Literatura
Narrativa
octubre 2025
El hilo rojo
por Pablo Borghini
Dicen que existe un hilo rojo invisible que une a las personas destinadas a encontrarse. No importa el tiempo, el lugar, ni los conflictos creados por los egos deformados de quienes se creen el centro del mundo. Ese hilo puede estirarse, enredarse, tensarse… pero nunca se rompe.
Ella se llama Yasmín, tiene nueve años, y unos ojos oscuros que ya han visto demasiado. Su pelo está enmarañado desde que salió de Jan Yunis, al sur de Gaza, donde vivía con su familia antes de que un bombardeo la dejara sola en el mundo.
Él se llama Noam, tiene ocho, y viene de Sderot, una ciudad israelí a menos de dos kilómetros de la frontera. Fue evacuado tras el último ataque, luego de perder a su padre en un tiroteo cerca del kibutz. Lo trajo su madre, pero ella aún no se recupera del trauma y pasa los días en una carpa, sin hablar con nadie.
Ambos están en un campo temporal en el desierto del Sinaí, levantado por la ONU y varias organizaciones. Los adultos deambulan entre tiendas de lona, y los niños se amontonan como pueden para olvidar por un momento el miedo.
La primera vez que se cruzan, Noam está jugando solo con una pelota desinflada. Yasmin lo observa desde la sombra, en silencio. Alguien le ha dicho que ese niño viene del “otro lado”, pero ella no entiende qué significa ya esa expresión. Solo ve a un niño flaco, con los pies llenos de polvo y el alma igual de rota.
Al día siguiente, se sienta a su lado en el comedor. No hablan. Comparten un pan aplastado y una mirada que dura más que cualquier frase.
Esa noche, una voluntaria egipcia, Layla, los encuentra dibujando en una hoja arrugada. Noam dibuja una casa con un árbol. Yasmin, una mariposa. Luego se miran y se ríen bajito. Como si estuvieran fabricando un idioma nuevo, sin palabras, sin historia, sin banderas.
Al tercer día, Noam le da una pulsera roja que llevaba en la muñeca desde el kibutz. Un hilo viejo, trenzado por su abuela, que usaba para “espantar el mal de ojo”. Yasmin se la pone sin preguntar. Él sonríe. Nadie les había sonreído así en semanas.
Desde entonces, no se separan. Caminan juntos por el campamento. Juegan a inventar nombres de nubes. Recogen piedritas raras del desierto y las guardan en una caja de cartón. Han aprendido a entenderse con dibujos, gestos y silencios.
Layla empieza a llamarlos los niños del hilo. Una vez les cuenta una leyenda oriental: que ciertas personas están unidas por un hilo invisible desde antes de nacer. Que ese hilo puede tensarse, alejarse, pero jamás se rompe. Yasmin la escucha sin pestañear. Noam le aprieta la mano.
Una tarde, llega la noticia. Han encontrado a unos parientes lejanos de Yasmin en Lausana, Suiza. Una tía que apenas recordaba, y su esposo, dispuestos a acogerla. Nadie sabe si es una buena solución, pero es la única que hay.
Cuando se lo dicen, no entiende. Luego mira a Noam. Él ya lo ha entendido todo. Esa noche no duermen. Dibujan en silencio. Se dan las manos. Comparten la caja de piedritas.
A la mañana siguiente, un jeep la espera para llevarla al aeropuerto. Layla la abraza. Noam no llora. Ella le ofrece la pulsera, como queriendo devolvérsela, pero él niega con la cabeza. Luego se la ata con firmeza en la muñeca, como si quisiera asegurarse que no se la quitará jamás. Después, le da un beso en la frente
Desde la ventanilla, Yasmin mira el desierto hasta que el campamento desaparece. Aprieta la pulsera. En su regazo lleva una hoja con dos dibujos: un árbol y una mariposa, unidos por un hilo rojo que cruza el papel.
Días después, Noam vuelve a dibujar. Solo. Dibuja una niña con alas. Layla cuelga el dibujo junto a otros. Le pone de título: El Hilo Rojo.
Noam no sabe si la volverá a ver. Cierra los ojos. Y en sus sueños, la mariposa siempre regresa.
Sonríe dormido. Layla lo ve, y cree, muy dentro de sí, que el hilo no se ha roto. Solo se ha estirado.
Pablo Borghini – Diseñador Gráfico y Escritor. Nacido en Uruguay y residente en Galicia desde hace más de veinte años, soy escritor y creativo con una trayectoria dedicada a la narrativa, la poesía y las artes visuales. Desde mis primeros libros, he explorado la memoria, la identidad y las emociones humanas, combinando distintos géneros literarios para ofrecer perspectivas profundas y sensibles sobre la experiencia humana. Mi obra integra investigación histórica, sensibilidad contemporánea y un enfoque inclusivo en la representación de afectos y relaciones. Actualmente, en mi galería virtual https://virmuze.com/m/pablo-borghinigaleriaarte/x/desarraigos-y-disociaciones/desarrollo proyectos que abordan el desarraigo y la salud mental, explorando visualmente la conexión entre la memoria, la identidad y las emociones.

