Literatura
Ensayo
septiembre 2026
Epístolas desde el abismo. Yasunari Kawabata y Tamio Hōjō Correspondencia (1935-1937)
(Traducción de Matías Chiappe Ippolito; Editorial También el Caracol, Argentina 2025).
Arrojado dentro de este abismo, yo, que no me atreví a morir,
encontré un rayo de luz en la literatura
Tamio Hōjō
¿Es la lectura de cartas una experiencia verdaderamente literaria? Probablemente no. Tal vez sea algo más cercano a un ejercicio voyeurista, alimentador de un apetito que parece no satisfacerse de aquella información de remitentes y destinatarios que es sabida públicamente. A pesar de su naturaleza inacabada, bien porque hay cartas extraviadas o porque simplemente una gran porción de personajes, lugares y situaciones que leemos nos es desconocida, esta curaduría de la intimidad ofrece una mirilla por la cual es difícil no asomarse.
Irrumpir en la vida privada que habita en un volumen de misivas es, sin duda, un acto entrometido. Invadimos recámaras ajenas sin pudor alguno y, como seguidores manifiestos de los grandes autores, desde Rosario Castellanos hasta Franz Kafka, nos concedemos el derecho a abrir las entrañas eróticas o desgarradoras plasmadas en las líneas escritas para otros. Sin embargo, me gustaría pensar que gracias a ello es que podemos ahondar en algo que de otro modo pudo quedar sepultado.
Al menos así parece ocurrir con la correspondencia que sostuvieron el Nobel japonés Yasunari Kawabata y Tamio Hōjō, seudónimo de un joven escritor que a los 19 años fue diagnosticado con lepra y confinado a un albergue especial para los pacientes con esta enfermedad. Ambos mantuvieron contacto entre 1935 y 1937, año en el que Tamio murió a los 23 años. El vínculo maestro – aprendiz que construyeron, se sostuvo en una profunda admiración mutua, cuyo testimonio quedó registrado en cada una de las cartas que intercambiaron hasta el final.
“He leído sus obras toda mi vida, sensei. Y he perseguido siempre y con toda mi energía la esperanza de llegar a escribir algo similar a su literatura”, le escribe Tamio Hōjō a Kawabata en la carta fechada en agosto de 1934 que inaugura el libro y procede a contarle, casi en un tono confesional, que se encuentra recluído a causa de su padecimiento y teme por ello perder su fuerza para continuar escribiendo. En esta primera comunicación, el futuro discípulo le hace saber de su intención por enviarle un manuscrito suyo y le pide a cambio una única respuesta: “si recibiese por lo menos una carta suya, siento que podría entregar de lleno mi espíritu a la literatura.”
Kawabata le contesta un par de meses después. En primera instancia desde un distanciamiento ambable: lo conmina a seguir escribiendo, pero sin ofrecer ningún comentario acerca de su trabajo. No es sino hasta siete meses luego de este primer momento, en mayo de 1935, que Tamio Hōjō insiste de nuevo y se refiere a este periodo de silencio entre ellos como una suerte de soledad que no experimentó jamás. No obstante, en esta ocasión, la respuesta de Kawabata es más alentadora: el relato El viejo Maki que recibió del joven lo impresiona y, como si de un rito religioso se tratara, le dirige las palabras que bastarán para sanarlo: “vale la pena publicar su obra”.
En ese momento, ninguno de los dos escritores anticipa el futuro que, aunque breve, habrá de ser fructífero, no solo para la amistad epistolar que logran trazar, sino porque es gracias a Kawabata que el nombre de Tamio se abrirá el espacio que merece dentro de la literatura japonesa de la época. En las cartas posteriores, leemos una voz cada vez más fortalecida y una convicción engarzada en un propósito de vida que poco a poco le brinda sus mieles, por ejemplo, los textos que aparecen en revistas célebres como Bungakukai, en la que su novela corta La primera noche de la vida, le mereció un galardón. Más tarde, sería el propio Kawabata quien haría las gestiones para publicarla como libro, alcanzando ventas exitosas. De manera progresiva, sus mensajes nos permiten entrever el crecimiento de Tamio como escritor cuya resistencia se ve no solo recompensada sino también remunerada: ¿no es acaso esta la imagen más pura y genuina de alguien que aspira a consagrar su vida a la literatura?
Pero la constancia detrás de la obra de Tamio es también inseparable de la crudeza de su enfermedad. Frágil y desgastado, sobrevive de la pluma y el papel, aunque en ocasiones esto no le baste: “No me queda más que arrastrar mi carne con la fuerza de mi voluntad, esperanzado por que la llegada del otoño restaure mi vigor físico”. Kawabata, quien atestrigua el florecer de su literatura y el marchitar de su vida, le acompaña: “Escriba textos buenos con calma, sin forzar su cuerpo ni su espíritu”; sin embargo, es posible que Tamio Hōjō, sabiéndose condenado a morir, se haya sobrepuesto a la debilidad física precisamente por la fortaleza que la escritura le brindó a su espíritu. Y en eso también hay que reconocer a su sensei, quien le tendió su mano para salir definitivamente del abismo del leprosario.
En La primera noche de la vida, Saeki, un hombre que ha vivido por algún tiempo en el pabellón de enfermos, le explica al recién llegado Oda que al contraer la lepra se resucita como el ave fénix, pues al obtener nuevos pensamientos y nuevos ojos es que se vuelve a nacer como humano. Si, en efecto, para Tamio Hōjō su dolor le representó un primer renacimiento, es claro que la escritura significó una segunda transformación, por fin absoluta, de su ser. Así, aunque no podamos desprender nunca la lectura de cartas de su naturaleza indiscreta, una recopilación epistolar como ésta se hace necesaria, no para hurgar con morbo en el padecimiento, sino para conocer la voz de un escritor que, impulsado por su maestro, hizo fuego de la literatura para resurgir.
Referencias
Kawabata, Y. (2025). Correspondencia 1935-1937 / Yasunari Kawabata; Tamio Hōjō. Buenos Aires: También el caracol.
Tamio, H. (2024). La primera noche de la vida. Cuentos y memorias sobre la lepra. Buenos Aires: También el caracol.
Xóchitl Tavera. Ensayista y profesora. Estudiante del doctorado en lingüística en el Colegio de México. Sus textos aparecen en revistas como: Nexos, Casa del Tiempo, Casapaís, Capítulo 73 y la Revista de la Universidad de México. Ganadora en la categoría de ensayo en los concursos: La CDMX en movimiento (UNAM, 2024), Punto de Partida 56 (UNAM, 2025) y el III Concurso de Ensayos literarios de Latin American Literature Today (2025). Beneficiaria PECDA Michoacán 2025. Coordina el laboratorio de ensayo (Sobre)pensadoras en el que se imparten talleres y se fomenta la lectura del ensayo.
