Literatura
Reseña literaria
febrero 2026
Reseña literaria: Chile y sus leyendas
por Guido Schiappacasse
Y sucedió que a principios de marzo del año 1989 ingresó en el aula el profesor de Filosofía; un tipo delgado, de rostro fino y ahuesado, mirada perdida en quizá que reflexión que transitaba en ese instante por su mente, barba castaña bien cuidada; y portador de un abrigo negro que lo caracterizaba y que cuando se lo ponía se notaba que su enjuto ser flotaba, sin duda, «le faltaban un par de cazuelas».
Dejó el Flaco García sus libros sobre el escritorio, respiró hondo, y como si se hubiese prendido la grabadora que tenía por sesos, empezó su discursear mostrando lo importante que era para nuestra futura vida el intentar buscar la sabiduría; pero para ello era esencial conocer nuestro origen, vale decir, sumergirnos en el pensamiento griego clásico, porque allí estuvo el principio, el origen de nuestra tan orgullosa como moderna sociedad cristiana occidental actual.
—¿Pero no será mejor poner temas y que cada uno de nosotros elabore su propio pensamiento al respecto? —Interrumpió el Mono Morales, un estudiante de mi aula bastante maleducado y con tendencia a la calvicie prematura—. No creo que sea necesario saber que pensaba ese Sócrates o aquel Platón.
Pero, si no tenemos la más remota idea de nuestro origen y su primer conocer, ¡qué pobre pensamiento desarrollaremos! —contestó el Flaco García, sin siquiera incomodarse por la pregunta recién rebuznada y salida del gaznate de mi compañero de clases.
Así transcurrió este tercero medio del cual yo era parte; y hoy, si pretendo ser escritor, debo también ser un líder de opinión, y para escribir bien y mejor opinar, hay que ser un consumado lector, sobre todo de nuestras raíces; por ende, como chileno y sin darle más vueltas al trompo dieciochero, solicitaré como en otras oportunidades el socorro de don Floridor Pérez 1.
Por lo tanto, dejemos de lado al Flaco y al Mono e introduzcámonos en el tercer capítulo del libro de don Floridor titulado «Mitos y leyendas de Chile”2.
En este acápite, en forma clara, transparente y directa, el autor aborda el tema de las leyendas nacidas en este largo y angosto terruño al sur del planeta. Así, sin más preámbulos, les propongo que soplemos un poco para sacar el polvo acumulado entre estas páginas y sumerjámonos en un par de fantasías con base histórica como quien cala y prueba el dulzor de una jugosa sandía:
a.- La añañuca: Es hermoso ver florecer tu jardín, pero te maravillarás si puedes observar ¡el desierto florido!, tan raro como espectacular fenómeno que de tiempo en tiempo cubre con un manto de flores multicolores el desierto atacameño, que es el más árido del mundo; así, el autor magistralmente nos engancha desde el principio del relato.
Cuenta la leyenda, que antes de la llegada de los españoles, tal vez, en los tiempos de la dominación inca, en un perdido pueblo nortino, en pleno desierto atacameño, Añañuca era la joven más bella y adorable del villorrio; pero como toda beldad, a todos los mozos entregaba su amistad, pero a ninguno su amor, salvo… hasta que apareció por el lugar un apuesto cateador 3.
Se enamoraron y vivieron felices, pero no por siempre, porque el mozuelo oyó por allí, o tal vez lo soñó, o a lo mejor, como insinúa el autor, descubrió el nido de un Alicanto 4. Lo cierto es que se fue en busca de fortuna y nunca más volvió, quizá, la tierra lo engulló.
Y no menos verdadero es que no mucho después Añañuca murió de pena y nostalgia. Y como era muy querida, fue enterrada por todos los vecinos en el desierto en medio de un vendaval de aguas cristalinas; extrañísimo fue que lloviese en ese tierral, tal vez, hasta el cielo lloraba su partida.
Mas, al día siguiente el sol volvió a su lugar de privilegio, acalorando esos áridos arenales, de los cuales floreció la añañuca5 cubriendo los montes y cerros de bermellón, escarlata, ambarino y albo blanco.
Y así nació el desierto florido, una explicación tan antigua como este extraño fenómeno, carente de ciencia, pero hermosa, y solo lo bello adorna al mundo haciéndolo un poco menos deprimente; así como la flor de nombre añañuca, de color rojo, blanco o amarillo, que pasó a ser un símbolo del amor eterno y de la belleza que surge del sufrimiento.
Pero antes de proseguir, a modo de nota al margen, disculpen que los arranque de vuestro ensimismamiento, quisiese destacar la originalidad del autor al inmiscuirse en el relato, comentando que tal vez el cateador había descubierto el nido de un Alicanto, y por ello había emprendido viaje, en busca de vetas de minerales preciosos.
b.- Llacolén: el origen del nombre de la laguna de la ciudad de Concepción se remonta a la Época de la Conquista, coincidiendo con la llegada a Chile del gobernador español García Hurtado de Mendoza, que como parte de su escolta trajo a un soldado poeta que la historia conocería como Alonso de Ercilla y Zúñiga6, él mismo que escribiría sobre la Guerra de Arauco y las hazañas militares y la ferocidad combativa del mapuche Galvarino.
Galvarino amaba profundamente a su hija Llacolén, y por ello, para asegurarle un buen futuro, la prometió en matrimonio a Millantú, el fornido hijo del cacique Lonco.
Llacolén, según la usanza, todas las madrugadas iba a la laguna a bañarse sin más preocupación que de trenzarse el cabello, porque de la guerra española araucana no sabía nada; sin embargo, un día como cualquier otro, vio a un hidalgo de piel pálida y armadura de metal que brillaba al sol dando de beber a su equino; si bien no se sabe cómo ocurrió ni cómo continuó el cortejo, lo verídico es que ella entregó su corazón al apuesto oficial español.
Hasta que un 7 de noviembre de 1557, llegó a la ruca un ensangrentado Galvarino, porque le faltaban ambas manos, los invasores hispánicos a golpe de hacha se las habían arrancado de cuajo. Así conoció Llacolén la guerra, y odió a los españoles, pero no sabía si también al dueño de su sentimiento.
No mucho tiempo después, la doncella indígena se dirigió a la laguna, pero el destino le tenía preparada otra desgracia, porque la siguió Millantú, su prometido, que a orillas de las aguas vio acercarse al joven español que esperaba por ella.
El hidalgo sacó su espada y el aire silbó rasgándose, se oyó como la maza del indígena zumbaba por doquier; y en un abrazo mortal abalanzóse cada rival en busca del otro. Llacolén en un grito de espanto vio la espalda de Millantú atravesada por la punta del sable del ibérico, y este último al caer aplastóse el cráneo entre el mazo araucano y una filosa piedra; un abrazo de guerra, que pudo ser de amor de cualquiera de los mozalbetes que mejor hubiesen querido apretar contra su pecho a la jovencita; pero así no sucedió, Llacolén por fin había conocido la guerra…
Un conflicto que mutiló a su padre y le arrancó de cuajo al hombre que amaba, solo quedaba las suaves aguas de la laguna; y a ellas se arrojó en busca de consuelo.
Una historia con más de un aspecto verídico (o histórico), que nos recuerda que el ánimo belicoso únicamente nos lleva al caos y a la destrucción, en cambio, solamente el amor es fecundo.
Pero para muestra solo hace falta un gajo de uva y no más que aquello, así que mejor será que dejemos por ahora este volumen sobre la mesa y apartemos nuestros ojos de sus hojas.
Mas, en conclusión, este libro de don Floridor y sus leyendas impresas en él aseguran que nos entretengamos, contribuyendo a aquello un estilo directo, simple, sencillo, amigable y de fácil comprensión, pero no me mal entiendan, relatos translúcidos pero basados en una sólida y bien acabada bibliografía, la cual da certeza del esfuerzo que tuvo que acuñar el escritor en su búsqueda, tal cual roedor de biblioteca.
Por ende, recomiendo plenamente este librito a todos los interesados en las historias fabuladas por antiguos habitantes que hoy renacen merced a sus voces que cantan estos vetustos relatos; pero, sobre todo, sugiero esta obra a todo escritor nacido de esta tierra surcada por desiertos en el norte, por los parronales de su valle central, por sus caudalosos ríos y naturaleza indómita más al sur; y por glaciares milenarios en su extremo patagónico…
Porque, un árbol será más fuerte si sus raíces lo son, del mismo modo, un escritor será más ducho en su arte si conoce el origen del cual ha venido…
¡Hasta la próxima entrega!


- Floridor Pérez Lavín (1937-2019): destacado poeta, ensayista, biógrafo, crítico literario y folclorista chileno.
- «Mitos y leyendas de Chile»: libro sobre las creencias y costumbres ancestrales de los aborígenes de Chile, escrito por el poeta Floridor Pérez, editorial Zig-Zag, Santiago de Chile, año 2012. Su enlace en Internet es el siguiente: https://escuelalospellines.cl/descarga/plan%20lector/6/1.-%20mitos%20y%20leyendas%20de%20chile.pdf
- Cateador: dícese del oficio de exploración de terrenos en busca de vetas mineras.
- Alicanto: animal fabuloso originario de la imaginación de los primeros habitantes del Norte Chico chileno. Avechucho prodigioso que anida cerca de minas ricas en minerales de alto valor y que puede conducir al afortunado a la veta añorada.
- Añañuca: flor nativa del norte y centro de Chile.
- Alonso de Ercilla y Zúñiga (1533-1594): soldado y poeta español conocido por escribir un poema épico sobre la guerra entre los araucanos y los conquistadores españoles, obra que se tituló «La Araucana».
