Literatura
Reseña literaria
febrero 2026
La herida es un animal
Reseña a “El fuego que sostiene la mano“ de María Negro
por Isabel Guerrero
No es fácil despertar al animal que se lleva adentro, hay que tener valentía para escuchar el instinto, y con mayor razón para imprimirlo en historia viva y circular, sin prejuicios o velos. No es sencillo aullar las heridas personales y empotrarlas en una lírica que separe el asunto de lo trascendente y es precisamente eso lo que la mano de Maria Negro sostiene, no con una explicación de por medio, no con la soberbia de una enunciadora de la verdad, sino con la experiencia propia de quien desgarrada en sus músculos intuyó su sobrevivencia.
“El fuego que sostiene la mano”, es un relato poético que transita en escenarios de confrontación, donde el fuego -en todo su simbolismo- arremete apresurado quemando los pasos de quienes como lectores/as seguimos el viaje. En este libro, la autora nos carga en su espalda para mostrarnos esa precisa transformación que ocurre en la vida, al experimentar el sufrimiento, el dolor, la estancia de existir en el trémulo bosque de la realidad. En estas variadas escenas una mano protegida por la conciencia sostiene un fuego que no quema a quien lo porta, este ha sido domado porque la verdad cuando es asimilada, ya no cuesta ponerle resistencia.
En estos pasos que Negro nos invita a dar con su poemario, encontramos heridas, maternidades, exilios y certezas. Todas ellas incomodan, no hay perfección en su presentación, se muestran en bruto, sin eufemismos que reivindiquen culpas. La permanencia de la herida es algo que late en el cotidiano de un animal que se sabe vivo y fuerte. Por lo mismo, la autora no nos conduce a olvidar o reemplazar lo que duele, sus poemas no pretenden ablandar ni victimizar su condición de ser, sino asumir el corte como parte de un mismo cuerpo. En este gesto no hay trauma, sino el nacimiento de un animal que será brújula, comodín y soporte de quién lo asume como tal.
Pero este nacimiento es consecuencia de un territorio hostil que lo empuja, no en su instinto de crianza, más bien en ese forcejeo por el poder y el control, que ejerce la moral sobre la propia carnalidad. El animal camina en ese bosque cargando fuego y en su contraparte la figura controladora materna en su agua que a veces es turbia, a veces inocente, acompaña el paso, pero estanca, pretende orientar a la vez que confunde. En esa representación se halla un mundo feroz y asfixiante.
Pero también está la otra madre. Norita Cortiñas, a quien María Negro dedica uno de los poemas más potentes del libro: “Madre de todos, menos de ellos”. Amor infinito con límite ético absoluto. Un útero biológico transformado en útero político. Porque no puede alguien saberse animal sin también reconocerse humano, tal como lo vemos en su poema a Yuri Kondratyuk en su exilio sin retorno y su diálogo con esa Itaca quemada a la que no se puede volver. El poema “Irse volviendo”—no es viaje circular sino paradoja sostenida., es la experiencia del exilio moderno: migrantes latinoamericanos que dejan países que desaparecen mientras están afuera, desaparecidos que nunca vuelven, casas que ya no existen.
Observar asi el mundo pesa en las entrañas, y por eso el mensaje que Maria Negro nos regala se hace con una voz que sabe lo que es capaz de decirse a si misma porque ha sido capaz de reconocerse. En esas sentencias voraces que lanza está su reflexión compartida, su mecanismo que, no es que tú o yo, lector/a, debamos seguir. Cada cuál debe ser capaz de “acariciar su monstruo”, sacar sus conclusiones y asumir su propia verdad.
María Negro no busca épica grandilocuente. No habla de incendios que azotan continentes, más bien muestra pistas de volcanes activados. El fuego del mate compartido, del abrazo, del vaso de agua fresca. El fuego de Norita marchando en silla de ruedas a los 94 años. El fuego de Yuri llenando cuadernos en trincheras.
En el texto final en prosa, la autora aclara: no habla del fuego abstracto y destructivo, sino de “aquel que sostiene las manos desde algún adentro donde no estamos solos”. Y cierra con una declaración de principios: “Soy la síntesis de todos mis incendios. Esta parte de mí no quiere olvidar que algunas llamas nos pueden abrir la puerta.”
Poemas de “El fuego que sostiene la mano” (2025, Argentina).
*
Digo,
y el sonido es ajeno.
Pero sé que digo,
sé que hay lenguaje
en el caos
en el borde del decir.
De rodillas,
digo,
de pie
ante los misterios.
Amanecerá,
como otra forma
de quedarse
la vida
sin detención.
Mi voz insiste.
El amor es un verbo.
Insiste.
El amor es un animal
salvaje y herido.
Pero sé que digo
y su dolor
ya no está solo.
*
Acepta al tajo
por su vacío.
La herida ya tuvo lo suyo.
No te demores.
Ahí, no hay más.
Los fugaces pechos del tiempo se derraman.
Mama y descansa.
Observa el fuego
que sostiene la mano.
El aire que le permite ser
puede apagarlo.
Sin embargo
quema y arrasa,
se nutre de su enemigo.
Se entrega, erguido, al agua.
¿Lo ves?
Mama y descansa.
*
He sanado
de la mujer
que me mira,
he servido el agua ligera
de los partos;
Debajo de la batalla
escondíamos el terror,
la malicia ingenua,
pretendidamente salva.
He devuelto el puñal
por el inverso.
Aliviar la sangre
como quien limpia un río,
maleza y palabra,
arrancar y arrasar,
la turba a salvo.
La fecundidad es el después
sembrado en barro.
*
Si a Judas
no le pasaban la pelota
el papá no lo abrazó
la mamá no le dijo
estoy tan orgullosa, hijo,
de vos
ya no lo excusa.
Estás grande, Iscariote.
Que guardes el beso alerta
se decide
a cada rato.
María Negro (Argentina, 1977) Escritora, editora, tallerista, coordinadora de grupos de lectura. Colaboradora de diversas publicaciones latinoamericanas e integrante del Colectivo Estrella del Oriente. Ha publicado: Y sin embargo se mueve (2012, Argentina), Manifiesto de las conchudas (2013, reedición 2015 y 2018, Argentina), Antología, con otras autoras, Yomoram jyayajpapa is jayatzame (2019, México), El secreto de los insectos (2020, Argentina), La sed de Doña Hilda (2021, Argentina), Una leve presión (2022, Argentina), Las pieles del agua (2022, Chile), La traición de Prometeo (2024, Argentina), Antología “Raíces de una voz”, junto a otros autores (2024, México), El fuego que sostiene la mano (2025, Argentina).

