Literatura
Reseña literaria
mayo 2026
Reseña literaria: Pedro Urdemales y la cultura huachaca
por Guido Schiappacasse
Como lo he dicho en otras reseñas, mi objetivo es ir explorando autores nóveles y clásicos destacados en los distintos subgéneros de la prosa, de hecho, ya he abarcado la fábula, el cuento, el mito y la leyenda, eso sí, no sé si de la mejor forma posible; sin embargo, al menos lo he intentado y les aseguro que amor y pasión en esta tarea no me ha faltado.
Mas, antes de abandonar el subgénero de la leyenda para así explorar otro vástago del generosísimo género de la prosa, quisiese darme el gustito de presentarles la leyenda de un roticuajo que no nació en Chile, pero que este lo adoptó, o tal vez, fue el roto el que nos acogió a nosotros los chilenos, pero fuere como haya ocurrido, lo cierto es que este legendario personaje representó por mucho tiempo la idiosincrasia del roto chileno, una leyenda que corrió de voz en voz por los campos de Chile, un desarrapado venido de las cosechas pero no de las chacras en el sentido de que es vivo en demasía, y a través de la imaginación al servicio del ardid, del engaño y del embuste se las arregla para sobrevivir, timando al viajero acaudalado y a todo incauto que se deje engañar, incluso, cuenta la leyenda que es tan diablo que con sus diabluras estafó al mismísimo Diablo.
Un pícaro sí, pero malvado no es, porque con sus travesuras no produce un mal mayor y este campesino de ojotas y chupalla puede, por otro cantar del gallo más, llevar a su barriga una cazuela bien calentita; digamos pues que este simpático malandrín es una especie de Robin Hood1, quien roba a los ricos para llevarle sustento al pobre, en este caso a él mismo, porque es humilde nuestro antihéroe más sabe cómo ingeniárselas para que le llegue a sus bolsillos unas moneditas.
Nuestro simpático sinvergüenza, conocido en Chile como Pedro Urdemales, apellido al que le hace honores porque sabe tejer ardides como ninguno, es un personaje legendario nacido del folclore español hacia la Baja Edad Media, y que se transformó durante el Siglo de Oro2 hispánico en el representante arquetípico del astuto pícaro de origen campestre; sin embargo, su primera referencia histórica documentada data del siglo XII después de nuestro Señor, en donde, según el filólogo e historiador español Antonio Ubieto Arteta, en un documento aragonés de finales del mencionado siglo, se nomina un paraje como campo de Pedro Urde Malas, sitio ubicado en un barrio de Zaragoza, lo que según este estudioso es una evidencia de la existencia de un tal Pedro Urde Malas de carne y hueso en la Zaragoza del siglo XII.
Si bien, por lo azares del devenir, Urdemales perdió con el tiempo su popularidad en la península ibérica, este pillo supo cruzar el charco y se instaló con ojotas embarradas y chupalla quemada por el sol en Latinoamérica, asentándole especialmente bien los aires de México, Argentina y Chile, e instalándose, cual hijo tan adoptivo como pródigo, en la cultura popular de dichos países independizados de la corona española, de hecho, sus historias fueron recolectadas por Ramón Laval3 hacia 1925, cobijándose en el alma campestre chilena.
Sin embargo, hoy les haré mención de «La vuelta de Pedro Urdemales»4, libro de don Floridor Pérez5; sí, ya sé, me diréis que mucho ya he incomodado a don Floridor pidiéndole socorro en mi aventura al recomendar mitos y leyendas chilenas, pero os lo juro, ya no lo importunaré más, pero no me negarán cuando recorran las páginas de esta obra, que este librillo de estilo sencillo, directo, sin ampulosidades o ambigüedades, encanta al lector desde su inicio y lo sumerge en las desventuras y travesuras de este personaje campestre, arrancando desde lo más profundo del gaznate una risotada; un libro simpaticón y del todo apto para padres y profesores que quieran introducir a sus hijos o pupilos en el indispensable quehacer de la buena lectura; para muestra os daré una probadita de esta miel y les narraré un par de azarosas e ingeniosas maldades relatadas en esta obra de este astuto pícaro nacido en el campo, pero no por eso venido de las chacras:
a.- Los cerdos empantanados: Pedro Urdemales estaba hastiado de que lo tomasen por un hombre poco serio, así que busco trabajo. Y sucedió que el patrón lo envió al mercado del pueblo a vender media docena de cerdos, pero como estos porcinos son amantes del sucio lodo, se desviaron de la ruta y se introdujeron hasta las orejas en un pantano cercano, pese a la rabieta de Urdemales.
Ocurrió que un viajero pasó por allí y le ofreció al campesino comprarle los cerdos a un precio inferior al de la feria del pueblo; pese a ello, Urdemales aceptó porque ya estaba cansado de acarrear a estos animalejos y así fatigas se ahorraría.
Sin embargo, le pidió al viajero que les cortase los rabos a los animales y se llevase el resto, el comprador aceptó porque las colas no las necesitaba para su futuro emprendimiento de venta de cecinas. Una vez se hubiese ido el acaudalado con sus cerdos, este huasito de Urdemales colocó las colitas sobre el fango enterrando bien sus bases para que no se moviesen, más tarde, simplemente se sentó a esperar… Esperar que otro jinete se asomase por el lugar y oyese de boca de Urdemales que sus cerdos se enterraron de hocico en el lodo y solamente sus rabos quedaron visibles. Por unas monedas el foráneo compró los cerdos y luego raudamente fue a buscar ayuda para desenterrar los porcinos, ya no hallaba la hora de iniciar su empresa de perniles y jamones.
Con más prisa que el otro, este diablillo de Urdemales se alejó del pantano y volvió a la granja para entregar rigurosa cuenta a su jefe de la venta de los cerdos al primer viajero, pero de los haberes obtenidos por las colas de los cerdos vendidas al segundo codicioso nada dijo…
«Porque negocio de rabos mi patrón no me encomendó», pensó el pillo de este astuto huasito.
b.- El cartero del otro mundo: El huaso de Urdemales, trotando por el mundo, llegó a un pueblito de nombre no conocido, y mientras sus tripas sonaban, porque ya era hora del almuerzo, pero su morral no tenía ni una moneda ni tampoco algún comistrajo, le llamó la atención un escuálido burro que pastaba suelto por allí.
Sin pereza agarró al poco inteligente orejón y se subió a su lomo, pero al revés, mirando hacia el culo del animal; y así no más le hincó sus espuelas en los costados al cuadrúpedo, haciendo que este llevase sus pezuñas por las callejuelas empolvadas del villorrio, mientras que el astuto gritaba a diestra y siniestra:
—¡Ya se va el cartero del otro mundo!, ¡ya se va el cartero del otro mundo!
A los vecinos les causó extrañeza este paisaje, pero una pobre viuda sí que enganchó con el señuelo, deteniendo al timador para preguntarle si podía enviarle una encomienda a su fallecido marido. Urdemales asintió.
Tras esperar un rato, la anciana volvió con unas viandas para su difunto, gustoso se las entregaría este extraño cartero mientras se alejaba de la villa.
Y en un recoveco del sendero, ya lejos del pueblo y de los ojos de los curiosos, este astuto se bajó de su montura y se sentó en el suelo muy complacido a engullir las provisiones entregadas por la ingenua viuda, así la panza del embustero salvó la hora de almorzar.
Y mientras ustedes disfrutan de estas travesuras y sacan sus propias conclusiones sobre el carácter de Pedro Urdemales, como pregona don Floridor en su obra, yo en el intertanto medito sobre la leyenda de este timador, la cual representó por mucho el arquetipo del roto y pillo campestre chileno; sin embargo, en la actualidad el campesino de esta tierra en particular, y de los pobladores de este país en general, han extraviado este simpático ingenio que los caracterizaba.
¡Y esta pérdida, en gran parte, concluyo que se debe a los medios masivos y alienantes de comunicación!
Pablo Huneeus6, en los años 80, publica su ensayo «La cultura huachaca o el aporte de la televisión»7. Para este autor la cultura huachaca (o guachaca según la Real Academia Española) es un concepto sociológico y popular chileno que describe una cultura superficial, evasiva, emotiva hasta la sensiblería y consumista, fomentada por la televisión y la acelerada modernización. Así, la televisión, esta caja idiotizante, promueve esta cultura bastarda en vez de favorecer el desarrollo de una verdadera y profunda cultura comunitaria.
Si bien en Chile durante la década de los 90, el término huachaca evolucionó para representar una chilenidad popular y bohemia, lejos del significado peyorativo inicial, para efectos de esta exposición, os ruego que se queden con el concepto inicial que acoge Huneeus, en donde huachaca (que viene del quechua y se puede traducir como ser pobre); es una cultura que puede ser vista como símbolo de una sociedad empobrecida y alienada por la acción nociva de la televisión y los medios masivos de comunicación.
Es más, en la actualidad es aún peor, hoy en día las pantallas hipnotizantes de los teléfonos móviles y sus videos de fácil consumo y a un clic de distancia nos embrutecen, nos alienan y nos hacen perder nuestra idiosincrasia como sociedad, para transformarnos en una comunidad de zombis sin pensamiento propio, sin auténtica identidad y donde el cerebro nos lo digiere, a gusto y placer, estos aparatitos malignos llamados celulares (o teléfonos portátiles).
De esta forma, los chilenos hemos perdido nuestro ingenio que representó en un pasado mejor el legendario Pedro Urdemales; pues bien, si la causa del extravío de nuestra idiosincrasia e identidad como sociedad es el envenenamiento crónico producto de la nocividad de los medios de comunicación, hagamos algo al respecto, dejemos de lado por un momento los celulares, apaguemos la televisión, abramos un empolvado libro, ¡y pongámonos a leer!
Porque si una sociedad pierde su forma de ser, su ingenio característico, su idiosincrasia e identidad como tal, ese es el inicio de su desvío en su esfuerzo por alcanzar un verdadero desarrollo comunitario.
¡Hasta la próxima entrega!


- Robin Hood: héroe legendario nacido en el folclore inglés medieval. Diestro arquero, defensor de los pobres y oprimidos, siempre en gresca contra el sheriff de Nottingham y el príncipe Juan Sin Tierras, quienes hacían uso de la fuerza de la espada y la lanza para así acaparar ilegítimamente las riquezas de Inglaterra en ausencia del rey Ricardo Corazón de León.
- Siglo de Oro: período histórico ibérico en que florecieron el arte, las letras y el pensamiento y que coincidió con el auge político y militar del imperio español de la casa de Trastámara y de la casa de Austria. Este período abarca desde 1492, año del Descubrimiento de América, fin de la Reconquista y año de la publicación de la «Gramática castellana» por Antonio de Nebrija, hasta el año 1681, año en que falleció el último gran escritor de esta época, don Pedro Calderón de la Barca, autor de la tan inmortal como filosófica obra de teatro «La vida es sueño».
- Ramón Laval Alvial: nacido en San Fernando en 1862 y fallecido en Santiago de Chile en 1929, escritor y bibliógrafo chileno, considerado uno de los folcloristas chilenos más importantes de principios del siglo XX, autor de numerosas publicaciones como «Cuentos de Pedro Urdemales».
- «La vuelta de Pedro Urdemales»: libro de don Floridor Pérez y que versa sobre los embrollos de Pedro Urdemales, personaje legendario adoptado por el folclore chileno. Esta obra se puede encontrar en Internet en el siguiente enlace:https://saintbenedict.cl/NEW/file/lecturas/4-basico/la-vuelta-de-pedro-urdemales-floridor-perez.pdf
- Floridor Pérez Lavin (1937-2019): destacado poeta, ensayista, biógrafo, crítico literario y folclorista chileno, autor de «Mitos y leyendas de Chile» y «La vuelta de Pedro Urdemales».
- Pablo Huneeus Cox: nacido en Santiago de Chile en 1940, sociólogo y escritor chileno, destacado por haber sido consultor de las Naciones Unidas en Suiza, de la Comisión para América Latina (CEPAL), y profesor de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile. En 1976 participó en la fundación del Servicio Nacional de Capacitación y Empleo (SENCE), posteriormente, fue profesor titular de la Pontificie Universidad Católica de Chile, en dónde dirigió el instituto de Sociología. También ha sido un prolífero escritor, autor de «Filosofía clásica» y «La cultura huachaca o el aporte de la televisión».
- «La cultura huachaca o el aporte de la televisión»: ensayo crítico de pablo Huneeus que analiza la influencia de la televisión en la cultura popular chilena, acuñando el concepto de cultura huachaca. El autor examina cómo los medios de comunicación moldean los hábitos, el lenguaje y los valores sociales. Texto breve, directo y de postura provocadora.
