Literatura
Poesía
agosto 2026
Tres poemas de Kiersten Jungbluth
La primera vez que el aire te sostuvo
Mantuviste la respiración
tanto tiempo como fue posible
—tenías miedo
y no sabías por qué.
Imaginaste palabras
bellas e infinitas
enredándose en medio del aire,
e intentaste masticarlas
hasta disolverlas por completo.
Te preguntaste
cuánto pesa un alma al abandonar
un cuerpo,
si se lleva consigo los recuerdos
y qué es lo que haría con ellos.
Intentaste recordar, también,
la última vez
que tus dedos tocaron algo blando,
algo que hayas podido estrujar
hasta quedarte sin aliento.
Contaste tus dedos
de las manos
y alineaste todas las estrellas
sobre tu espalda erguida.
Permitiste que tu peso atraviese
toda superficie en su camino,
en la larga espera vertical.
Intentaste ubicar el principio
del dolor y del deseo,
y repasaste sus huellas
sobre tu piel nebulosa.
Pensaste
que te encontrabas en medio
de un lugar nunca antes descubierto,
—que era así, tal vez,
como debía sentirse, finalmente,
suspenderse.
En algún rincón de mí se ciernen todas las posibilidades
Esta noche paseo
por la suavidad,
los bordes lisos de la memoria.
No busco sino recrear,
reinventar,
respirar de nuevo ese aire.
Conjeturo el origen del tacto
con un silencio azul
enredado en el cuerpo.
Un gesto
que circunda la mente
es también una cruz.
Lo que conozco ya no existe.
Me encuentro por fuera
de mí misma,
pero mi pecho insiste:
el amor es un instante fluorescente.
Sostén esto entre tus manos:
todas las palabras
que no alcanzaste a pronunciar
han quedado enterradas.
Debajo de la sal se esconde el milagro
Sobre esta arena reposan las células,
la piel muerta, la sal y la espuma.
En medio de cada grano florece
un acontecimiento luminoso
que se despide al nacer.
Mis huellas no son solo mis huellas,
sino el rastro de cada ser
cuyo peso ha marcado esta superficie.
En la lisura previa, las criaturas del mar
duermen,
reposan, sueñan con días dorados.
Materia que se bifurca
caudalosa y ferviente
ante la imposibilidad del horizonte.
Las mece durante toda la noche
una ola azul,
en la larga estación de la espera,
antes de borrar su recorrido—
las señales,
esa prueba única
de que algo más
estuvo allí.
Kiersten Jungbluth, de 24 años, es Licenciada en Literatura por la Universidad de las Artes de Guayaquil, Ecuador. Sus poemas han sido publicados en antologías poéticas de editoriales latinoamericanas como Entre espinas y versos de la editorial Komala y Manías de la mente de
Ediciones Converso. Además, ha participado en recitales de poesía organizados por el Municipio de Guayaquil y en librerías locales. Actualmente trabaja como docente de español.
