Literatura
Poesía
marzo 2026
Poemas de Gonzalo Hernández Sanjorge
CARTA I
del poemario inédito de próxima edición titulado “Cartas a Marcia”
El caso es que nada es tan fuerte para parecerlo todo el tiempo.
Por ejemplo, en la misma luz que antes parecía una sentencia ineludible
después la ilusión fue un bien insoportable.
Es que creo que tenías razón -maldita costumbre la tuya-:
la felicidad es un procedimiento como cualquier otro.
Nunca confíes en los electricistas
ni en las mujeres que te hablan jadeantes por teléfono.
Tampoco confíes en que has logrado engañar a todo el mundo.
Necesité todos estos años para aprender porquerías como esas.
A veces, no sé muy bien por qué,
me imagino un grupo de hombres que tocan música en un campo de concentración.
No hay como estar al borde de la nada para sentirlo todo.
Los ojos me llaman mucho la atención.
Desde la ventana de atrás veo un Cristo enorme en la montaña
y Cristo me mira con esos ojos de loco que tiene.
Hay que estar loco para decir ser hijo de Dios.
Hay que estar más loco para serlo, claro.
Yo, en cambio, por momentos poseo esa mirada perdida de los toros
justo cuando tienen el cuerpo tendido en la arena, como un tren descarrilado.
Me mantengo en pie en base a intenciones,
pero es difícil soportar estoicamente la extensión de la noche,
ese invento hecho para vender bombillas eléctricas.
Aquí hacen falta besos. ¡Hacen falta tantas cosas!
Y para colmo no funciona el televisor,
un signo más de que el fin del mundo se aproxima.
Los héroes no necesitan tener tantas escamas,
ni todas las trincheras donde yo me hundo,
ni andarse guardando un dedo de cada amante.
En el fondo de todas las oscuridades
suele haber una moneda, una frase en latín,
una libertad atada a una columna.
Ningún hombre sabe que es libre
hasta que finalmente se vende por algo.
Yo, para evitar todos esos peligros
me paso haciendo zapping por la vida.
Y después, encima, me quejo de que la programación no es buena
porque no termino de quedarme en ninguna historia.
Sólo me quedo profundamente en la tinta.
Lo único que hago es escribir escandalosamente,
porque es la única manera en que soporto este aburrimiento de ser yo.
Y todo está allí, ni siquiera tengo que buscar.
Los poemas simplemente ocurren. Yo le ocurro a los poemas.
Y en verdad no ocurre nada.
Y Dios que no me mata, nomás que por venganza.
el monstruo marino
de “La sangre es un hechizo transitorio” (Ginkgo, 2025):
Me endurece la piel armar collares de arena,
componer cajitas de música para muñecas mutiladas.
Me endurece la piel la vida,
esta historia diaria
que la historia dejará en olvido.
Tengo manos de niño cuando quiero sepultar al cielo,
manos de relojero enamorado
cuando palpo con apetito al tierno prójimo,
ese deseo sometido al enigma que es el otro.
Yo soy
y eso es lo cierto;
la verdad está hecha de cosas pasajeras,
paradojas de risas como piedras.
Vivo,
es decir, transito con la carne calcinada.
Cuando no puedo amar sin ejercer la antropofagia me siento lejano,
completamente impenetrable,
completamente imperdonable.
Me pregunto qué será el amor
cuando no estemos atravesados por el fuego
y tengamos la médula sin desbordes.
Acaso quedemos convertidos
en lejanas fotografías que transpiran inútiles sonrisas,
convertidos en sueños postergados,
defunciones anticipadas,
piadosas obligaciones.
Me pregunto cómo será la vida
–si es que es–
cuando tengamos el rocío cansado
y la muerte mucho más crecida,
casi ahí, tocándonos el hombro.
Ser es ser un monstruo marino.
Rectifico,
ser es ser un ángel con una sed insaciable.
Poemas de “Cántigas de los naufragios”, (Ginkgo, 2025)
La plaza permanece adormecida
como un camión abandonado,
como un golpe recostado sobre un niño.
Enamorada de los balcones que la miran
la plaza no se anima
a abandonar ni un instante su tarea,
profundamente convencida
de que es un nido enorme
y los amantes son aves migratorias.
—
Ella me miraba,
tenía un mirar de aeroplano bajo la tormenta.
Yo detrás de la vidriera
sentía envidia de los hombres que tenían hijos.
Dijimos algo
o mantuvimos el silencio ensordecedor
con la mejor de nuestras ternuras.
Después la escuché llorar
como un recipiente que se quiebra.
Gonzalo Hernández Sanjorge (Montevideo, Uruguay, 1968). Poeta, narrador, dramaturgo, docente universitario. Sus obras han aparecido en varias publicaciones de Internet y en revistas impresas de su país y el extranjero. Ha obtenido una decena de premios literarios en diversos concursos de cuento y poesía. Con el cantautor uruguayo Gastón Rodríguez realiza —desde el 2021— el podcast “El Margen Sonoro”, explorando a músicas de todas las épocas y culturas. En 2025 editó “Cántigas de los naufragios / La sangre es un hechizo transitorio” (Editorial Ginkgo), volumen que contiene dos colecciones de poemas.


