mi progenitor y amo de «Los Maquis», hasta donde la vista alcanza desde el belvedere aledaño a la morada del galeno.
Algo movióse, una culebra arrastróse con ligereza entre el pastizal, y de mi chaqueta con el susto se cayó a la húmeda tierra una revistita que, con dedicación y láminas animadas, narraba los mitos griegos… Pasado el sobresalto, me tranquilicé y hojeé uno de sus artículos… Y así se inició mi curiosidad, que luego se transformó en amistad y más tarde, en pasión infantojuvenil por la mitología; un amor puberal que no discriminaba, porque me atrajo en ese entonces las narraciones fantásticas de disímiles latitudes, desde la tierra comprendida entre los ríos Éufrates y Tigris hasta la Oceanía remota.
Mas, dejaré de apresar entre mis manos el ayer, uno que no recordaba hasta hace un instante, y mejor me concentraré en este presente que con ahínco me hizo sentar a teclear sobre mi notebook.
Así, si recapitulo, en la primera parte de este escrito postulante a ensayo1, he presentado con creces ejemplos que revelan como la ideación y el entendimiento humano fue un proceso evolutivo.
En una primera época, hace mucho, pero muchísimo tiempo, en los primeros asentamientos prehumanos, se originó el primer esfuerzo por desentrañar el origen del cosmos, se buscó aprender la realidad en el afán de explicar los fenómenos catastróficos naturales, y se intentó resolver el enigma de nuestra existencia; a través de un primer saber mítico, natural, fantástico, arquetípico y mágico, carente de argumentación filosófica y experimentación científica, pero reemplazando esas falencias por un conjunto de diversos códigos prerracionales, prelógicos e intuitivos, surgidos del inconsciente colectivo del primitivo poeta que a la luz y al calor de la primigenia fogata narró a su clan, mediante el uso del verbo hablado, una singular historia que posteriormente se conoció como mito.
Esta primera forma de pensamiento constituyó la base de un conocer evolutivo, que posteriormente influyó, en más de alguna ocasión, en el discernimiento argumentativo filosófico; y posteriormente, incluso aportó al entendimiento hipotético deductivo científico.
Si bien podemos imaginar este conocimiento evolutivo como una pirámide triangular, en donde en la base ubicamos el conocer mítico, en un segundo peldaño el entendimiento filosófico; y en la cúspide de esta figura geométrica el discernimiento científico; esta evolución lineal ascendente no lo es del todo, también puedo intuir el desarrollo de un conocer a través de ramas evolutivas colaterales a saber:
a.- El pensamiento artístico: esta forma humana de pensar no solo aprende o conoce la realidad externa al sujeto, sino que revela lo oculto, porque el arte es una manifestación de la realidad anímica o interna del artista; e incluso, una expresión de las inquietudes, congojas y del espíritu de la época en la que al bardo le tocó morar.
Y en más de alguna circunstancia el pensamiento y el saber mitológico influyó sobre la expresión artística, basta para comprobar aquello tener la fortuna de ingresar a la solemne Capilla Sixtina y contemplar su bóveda, la que Miguel Ángel2, con pasión y fuego, supo colorear y moldear.
Allí puede verse «La Creación de Adán», fresco en donde Dios da vida al hombre y el nudoso, vigoroso y decidido índice del creador casi roza él mismo de su criatura; un Yahvé vetusto pero sabio y tonificado, con barba profética y canos cabellos al soplo del hálito angelical que solamente nos pueden hacer recordar al mitológico Zeus, padre de los dioses grecorromanos, figura mítica en que el pintor amado por las Musas hubo de haberse inspirado.
Y si la bienaventuranza os conduce al Museo del Prado, la colección artística madrileña por excelencia, un Goya3 en su fase más tenebrosa os presentará su negra pintura «Saturno devorando a su hijo», inspirada en la mitología clásica que versa sobre el Titán que como el tiempo engullía a sus hijos para evitar que se cumpliera la profecía, la cual relataba que un descendiente suyo lo derrocaría de su trono como señor del cosmos.
Así, estos ejemplos revelan el influjo de lo mítico en el arte, que en más de alguna vez ha sido el origen de la expresión artística del Homo sapiens.
b.- El pensamiento místico, espiritual y/o teológico: una forma de discernimiento humano sobre lo que es más grande que él, un algo que no puede explicarse del todo para el raciocinio imperfecto y limitado, pero que a través del misticismo se intenta vivenciar; y por medio de la religión se busca organizar en credos, dogmas y ritos.
Sin temor a equivocaciones, los mitos fueron la causa primigenia de los ritos, la espiritualidad, el misticismo y las diversas religiones, incluso hasta nuestra época actual.
Como ejemplo rememoro los mitos de los indios prehispánicos, los cuales creían en la vida después de la muerte, y en torno a esas mágicas historias desarrollaron los ritos funerarios para honrar el tránsito al más allá y potenciar la conexión de los vivos con sus fenecidos ancestros.
También existe una relación interdependiente y complementaria entre el mito y el misticismo, porque el mito proporciona el marco narrativo y simbólico mediante historias y creencias compartidas, mientras que lo místico busca una experiencia personal, directa e intuitiva de la realidad última o divina descrita previamente en los mitos.
Así mismo, la relación entre el mito y la espiritualidad es profunda e inseparable, porque los mitos aportan las narrativas fundamentales que dan formas a las creencias, valores y prácticas espirituales de una determinada cultura o individuo.
Incluso, la mitología es un componente central de las religiones, ya que los mitos entregan relatos que explican lo sagrado y sobrenatural sustentando esas creencias, y a partir de aquellas las religiones elaboran y organizan un sistema más amplio que incluye rituales, moralidad, teología y la experiencia mística.
Pero, es más, la importancia de la mitología pesa mucho más que un puñado de almendras y va más allá de lo presentado hasta el momento. En términos expresivos tenemos los siguientes:
a.- Los mitos como contribuyente a la supervivencia: así, cuando la insondable y terrorífica noche se hacía presente, en la cueva el clan de hombres de Neanderthal o de Cromañón estaba sentado frente al fuego, y en un estado casi hipnótico oían las historias del vate.
Y esto le aportó a cada primitivo y a todos ellos un elixir que disminuía las angustias existenciales porque estas narraciones intentaban explicar las causas de los desastres naturales y el sentido del misterio de la existencia.
Pero, es más, al escuchar estos relatos junto a sus compañeros, hembras e infantes, en cada homínido se fortaleció la sociabilidad y el sentido de pertenencia a una comunidad especial en particular, lo que favoreció la ayuda mutua y el trabajo comunitario (como en la labor esencial de la caza), lo que potenció a su vez la supervivencia y la transmisión de un determinado patrón genético.
A Aristóteles4 se le atribuye la siguiente frase: «El hombre es por naturaleza un ser político (o social)».
Y los primeros homínidos, carentes de la velocidad del alce, la fuerza del mamut, las garras del oso o los colmillos del tigre, no hubieran sobrevivido como especie de no colaborar los unos con los otros, algo que potenció el sentimiento de pertenencia que se originó a partir de estas reuniones en torno al ruido de los maderos en combustión y los relatos mitológicos.
b.- Los mitos como valor educativo: e Ícaro voló embriagado sobre las olas que se empinaban con tal de engullirlo. Su padre Dédalo había construido un par de alas formadas por plumas y pegadas con cera para él y su hijo, así, volando ambos habrían de escapar de su cautiverio en la isla de Creta.
—¡Hijo mío, no vueles tan alto! —gritó con preocupación el acongojado Dédalo, en un torpe aletear y flotar, mirando hacia las nubes que estaban por mucho sobre su cabeza.
Pero ya era demasiado tarde.
Ícaro sobrevoló las nubes envanecido por su habilidad, muy cerca ya estaba del astro rey, tanto que se quemó la cera, se chamuscaron las plumas y las alas se deshicieron, y un cuerpo como plomada se precipitó desde el firmamento ante la mirada sin esperanza del desdichado Dédalo.
Una narración mitológica griega que nos enseña el valor de la prudencia y la obediencia hacia nuestros mayores; así como los peligros a que nos conduce la fatua vanidad y la excesiva autoconfianza.
De esta forma, estas historias intuitivas y mágicas también esconden entrelíneas valores morales a enseñar a las futuras generaciones, incluso en nuestra era actual.
c.- El valor de los mitos en la Época Posmoderna: en nuestra era se ha deificado a la ciencia y por contrapeso la mitología se satiriza y se la considera no más que la incultura de pueblos primitivos y bárbaros. Sin embargo, en un intento por poner a los mitos en el lugar que les corresponde cito a continuación el ensayo «Una pequeña introducción al mito: entre la sabiduría ancestral y una casi ridícula ignorancia»5, publicado en mayo del año 2025 en la revista literaria especializada «Mal de Ojo» 6.
«Los mitos están presentes en nuestra vida actual y de alguna forman la recrean, trayéndonos su sabiduría ancestral que niega la visión posmoderna que ridiculiza estas historias porque las considera falaces. Así, en la mitología griega, Orfeo baja a los infiernos a rescatar a su fallecido amor Eurídice. Pues bien, en su obra “Mitos y leyendas de Chile”, el poeta Floridor Pérez7, nos recuerda el infierno moderno del hospital público de este sureño país y como el esposo fiel dará hasta un riñón para salvar de la enfermedad a su mujer, la cual yace agonizante en un camastro de este averno hospitalario, siempre escaso de recursos, con pobreza franciscana y carente, en algunos casos, hasta de piedad por parte del personal de servicio».
Sin embargo, pese a que pienso que he demostrado la importancia de la mitología como subgénero narrativo, aún «le saco el trasero a la jeringa», si me permitid esta expresión tan realista como carente de pulcritud, porque si el mito es una forma primigenia de saber…
Entonces, ¿cómo se define el término conocimiento?
En el Teeteto8 del cuasi divino Platón9, aquel define conocimiento como una «creencia verdadera justificada».
Desde ese entonces los filósofos contaron con una definición de conocimiento necesaria y suficiente a saber:
Si S es un sujeto y P una proposición, entonces S sabe que P si solo si:
a.- S cree que P.
b.- P es verdadera.
c.- S está justificado en creer que P.
Así mismo, un sujeto S sabe que P si y solo si:
a.- P es verdadera: para que haya conocimiento es necesario que la creencia sea verdadera.
b.- S cree que P: la creencia puede ser más o menos firme; y puede ser expresada o no; pero debe existir.
c.- S tiene una justificación para creer que P es verdadera: la creencia debe estar basada en algún tipo de apoyo (evidencia o razonamiento), de lo contrario, el que fuese verdadero o no sería cuestión de azar.
Sin embargo, el consenso general de esta definición por parte de los epistemólogos se vino abajo…
Y sucedió que la administración de la universidad estaba disconforme con el desempeño de Edmund Gettier10, catedrático de filosofía, porque era poco prolijo o quizá un haragán, dado que poco y nada publicaba en su ámbito de estudio.
Y como debía salvar su trabajo y los recursos económicos que aquel le brindaba, se vio obligado a escribir un artículo, uno de tan solo 3 páginas titulado «Is Justified True Belief Knowledge?», corto sí, pero de vital importancia porque puso en jaque la definición tripartita de conocimiento de Platón.
Así, Gettier en su obra presenta a saber dos contraejemplos (o ejercicios mentales) que no parecen verdaderos conocimientos pese a ser creencias verdaderas justificadas:
a.- El trabajo de Smith: Smith ha solicitado una plaza laboral, sin embargo, tiene la creencia justificada de que Jones conseguirá el trabajo. También tiene la creencia justificada de que Jones tiene 10 monedas en su bolsillo; por lo tanto, Smith concluye, justificadamente por la regla de transitividad de la identidad11, que el hombre que consiga el puesto posee 10 monedas en su billetera.
Finalmente, el jefe le da el trabajo a Smith. Sin embargo, este descubre al abrir su monedero que él tiene 10 monedas. Así su creencia de que el hombre que consiga el trabajo tiene 10 monedas en su monedero estaba justificada y es verdadera. Mas, intuitivamente esto no parece que sea conocimiento.
Por ende, Gettier concluye a partir de este primer caso que la justificación es falible, vale decir, se justifica de alguna forma la creencia, pero esto no es concluyente.
Pese a ello, pienso que para que exista un saber la justificación debe implicar una relación causal, por lo tanto, este caso no es válido como contraejemplo porque la justificación se debe a una coincidencia; de hecho, poseer 10 monedas no es una razón causal o justificable para obtener un trabajo.
b.- Brown en Barcelona: Smith tiene la creencia justificada de que Jones posee un automóvil de marca Ford. Smith concluye, justificadamente por la regla de adición12 que Jones es dueño de un Ford o Brown está en Barcelona, aunque Smith no tiene dato alguno sobre el paradero de Brown.
Jones no posee un Ford, pero Brown se encuentra en Barcelona, o sea, Smith tenía una creencia que era verdadera y estaba justificada, pero esto intuitivamente no parece ser un conocimiento.
Pienso que Gettier en este segundo caso tampoco desbanca la definición de conocimiento porque la justificación, para que haya conocimiento, necesariamente debe implicar una relación causa-efecto; y en este problema la justificación se sustenta solo en una coincidencia debida al azar.
Y desde la aparición de Gettier, los filósofos se han devanado los sesos para resolver el problema y determinar si una creencia verdadera justificada es suficiente o no para definir conocimiento.
A modo personal, insisto que esta definición platónica es necesaria y suficiente, si solo si la justificación se fundamenta en una relación causal y no es debida ni al azar, ni a una coincidencia ni a otro factor no causal.
Por ejemplo, yo creo (S) que aumentan las ventas de estufas en Argentina cuando es invierno en Chile (P); y esta proposición es verdadera; sin embargo, no es un conocimiento porque la justificación no implica una relación causal; lo que ocurre es que tanto Chile como Argentina están en el mismo hemisferio sur; así que cuando es invierno en Chile también lo es en Argentina; y si es invierno en Argentina obviamente crecen las adquisiciones de estufas por el frío que hace en esa época del año en dicho país.
En conclusión, la proposición: aumentan las ventas de estufas en Argentina cuando es invierno en Chile, si bien es verdadera y también tengo la creencia que aquello es verdad, no implica un conocimiento porque la justificación se debe a un factor no causal (la ubicación de ambos países en el mismo hemisferio sur).
Ahora bien, ya revindicada la definición de conocimiento, es momento de intentar definir lo que entenderemos por mito, así como por el saber mitológico:
El mito es la creencia en una premisa verdadera desde un punto de vista simbólico (no literal) que surge de la fantasía del vate primitivo; se compone de variopintos códigos prerracionales, prelógicos e intuitivos; y es justificado mediante el método inductivo 13 (o presentación de ejemplos de la influencia, en algunas ocasiones, de este conocimiento mitológico en el entendimiento filosófico y el discernimiento científico); bastando para su verificación la inducción y no justificándose la falsación popperiana14; relatos vetustos transmitidos de generación en generación por la palabra hablada previa a la invención de la escritura; siendo estas narraciones el origen del rito, lo místico, la espiritualidad y la religión; historia mágicas que asimismo influyeron en el pensamiento artístico; narraciones primigenias que potenciaron la sociabilización de los primitivos homínidos así como la ayuda mutua (o cooperación) entre ellos, que a su vez contribuyó a su supervivencia y transmisión de sus genes; relatos antiguos que enseñan valores morales y normas de conducta; y que incluso recrean la vida cotidiana en la Era Posmoderna.
Dicho esto, si bien me siento satisfecho con la conclusión de este ensayo y la puesta en el lugar que le corresponde al subgénero narrativo mítico, aún me siento intranquilo.
¿Por qué recordé al escribir estos párrafos al lugar de mis vacaciones de antaño, a Tito, al Dr. Peirano; y las circunstancias en que se originó mi pasión por los mitos?
Porque es el retorno de lo reprimido (u olvidado) de acuerdo con la teoría psicoanalítica, aquello me impulsó en el ahora a esta misión que defiende el antiguo arte del mito y su real importancia, incluso en nuestra época actual.
Y Charles Darwin15 expresó que el hombre había evolucionado por selección natural a partir de una rama de los primates…
Y yo concluyo… que en algunas ocasiones (pero no en todos los casos) nuestra ciencia evolucionó a partir de la ancestral mitología.
¡Hasta la próxima entrega!


- «Un breve aporte a la teoría del conocimiento: sobre un estudio antropológico de los mitos (primera parte)»: primera entrega de un ensayo de Guido Schiappacasse publicado en noviembre del año 2025 en la revista literaria «Mal de Ojo». En este escrito se pretende revindicar la importancia de lo mítico estableciendo la influencia del conocimiento mitológico en el entendimiento filosófico y posteriormente, en el discernimiento científico. Su link en Internet es el siguiente: https://revistamaldeojo.cl/un-breve-aporte-a-la-teoria-del-conocimiento-sobre-un-estudio-antropologico-de-los-mitos-primera-parte-por-guido-schiappacasse/
- Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564): arquitecto, pintor, escultor y poeta italiano renacentista, considerado uno de los más grandes artistas de la historia.
- Francisco de Goya (1746-1828): pintor hispano visto como uno de los mayores artistas de la historia. Su obra exploró desde el Romanticismo hasta el Surrealismo, pasando por el Impresionismo y el Expresionismo. Fue un genio adelantado a su época y por ello es considerado padre del arte contemporáneo.
- Aristóteles (384-322 antes de Cristo): filósofo y polímata griego. Es considerado como uno de los fundadores de la filosofía occidental; de hecho, su obra abarcó la lógica, la ética, la política, la metafísica y la biología, sentando las bases del desarrollo del pensamiento en Occidente.
- «Una pequeña introducción al mito: entre la sabiduría ancestral y una casi ridícula ignorancia»: ensayo literario de Guido Schiappacasse publicado en mayo del año 2025 en la revista literaria «Mal de Ojo». Este escrito tiene por objetivos escudriñar en lo que se entiende por mito, esclarecer su origen y determinar la importancia de lo mítico, incluso en el siglo XXI en plena Era Posmoderna. El enlace de esta publicación en Internet es el siguiente:
https://revistamaldeojo.cl/una-pequena-introduccion-al-mito-entre-la-sabiduria-ancestral-y-una-casi-ridicula-ignorancia-por-guido-schiappacasse/
- Revista «Mal de Ojo»: proyecto de difusión literaria y cultural que desde enero del año 2013 tiene por objetivo principal contribuir a la visibilidad de las diversas expresiones que pueden nacer desde y para América Latina, en la comunión con la lucha por la libertad de todos los pueblos del mundo. Su link en Internet es el siguiente https://revistamaldeojo.cl/
- Floridor Pérez (1937-2019): destacado poeta chileno. Fue parte de la generación literaria de 1960, finalista varias veces del premio Altazor y un estudioso de los mitos y leyendas de su país.
- Teeteto: diálogo escrito por Platón que versa sobre la naturaleza del saber.
- Platón (427-347 antes de Cristo): filósofo griego discípulo de Sócrates y maestro de Aristóteles, que junto con ellos formó las bases del pensamiento occidental.
- Edmund L. Gettier (1927-2021): filósofo americano profesor emérito de la universidad de Massachusetts. Le debe su reputación a un artículo de tres páginas publicado en 1963 titulado «Is Justified True Belief Knowledge?», en el que plantea lo que ha recibido el nombre de problema de Gettier.
- Transitividad de la identidad: La transitividad de la identidad es una propiedad matemática que establece que si a es idéntico a b y b es idéntico a c, entonces a es idéntico a c. O sea, si dos variables son iguales a una tercera, entonces son iguales entre sí. De esta forma, esta propiedad se aplica a la identidad en diversos contextos matemáticos y lógicos, pudiendo expresarse de la siguiente forma: si a = b y b = c, entonces a = c.
- Regla de adición lógica (o introducción a la disyunción): es una regla de inferencia fundamental en lógica proposicional que estable que, si una proposición es cierta, entonces la disyunción de esa proposición, sea cualquiera, también es cierta. Desde un punto de vista formal: Si la proposición P es verdadera, se puede inferir P V Q donde V equivale a la letra o que expresa la disyunción.
Si la proposición Q es verdadera, se puede inferir Q V P.
Se simboliza así:
_ P___
. . .𝑃∨𝑄
Ejemplo: P = está lloviendo; y se sabe que de verdad caen goterones del cielo, por ende, la regla de adición permite deducir que la siguiente proposición compuesta también es verdad, sin importar si la segunda parte es verdadera o falsa.
Y si P V Q = está lloviendo o hay sol; dado que la primera parte (está lloviendo) es verdadera, la declaración completa (está lloviendo o hay sol) es lógicamente válida; no importa si hay sol o no; la disyunción completa es verdadera porque uno de los disyuntos lo es.
- Método inductivo: es un enfoque de razonamiento que va de lo específico a lo general. Se basa en la observación y el análisis de casos particulares para identificar patrones y, a partir de ellos, formular conclusiones o teorías universales. Este método es útil para generar nuevas hipótesis y descubrimientos, ya que permite inferir principios generales a partir de datos concretos.
- Falsación popperiana: teoría epistemológica desarrollada por el filósofo de la ciencia austríaco Karl Popper (1902-1994), la cual propone que una teoría es científica si puede ser refutada mediante la experimentación o la observación. Este enfoque, también conocido como racionalismo crítico, sostiene que no se puede verificar la verdad de una teoría, sino solo demostrar su falsedad. Para que una teoría sea considerada científica, debe ser falsable; es decir, debe ser posible diseñar un experimento que, en teoría, podría demostrar que es falsa.
- Charles Darwin (1809-1882): naturalista inglés, mundialmente reconocido por plantear (en forma independiente de Alfred Wallace) la evolución biológica como un fenómeno producido por la selección natural.

