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Literatura
Narrativa
octubre 2026

Carta a una desaparecida
por Wilson Guevara

Otra vez esta fecha Ana María.

Como corre la vida. Parece un deja vu. 

Acá cada otoño es igual. La brisa de los días lluviosos trae consigo ese olor tan particular tuyo. Como el que tenías la última noche que nos vimos, donde el clima también estaba lluvioso. 

Y esa brisa de mayo, me trae siempre hasta la nariz tu olor.

¿Sabés que la vieja te siguió buscando, no? Siempre lo hizo. Nunca lo dejo de hacer. 

Al último, con un poquito de menos capacidades para soportar el andar. Era lógico ¿no? 

Pero… soy un convencido de que esas últimas fuerzas se las daba la esperanza. Esa esperanza que le veías cuando te nombrabamos y se le iluminaban los ojos. 

La mantenías viva, viva para vos, para encontrarte nuevamente. Para que te abraces con Dieguito. Ella quería que él te viera, con sus propios ojos. Y que todas las anécdotas que le contaba la abuela, se le personificaran en ese abrazo. 

La vieja tenía esa esperanza, y se la transmitía a Dieguito, que crecía como nadie.

Así estaba la vieja. Al último ya se alteraba cuando escuchaba un portazo, le recordaba a la última vez que te escuchó gritar, en esa madrugada lluviosa de mayo, donde no pudimos hacer nada, donde no nos dejaron hacer nada. Y otras veces, sonreía por un instante cuando alguien la llamaba por su segundo nombre, como únicamente lo hacías vos. ¿Te acordas? Que se molestaba porque odiaba que le digas así, se ponía histérica la pobre vieja. ¡Que increíble!, al último, escuchaba su segundo nombre y le venía una felicidad instantánea. Hasta que se daba cuenta que no eras vos y volvía a la realidad.

Pero qué digo, como si lo nuestro fuera lo grave, no quiero saber como la habrás vivido vos. Los pocos rastros que conseguimos los años siguientes a que te fuiste… mejor dicho a que te llevaron. Porque son responsables. Los años siguientes, conseguimos cualquier tipo de información: “que en ese auto negro hacia el sur”; “que ese avión a la madrugada al este”; “que la mujer que camina perdida en zona norte”; “que los mismos rasgos que mi compañera en la carcel de Tucumán”. Según los datos que tuvimos, pasaste por más de 6 o 7 lugares… o mejor dicho calvarios. Como si la vida se empecinara a hacerle vivir 6 o 7 infiernos a una de las minas más valientes y bellas que conocí en la vida. No quiero ni imaginar todo eso Negra.

 Dieguito hoy no deja de nombrarte (si le sigo diciendo Dieguito, aunque ya tiene todos los años del mundo). Cuando te nombra siempre dice: “la vieja…”  y no deja de repetir después la frase, “…era maravillosa.”

Casi dos años tenía cuando te llevaron. Casi dos de su vida, le bastaron para que tu figura y tu personalidad le queden grabadas en la cabeza, y para que sepa que eras maravillosa. El dice: que se acuerda, y lagrimea un poco cuando lo dice. Y los demás le dicen que “no se ponga así”, “que a esa edad ni recuerdos tenía”. Pero yo le creo al pibe, si te dice que eras maravillosa. Yo le pude haber contado mil historias de vos, pero él sabe de mucho antes lo maravillosa que sos. 

A veces, pienso que todo eso por lo que pregonabas, se fue con vos. Se lo llevaron con vos esos tipos de uniformes. Que a la lucha por esa sociedad que siempre anhelamos y quisimos, la subieron a ese baúl y le sacaron todo ímpetu a machetazo limpio. Que la herencia se la quedaron unos hijos de mil… y que no quisieron librarla porque sabían que no les convenía.

Ay mi negra, te extraño. Acá llueve en mayo, y se me nublan los ojos.

 Y ya empiezo a pensar que las cosas están un poco perdidas. Que eso tan lindo por lo que filosofamos cada tanto juntos, sobre esa posibilidad de cambiar todo y que sea un mundo mejor… pienso que está un poco perdido…

Pero después veo a las pibas, ahí en las calles. Si, así como vos, que no les importa el frío, la lluvia, lo que sea, con tal de que no se pierda un derecho más. Las veo y lloro. 

Veo a los jubilados que no se rinden… esos viejos reclamando que les paguen un precio digno en sus últimos días, mientras pelean en el frente del congreso con un cana empobrecido que no entiende nada…. Veo eso y me emociono. 

Veo a las madres y me levanto sin dudar, veo a las abuelas… y grito. Y grito, con más fuerza que nunca… 30 mil compañeros desaparecidos, presentes…

Vos Ana María, ahora y siempre…

Ana María Del Valle Heinz Sainz fue secuestrada en la madrugada del 21 de mayo de 1976 desde su domicilio en Las Flores, provincia de Buenos Aires.
Al momento de su secuestro su hijo tenía 2 años y medio de edad. El niño fue cuidado por su abuela materna, la mamá de Ana María: Josefa Sainz.
Tenía 30 años. Aún continúa desaparecida.

En este relato ficticio Ana María tiene una identidad. Pero todas las “Ana Marías” que desaparecieron y aún se siguen buscando, no.
Reivindiquemos la memoria, por y para aquellos que buscando un lugar mejor, se encontraron con la pérdida de su humanidad.
A 50 años del golpe de estado en Argentina: Nunca Más.


Wilson Guevara es licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina), donde se formó en la intersección entre el lenguaje, la memoria y la identidad. Escribe narrando historias latinoamericanas desde adentro: su gente, su cultura, lo que el tiempo guarda y lo que la historia oficial suele dejar afuera. Su escritura transita la crónica, el ensayo y la carta como formas de habitar el presente con los ojos puestos en lo que nos precede. “Carta a una desaparecida” forma parte de su exploración sobre la memoria colectiva y los cuerpos que el terrorismo de Estado intentó borrar en el país sudamericano pero que a su vez representa a todas las víctimas de todo el continente.

 

Wilson Guevara

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https://www.youtube.com/watch?v=aWH36pPO4-g

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Muestra fotogràfica Afi Woman y Paula Navarro

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