Literatura
Poesía
mayo 2026
Textos de Isaías Cañizález Ángel
Jauría de los objetos beligerantes.
En el esplendor verosímil de la racionalidad yace la mórbida intransigencia de lo absoluto. La delirante conjetura de los brazos caídos y las entrañas forjadas como banderas de lo impropio. Un abismo en donde van a curarse de soledad los inmutables delirios de la extraviada grandeza. Si en su estoica permanencia, las afiladas garras se abalanzan como bestias impávidas, no es menor la inexactitud de la muerte: ese destello de elocuencia mundana por el que peregrina esta jauría. Somos el esquivo despropósito de la guerra convertido en refinamiento y delirante reminiscencia. El código silente de los condenados a permanecer desnudos bajo la lluvia, sin el amparo de la mano sacra y el lúgubre vaho de la victoria.
Lebreles de la Guerra
Nos sentamos frente a la tarde y vemos pasar a los dueños de la tierra. Ellos jamás levantan la mano ni pretenden algún gesto que les haga notar nuestra existencia. En medio de la sorna, balbuceamos ciertos desparpajos que jamás tendrán respuesta. Su mirada es una casa grande con ventanas infinitas, y en sus camas, reposa la tranquila costumbre de ordenar los límites, de ponerle el nombre preciso a cada cosa. Ellos dicen: “¡Norte!” Y los mapas obedecen. Increpan: “¡Silencio!” Y no se mueve una hoja. Calculan el valor de nuestros esfuerzos sin detenerse en decimales ni en las heridas abiertas detrás de la espalda. Caminan despacio, sin remordimientos, tanteando el espesor de sus dominios. Pactaron tributos con un dios que solo sabe multiplicar su opulencia y alentar nuestras desgracias. Lebreles de la guerra se cobijan con el sudor de tantos siglos y no se reconocen en las desdichas que nos habitan. Ellos son el laberinto en donde nuestras manos se hacen ceniza y puñal: ceniza para la insensatez; puñal para el acero que los ve pasar, sin bajar nunca la cabeza.
Soldado
La noche me habita y en su desordenado delirio, los vértices de lo transitado se funden en arena y fuego. Los signos profanos de su velamen tejen las grietas en el desordenado horizonte de cada herida. En su talante no reconozco otro oficio capaz de mancillar la lívida sentencia de la muerte. Su obstinación es el desafuero impregnado de insolencia. Tengo la anuencia que inhala el errabundo espíritu de los desabrigados. Soy el magno, el sacro, la impoluta pestilencia de los poderosos convertida en metralla y postración. La cifra voluble en donde reposan los consagrados delirios del dictamen y el olvido. El boceto donde los prodigios del azar, traza sus regodeos y desventuras. Un agravio que solo sabe reconocerse en la impetuosa privación de los sentidos.
Bellum
Soy el éxtasis perenne del acero degollando lo intangible. La miga de pan convertida en trigo y también el vuelo de los pájaros hecho cenizas en cada evocación. Tengo el destino labrado en la sutil arrogancia de la certeza. No me habita el azar ni los indescifrables caprichos de ese dios febril, inexorable y agreste. Me celebran los seres más inefables y en su triunfo, en su victoria, palidece cualquier forma de indulgencia. Yo cultivo los enjambres de la pesadumbre y sepulto los estoicos privilegios de recurrentes blasfemias. Gravito la voluntad que se talla sin los reparos de la fe y, en el dolor, he sembrado las cotidianas postraciones que palabra alguna puede llegar a mitigar.
Isaías Cañizález Ángel, 1973. Venezuela. Poeta y crítico literario. Profesor universitario. Doctor en Ciencias de Dirección Gerencial. Magíster en Estudios Culturales de la Universidad ARCIS de Santiago de Chile. Licenciado en Letras, de la Universidad de Los Andes. Egresado de la Academia Nacional de China. Fue Investigador de Casa de Las Américas, La Habana, Cuba. Ex profesor de la Escuela Superior de Guerra Área, Fuerte Tiuna, Caracas. Ex Profesor de la Escuela Venezolana de Planificación y actualmente profesor de la Universidad de las Ciencias. Autor, en poesía, de Ceremonia de lo adverso (2003); Profanaciones y derrotas (2008); Las ruinas de la Casa (2010); Kuaderno Palestino (2013); Sumario de las mariposas y los girasoles (2023); La ciudad conjurada (2024). Ganador de los premios Municipal de Poesía del estado Trujillo 2003, Premio Nacional de Poesía Fernando Paz Castillo 2010, Premio Único de Poesía de la V Bienal de Literatura Ramón Palomares, 2013 y el Premio Internacional de Cultura Simón Bolívar (2015).

