Literatura
Reseña literaria
octubre 2026
Reseña literaria: la muerte de Séneca y la cortedad de la vida
por Guido Schiappacasse
Y trastabilló el viejo de noble fortaleza, se encontraba algo mareado, pero, pese a ello, no se permitió a sí mismo el lujo de apoyarse sobre los hombros de sus esclavos.
Sus muñecas y tobillos sangraron, un líquido bermellón salió por sus venas recién cercenadas por su propia mano, un escalofrío lo acometió; sin embargo, la sombra logró alcanzar la baranda introduciéndose en la tinaja, mientras su sirvienta la llenaba con agua casi hirviendo.
Nerón, el emperador, allá por el año 65 después de Cristo, había sido enfático:
—Lucio Anneo Séneca1, mi antiguo tutor y amigo, muy a mi pesar, es culpable de conspiración contra el estado y su emperador, por la vil intención de derrocarme, enjuiciarme, entregarme a los famélicos perros de la plebe; y quizá, ¿qué otra barbaridad más? —Su majestad hizo un silencio, luego, con un hondo suspiro rajó la expectante quietud, solamente para solicitar un lacrimatorio, sería necesario recordar este momento. Más tarde, el gobernante prosiguió—: ¡La posteridad es mi testigo! No será por causa de mi mano que se mutile la vida del traidor; eso solo conllevará el castigo de los dioses sobre este humilde servidor de Roma, ¡qué mi viejo maestro rasgue su hálito por acción propia!
Y el vetusto preceptor sintió frío, pese a lo cálido del agua en que se bañaba, el aire le faltó, intentó tomar una bocanada, todo en vano, sus pulmones se inundaron con el vapor que expelía el agua hirviente de la bañera.
Tosió, jadeó, intentó inspirar de nuevo, su fascia se puso de un color insanamente azulado, pese a ello, encontró fuerzas para despedirse de sus amigos que lo rodeaban, dejando su última enseñanza, mientras se dirigía con templanza hacia su última morada.
Porque Séneca, según su pensar y sentir, que constituían uno con la médula de sus huesos, había aprovechado bien su vida.
Por ende, hoy les recomiendo «De la brevedad de la vida»2, ensayo escrito por este noble filósofo a modo de carta, la cual dirige a su suegro, Paulino, eso dice la historia; sin embargo, esta narración transciende su época y está pensada para todos y cada uno de los hombres que vivirán después de Séneca.
De esta forma, en esta obra nos dice el autor que, según la creencia arraigada, no solo en el vulgo, sino que también en hombres ilustrados, la vida es demasiado corta; sin embargo, para este pensador, la vida no es breve, sino que nosotros, al desperdiciar el tiempo, la acortamos en demasía.
Pero, ¿cómo derrochamos el tiempo que se nos ha dado?:
a.- Estatus y poder: mientras luchamos por una posición social se escabulle entre nuestras manos el presente, olvidando vivir en plenitud. El filósofo nos pone como ejemplo al emperador Augusto, el cual hizo de una aldea colindante con el río Tíber un gran imperio, pero sus constantes preocupaciones sobre el gobierno de Roma no le permitieron tener una vida contemplativa, sus múltiples ocupaciones le sustrajeron su ambición de tener una existencia reposada; y así, el hombre más poderoso de su tiempo se quejó continuamente, durante toda su vida, de sus pesadas cadenas y responsabilidades.
b.- El lujo y la gloria póstuma: otra forma de desperdiciar el tiempo es planificar una posteridad, esfuerzo vano dirigido a un futuro que ni siquiera ya nos pertenece. ¿Qué recuerden tu nombre?, ya no estaremos allí para vanagloriarnos con aquello, sino, preguntémosle al papa Julio II, él mismo que le encomendó al artista renacentista Miguel Ángel un monumento descomunal a modo de tumba, un frío tallado de mármol que recordaría su nombre y su pontificado por los siglos venideros. Y así, Julio II es rememorado, pero él ya no respira y nada sabe de aquello.
c.- Las ocupaciones y una vida agitada: la búsqueda constante de cargos, posiciones, poder, riqueza, lujo, todo son banalidades y hacen que desperdiciemos el tiempo. Para Séneca, las constantes preocupaciones mundanas son la negación del ocio (el negocio), y precisamente este ocio, paz o tranquilidad, es absolutamente necesario para no malgastar el tiempo vital.
d.- La preocupación por la vida de los otros: aquí no debe malentenderse al filósofo, no es que esté en contra de la dadivosidad y el altruismo, sino que el autor critica el vivir en forma constante y exagerada por los demás, porque con este exceso se olvida la vida propia, y al final del día ese cansancio y esas angustias no son propias; de hecho, la verdadera libertad consiste en saber decidir que merece y que no nuestra atención.
e.- La lujuria, la codicia, la gula y el placer: el correr detrás del placer continuo es vano, porque la satisfacción que se produce a consecuencia de este estímulo es muy breve, para luego dejar paso al vacío y a la búsqueda de un nuevo placer que llene nuestra continua insatisfacción. Para Séneca el anhelo del placer continuo es una especie de naufragio vital, porque nunca se está satisfecho del todo, nunca se atraca en ningún puerto, siempre se está navegando en un mar de iracundo oleaje, en una constante insatisfacción. Esta exposición me recuerda al pesimista pensador del siglo XIX, Arthur Schopenhauer, para el cual la cadena constante de deseos es un ciclo infinito de sufrimiento, en el que la vida humana oscila perpetuamente entre el dolor producto de la carencia y la necesidad, lo que nos lleva a luchar por la obtención del objeto de deseo y placer, pero al alcanzarlo solo da paso a una satisfacción momentánea, la cual rápidamente es reemplazada por el aburrimiento, el cual nos impulsa nuevamente a otro objetivo, otra meta, otro deseo o placer, y así hasta el término de la vida.
Para Séneca la vida es suficientemente larga, pero nosotros la desperdiciamos y con ello la hacemos breve, anhelando el estatus, las riquezas, la posteridad, el placer; o preocupándonos excesivamente por las desdichas de los otros.
La verdadera vida con sentido debe buscar la eudaimonía (felicidad en griego). Y esta, según nuestro autor del día de hoy, solamente puede conseguirse a través de la sabiduría; y aquella, a su vez, a través del desarrollo de una vida plena, en un aprendizaje y práctica continua de la conducta rebosante de virtud y rectitud moral.
El tiempo solo se es bien aprovechado si nos convertimos en amantes de la sabiduría, a través de la ejecución de una vida virtuosa. La verdadera satisfacción nace desde adentro de uno mismo; así, el sabio es autosuficiente e independiente, el sentido de su identidad no depende del poder, el estatus, las propiedades o el mundano oro, el sabio es libre porque su valor propio y su riqueza viene de adentro, no afectándose su paz ni siquiera por la pérdida de sus posesiones terrenales.
Para este autor, no existe un único sendero para una vida virtuosa y la tranquilidad interior; sin embargo, nos entrega algunos sabios consejos para alcanzar este objetivo vital:
a.- Evitar los desafíos equivocados: la vida debe abocarse y ponerse al servicio de la vocación, vale decir, para lo que eres llamado y eres apto. Que el esfuerzo de la vida y el uso del tiempo se disponga en actividades en las que se tiene condiciones innatas, procurando de esa forma servir a la humanidad. De hecho, no hay mejor forma de derrochar el tiempo que estudiar una carrera o dedicarse a una actividad para la que no se tiene condiciones, por ejemplo, si se tiene cualidades para la pintura, la academia de bellas artes te espera, pero las ciencias duras han de cerrarte la puerta con pestillo.
b.- Elegir buenos amigos: para Séneca, en el rumbo a la sabiduría hay que saber seleccionar a los compañeros de aventuras. Aquí hace referencia a un hábito perdido en nuestra cultura posmoderna, el ser un ávido lector de las obras de los filósofos y pensadores que con tanto esfuerzo nos han heredado. Que aquellas almas inquietas sean nuestros amigos, leamos y reflexionemos con aquellos en nuestro ahínco al enfrentar la vida desde lo trivial hasta las grandes preguntas, porque estos pensadores prolongan el tiempo de tu vida con el propósito de alcanzar la sabiduría; y, es más, al dejar ese libro en el estante de tu biblioteca cuando se pone la luna, ni siquiera te pedirán favores a cambio de su compañía. Y hoy esta oportunidad está al alcance de un teclado del computador o el teléfono móvil, tenemos Internet, solo basta con saber buscar y ponerse a leer.
c.- El necesario equilibrio: la virtud está en el punto medio entre los extremos, entre dos conductas viciosas, una por defecto, otra por exceso. Por ejemplo, la virtud de la valentía está entre la cobardía y la temeridad, la generosidad entre la tacañería y el insensato derroche; y la templanza entre la insensibilidad y el desenfreno. Este equilibrio o punto medio es bien conocido por este autor; por ello mismo, nos recomienda que no olvidemos el necesario y justo descanso del cuerpo y el espíritu en nuestra búsqueda de la sabiduría, sin caer, por supuesto, en una conducta viciosa por defecto, vale decir, en la holgazanería.
Pues bien, este ensayo transversal es aplicable incluso en nuestra época actual, de sumo útil, y del todo recomendable, sobre todo para las jóvenes generaciones que inician su rumbo por la aventura de la vida.
¿La vida es breve? O ¿la existencia es suficientemente longeva?
En mi reflexión, lo central de esta interrogante va más allá, lo verdaderamente importante es saber aprovechar el tiempo, porque este recurso es limitado y el tiempo malgastado no puede reciclarse ni volver a disponerse de él. Es obvio lo que estoy escribiendo, pero por obvio se olvida y por eso vivimos como si el combustible de nuestra llama vital fuese inagotable.
Y si tenemos condiciones innatas para expresar nuestras ideas a través de la palabra escrita, entonces, perfeccionemos en nuestra vida nuestro arte y nuestra forma de comunicarnos, no importando las dificultades económicas y de todo tipo con que nos enfrentemos, tal vez aquellos obstáculos hagan aún más valioso nuestro esfuerzo vital como escritores.
¡Aprovechemos el tiempo! ¡Hagamos de nuestras vidas algo valioso, algo extraordinario!
¡Carpe diem!
¡Carpe diem!


- Lucio Anneo Séneca (4 a. de C. – 65 d. de C.): fue uno de los filósofos, escritores y políticos más influyentes del Imperio romano, máximo exponente del estoicismo latino. De origen cordobés (Hispania), su vida y su obra estuvieron marcadas por la búsqueda de la virtud, el autocontrol y la razón, en tiempos de gran inestabilidad política. De gran influencia en varios de los grandes pensadores posteriores, como Michel de Montaigne, René Descartes o Juan Calvino, siendo recordado sobre todo por su célebre «Diálogos», en el cual se incluye «De la brevedad de la vida» y «De la vida bienaventurada» (o «De la felicidad»).
- «De la brevedad de la vida»: célebre tratado moral escrito por el filósofo romano Lucio Anneo Séneca. En este ensayo, estructurado originalmente como una carta dirigida a su allegado Paulino, Séneca postula su tesis central: la vida no es breve por naturaleza, sino que el ser humano la hace corta al desperdiciar el tiempo en banalidades, vicios y ocupaciones inútiles.
