POR AQUÍ PASÓ UN ‘IMBÉCIL’ DE 18 AÑOS: ROQUE DALTON EN CHILE

POR AQUÍ PASÓ UN ‘IMBÉCIL’ DE 18 AÑOS: ROQUE DALTON EN CHILE
por Ernesto Guajardo

1

De cómo un joven católico conservador se transforma en social cristiano y de la importancia de los insultos en la formación de la conciencia

Roque Dalton nació el 14 de mayo de 1935, en El Salvador; todavía no termina de morirse.

Toda su educación básica y media la hizo en colegios jesuitas, esta sería la principal razón de su llegada a Chile. Lo que sigue, es la brevísima y daltónica relación del paso del futuro poeta por nuestras tierras.

Lo que aquí vivió fue, en propias palabras de Dalton, lo más importante de su vida. En Santiago de Chile su cabeza dio un traspié, manoteó y terminó mirando en una nueva dirección.

Roque llega a Chile en 1953, recomendado a los padres jesuitas, para iniciar sus estudios de Derecho. Sin embargo, en el camino le salió un sacerdote, decano de la Facultad de Teología de la Universidad Católica. Ahí comenzarían los problemas. Él le propuso que no ingresara a la Pontificia Universidad, sino que optara por la Universidad de Chile, para que pudiera conocer otras corrientes de pensamiento y formas de vida. Así lo hizo, total, tenía sólo 18 años; el mundo es aún muy extenso y profundo.

Bien, –nos dice Roque– sin mayores razones para decidirme, y además porque todo el mundo en la Universidad [de Chile] era muy atractivo, ingresé en este centro de estudios, y allí, por supuesto, vi otras cosas de la vida. Por ejemplo, los comunistas. Me puse en contacto con los comunistas, tuve amigos comunistas, y al principio sin saber que lo eran, luego con un poco más de conciencia, por lo menos di un paso de avance en Chile y de católico conservador que era pasé a ser un católico progresista, un social-cristiano; en ese momento, esa corriente de pensamiento en Chile me pareció sumamente atractiva.

Pero eso sería sólo el inicio, el puñetazo definitivo estaba por llegar.

Ese año se realiza un Congreso de Cultura, en Santiago. Aprovechando la ocasión, una revista universitaria le encarga que realice una entrevista al pintor mexicano Diego Rivera. Pero dejemos que, nuevamente, sea Roque quien nos cuente:

Entonces yo llegué, simplemente a cumplir con mi deber de hacerle una entrevista, pero ahí hallé al hombre en uno de sus malos momentos; empezó a responderme cortésmente las preguntas hasta que no sé por qué se le ocurrió preguntarme mi filiación política, entonces yo le dije que era social-cristiano. Entonces él me preguntó, con aquella cosa exuberante que tenía, que cuántos años tenía yo. Yo le dije que dieciocho años. Me preguntó si yo había leído marxismo, yo le dije que no, entonces me dijo que tenía yo dieciocho años de ser un imbécil, y me echó. Me echó y yo horrorizado, por supuesto. Pero después de salir y después de conocer lo que era Diego Rivera, me interesó la actitud del hombre, y empecé a investigar quién era. Fui a algunas de sus conferencias sensacionales que dio en Chile; lo seguí, me enteré por ese incidente de la pintura mexicana, que era una cosa en la que yo nunca había caído en la cuenta, y, lo que es más importante, me entró la preocupación por estudiar marxismo. Porque por primera vez en mi vida me había pasado que una persona me dijera imbécil, así, por no haber estudiado marxismo.

Debido a este incidente, cuando Dalton vuelve a su país, inevitablemente se encuentra con otro país, uno que nunca había podido ver. La visión es intensa. Lo que el ojo recorre comienza a ser registrado en el cuerpo, sobre todo en el pecho y las manos. Comenzaba el camino hacia su formación revolucionaria.

Este año no se escaparía de su memoria poética, en Un libro levemente odioso, escrito en Cuba entre 1970 y 1972, incluye el siguiente poema:

Yo estudiaba en el extranjero en 1953

Era la época en que yo juraba
que la Coca Cola uruguaya era mejor que la Coca Cola chilena
y que la nacionalidad era una cólera llameante
como cuando una tipa de la calle Bandera
no me quiso vender otra cerveza
porque dijo que estaba ya demasiado borracho
y que la prueba era que yo hablaba harto raro
haciéndome el extranjero
cuando evidentemente era más chileno que los porotos[1].

En la memoria de Dalton existen postales de alegría de sus días en Chile. A la anterior puede agregarse la siguiente: “Casi vomité de la risa. Como cuando vi aquel rótulo en una calle de Santiago de Chile: ‘Zorobabel Galeno Sastre’. Aunque ahora no recuerdo ya, no comprendo, lo que el letrero tenía de gracioso”[2].

Ahora bien, en lo estrictamente literario, Roberto Fernández Retamar sugiere una pista sobre este período de su vida que, dada su amistad con Roque, suponemos tiene sus fundamentaciones. Escribe el poeta cubano: “Y se fue a Chile/ Donde suspiró por Francia”[3].

El mar es una suerte de descanso en su obra poética, y en ese libro, en su primer poema, al enumerar lugares de importancia asociados a ese movimiento perpetuo, inicia el recorrido con Valparaíso, “como una gran cascada en suspenso”, dice[4].

En la antología La ternura no basta, que preparó el propio Roque, existe una sección titulada “Textos y poemas muy personales”. Fueron escritos entre 1962 y 1965, en La Habana y San Salvador. Además, se nos advierte, “Algunos de estos textos fueron incluidos en el volumen de la primera edición de Los testimonios. Se incluyen aquí con modificaciones posteriores”[5].

En esta selección de textos se incluye uno dedicado al narrador Rubén Azócar:

XII

Recuerdo, sí, la nieve. Su sabor a cosa helada en el duro año de Inés. En Farellones me hundía en la nieve con el torso desnudo. Fuera de la miríada de agujas que te bebían las venas, el corazón, no te pasaba nada. Pero en Puntarenas (sic) el frío, sin nieve alguna, me causó una enfermedad sedicente que impidió seguir la ruta de las ballenas. Por eso sigue viva Nelda. (Hundió hace algunos meses el remolcador Balmaceda, cerca de Puerto Montt). Por eso recuerdo con simpatía la nieve solar y odio la sombra gélida del austro. Puntarenas. Su mar era como saliva negra, helada[6].

En su libro Los hongos retorna a su etapa de estudiante en Chile, dando cuenta no solo de sus conmociones intelectuales, sino también de las otras:

fue
en junio o julio de 1953, en Santiago de Chile,
y mi maestro en el pecado fue un anarquista, loco, llamado Navarrete, o algo así. Me acuso padre. A pesar
de que podría echársele la culpa de todo
a la ciudad de Santiago de entonces:
sólo el vino era interesante y ciertas
salas de baile en los prostíbulos de Nena Elvangio
y un establecimiento para comer mariscos en la madrugada
y una niña salvadoreña que vivía entonces allá, Noemí
Jiménez Figueroa, cuya belleza a los catorce años
Sería para siempre mi medida de la belleza. Permanecer, pues
fiel a la metafísica en todo momento
habría sido demasiado pedir, con esos estímulos extremos
y habría olido a hipocresía, seguramente. En todo caso, malo
para el Cuerpo Místico, quiero decir. Desde luego
no me presenté a los exámenes de fin de curso, alegué
nostalgia del hogar y terminé por volver
a El Salvador. Noemí tampoco se quedó en Chile,
volvió a El Salvador y por dos años fue
la mujer más bella de Centroamérica, antes de enfermarse,
como una heroína del romanticismo, y languidecer[7].

Sobre Los hongos hay algo que decir. Este libro lo escribió entre el otoño de 1966 y el verano de 1971, en diversos lugares –La Habana, Praga y París–, y es la expresión poética de la problemática relación entre cristianos y marxistas. Dedicado a Ernesto Cardenal, la primera versión –en prosa– se publicó en Chile, por la Editorial Universitaria[8]. Considerando el período en que fue escrito, se encuentran breves referencias críticas al proceso democratacristiano, conocido como la “Revolución en libertad”.

(b)

“que se me permita añadir hoy que hasta el presente
–dice Jacques Maritain–
a pesar (o a causa de) la entrada en escena, en diversos países,
de los partidos políticos llamados ‘cristianos’
(siendo la mayoría sobre todo combinaciones de intereses electorales),
la esperanza en el advenimiento de una POLÍTICA CRISTIANA
(respondiendo en el orden práctico a lo que es
una filosofía cristiana en el orden especulativo)
ha estado completamente frustrada;
no conozco sino un ejemplo de ‘revolución cristiana’ auténtica:
la que el presidente Eduardo Frei
intenta en estos momentos en Chile,
y no es seguro que haya de tener éxito”[9].

no se hablaba entonces aún de indemnización ni de expropiación por causa del bien común ni de desarrollo de la comunidad rural ni de reforma agraria ni de revolución en libertad pero hay que decir que lo que demolieron ‘el duro escollo en que se abatían sus energías con el duro azote de la penitencia” no está nada de mal para una época tan poco eufemística como aquella[10].

 

En este libro, Dalton se preocupa de deslindar con precisión el territorio desde donde habla; el epígrafe, que sugiere el título, es nítido al respecto; las palabras son de J. Longman: “…las formas del pensamiento pequeño-burgués –ya sean religiosas, estéticas o políticas– son más latentes y ubicuas que los hongos, y más equívocas que la sífilis, llamada por los médicos ‘la gran imitadora’…”[11].

En esta misma obra, en una nota a pie de página se menciona colateralmente al crítico literario Hernán Loyola, con su término pareques[12].

En 1959 volvería a Chile; ahora como corresponsal, reporteando la conferencia de cancilleres de la Organización de Estados Americanos (OEA). “En ese cónclave, –recuerda Roque–, el doctor Raúl Roa, el doctor Armando Hart, incluso la presencia en Chile de Raúl Castro, conmovieron, según recuerdo, intensamente a las masas populares chilenas”.

Roque Dalton estuvo en Chile, durante el gobierno de la Unidad Popular, así lo testimonia Fabio Castillo Figueroa, quien se encontró por última vez con él en nuestro país, la noche de Año Nuevo de 1972, en Santiago. En dicha ocasión celebraron juntos, en compañía de Regis Debray. Considerando los contertulios, uno de los temas eran las posibilidades revolucionarias en el continente. En dicha ocasión,  Debray habría señalado que no creía posible que El Salvador pudiera generar un movimiento revolucionario importante debido a ser un país muy pequeño; Roque y Castillo coinciden en que la lucha independiente de El Salvador no lo conseguiría, pero sí la lucha regional como Centroamérica unida. Según Caterina Monti, esto explicaría por qué Dalton tuvo relación e intenciones de afiliación en otros partidos revolucionarios centroamericanos, como el guatemalteco Ejército Guerrillero de los Pobres, EGP[13]. La referencia a la determinante geográfica en El Salvador nos recuerda el mismo problema, planteado explícitamente en Un libro rojo para Lenin.

También en Un libro levemente odioso se encuentran dos poemas que dan cuenta de la atenta mirada de Dalton sobre el proceso de la Unidad Popular en Chile:

Des-cubrimiento

A Miguel Littin

No me cubran los ojos

Yo también
como el Chacal de Nahueltoro
quiero ver.

Y no se pongan bravos
porque aún quiero ver.

Nunca es tarde nunca hay tiempo de sobra
no hay lugar incongruente
para descubrir la vida
tras el humo de los falsos misterios de la vida.

El hombre no es un animal extraño
carajo[14].

No sólo se detiene en respaldar las producciones culturales que le parecen relevantes, también crítica las posturas nihilistas, envueltas en una circense mirada burguesa:

Poeta libre

                      Cuba sí.
                                Yanquis también.

                                                       Nicanor Parra.

¿Chile?
Depende…[15]

Como ya se sabe, nosotros sobre todo, ese depende se resolvió de manera drástica en nuestro país. Roque, de regreso en El Salvador, clandestino, mantenía la mirada sobre Chile. En al menos dos poemas, escritos probablemente en 1974, despliega su mirada. El primero de ellos está incluido en el conjunto de poemas titulado “Historias y poemas contra el revisionismo salvadoreño”, y está firmado como Juan Zapata:

Maneras de Morir

El Comandante Ernesto Che Guevara

llamado por los pacifistas
el gran aventurero de la lucha armada
fue y aplicó sus concepciones revolucionarias
a Bolivia.
En la prueba se perdió su vida y la de un puñado de héroes.

Los grandes pacifistas de la vía prudente
también probaron sus propias concepciones en Chile:
los muertos pasan ya de 30 mil.

Piense el lector en lo que nos dirían
si pudieran hablarnos de su experiencia
los muertos en nombre de cada concepción.

El otro poema pertenece a “Poemas para ir pensándolo bien”, firmado por Luis Luna. Aquí, Dalton da cuenta de cómo se percibían los acontecimientos nacionales, a partir de la información accesible en el extranjero:

Hitler Mazzini: Comparación Entre
Chile en 1974 y El Salvador en 1932

No me extraña que calumnien
a la Honorable Junta Militar de Chile.

Los comunistas son así.

Dicen que unos cuatro meses
los militares han matado
a más de ochenta mil chilenos.

Eso es una exageración
pues las pruebas concretas
dicen que los muertos no pasan
de unos cuarenta mil.

Así fue con lo de El Salvador en 1932.
Los comunistas dicen que el General Martínez
mató en menos de un mes
a más de treinta mil guanacos.
Eso es una exageración:
los muertos comprobados no pasaron de veinte mil.

Los demás
fueron considerados desaparecidos[16].

Otras conexiones se encuentran entre la obra de Roque y nuestro país. Las palabras de Gabriela Mistral, “…El Salvador, el Pulgarcito de América…”, sirven de epígrafe a su libro Las historias prohibidas de Pulgarcito. No creemos que el diminutivo le haya molestado a Roque, no sólo porque lo incorpora en el título de su libro, sino porque él mismo ya había dicho que:

Ay es que soy funcionario
del Partido Comunista más chiquito del mundo
uno que tratará de hacer su revolución sin miles de muertitos
porque se arruinarían las posibilidades de la agricultura nacional
con las tumbas.

(“El ser social determina la conciencia social”, Taberna y otros lugares, 1969)[17].

2
De cómo la formación de la conciencia lleva a tomar decisiones en la vida
y de cómo esas armas, perdón, decisiones, llevan implícitas definiciones estéticas.

No era necesario que, después de su asesinato, los críticos coincidieran en que la primera etapa de la poética de Roque Dalton estaba influencia por Neruda. Él ya lo tenía claro en vida: “veo una época en que formalmente y musicalmente estoy influenciado por Pablo Neruda”, señalaba, “al igual que un gran número de poetas latinoamericanos de mi edad, partí del mundo nerudiano, o sea de un tipo de poesía que se dedicaba a cantar, a hacer la loa, a construir himno con respecto a las cosas, el hombre, las sociedades. Era la poesía canto. Si en alguna medida logré salvarme de esa actitud, fue debido a la insistencia en lo nacional. El problema nacional en El Salvador es tan complejo que me obligó a plantearme los términos de su expresión poética con cierto grado de complejidad, a partir por ejemplo de su mitología. Y luego, cierta visión del problema político para la cual no era suficiente la expresión admirativa o condenatoria, sino que precisaba de un análisis más profundo.” Esta opinión, dada en una entrevista a Mario Benedetti en 1969, sería profundizada ¡y de qué manera! En Taberna y otros lugares, publicado ese mismo año:

Hombre despalabrado no es sinónimo de mudo sino de zombie. Un poeta despalabrado puede seguir publicando libritos en ediciones de lujo y dar cocktails para ir tirando en las páginas literarias, o ingresar incluso a las Academias o a los Clubs. Pero si Neruda –para citar un caso conocido– tiene algo de zombie a partir de Residencia en la tierra, ¿cómo descubrir, reconocer, clasificar el virus de lo muerto, el perfil cadavérico en sus libros posteriores, la masa viscosa eliminable para aislar los elementos arquitectónicos que mantiene la fisiología de la locomoción y los desplantes respiratorios del muerto-vivo a quien la sal envenenaría; es decir, en fin, cómo diferenciar una palabra viva de una lista para el camposanto?[18].

En este texto ardiente, al igual que en otros, se aprecia la clara voluntad de Dalton de realizar la revolución en la revolución: su principal objeto de crítica, al interior de la estética producida por los escritores de izquierda, será cualquier expresión de realismo socialista, aunque eso incluya a Neruda. De hecho, no deja de ser significativo que este texto –titulado “Con palabras”– esté dedicado al poeta chileno Enrique Lihn, en su boda, se nos precisa. Las opciones son claras, pero sobre la relación entre Dalton y Lihn volveremos más adelante[19].

En su novela póstuma Pobrecito poeta que era yo (publicada en 1976), se encuentran los siguientes diálogos:

Lo que no me gusta de la poesía del viejo es que es poesía de cantor. Claro que eso es culpa de la tradición latinoamericana, tan superficializante, que nos llega por llega por la vena de Darío y sigue imponiéndosenos por las arterias de Neruda. Si no aparece Vallejo, a esta hora, para escribir poesías en nuestros países habría que usar trompetas y atabales…
–¿Qué es un poeta marxista? A ver, Gabino…
–Yo sólo conozco a dos o tres. Lenin es uno. Y Brecht.
–Y Neruda.
–¡Nunca me hagas eso! Neruda es Rubén Darío, con menos tragos…

Las relaciones con Neruda venían mal desde antes, desde El turno del ofendido, cuando Roque había escrito que los burócratas “leen el Reader Digest y los poemas de amor de Neruda”[20].

De este modo, la crítica política al revisionismo marxista en América Latina, llevó a Roque Dalton a criticar, también, la elaboración poética que la izquierda tradicional había desarrollado. Una poética fuertemente influida por el realismo socialista, en donde se encontraban entrelazadas la épica que linda con el idealismo; la voz del poeta como el representante del pueblo;  una producción poética que describe y denuncia, pero que no devela ni propone. A esta poética mesiánica y realista –en el sentido más restringido del término–, Roque opondrá una poética cotidiana, reveladora de la realidad y propositiva. Una poética en la cual, progresivamente, la voz del poeta tiende a diluirse, mezclándose con las voces de la calle, de la prensa, de los libros. En definitiva, desarrolla la concepción de una poesía dialéctica, tanto en su momento de elaboración como en la recepción que de ella se pueda realizar; al mismo tiempo, propone la figura del poeta como un integrante más de la sociedad: ni payaso ni grillo de la conciencia. En ese sentido, el poeta no está exento de los derechos y deberes de todos: “La asimilación crítica de la realidad / debe ir más allá de rascarse la cabeza”[21], señala. Dalton vivió y murió bajo esa premisa.

3

De cómo los abrazos se transforman en memoria, y esta en poemas, ensayos, críticas, canciones, y la amistad se hace perdurable, a pesar de los años del plomo

Uno de los que recuerda a Roque es Roberto Bolaño, quien en una entrevista reseña imágenes que lindan con la recreación de la memoria. A partir de una pregunta sobre la cultura de la extrema derecha en América Latina, Bolaño señala:

-Ciertamente, no sólo los fachas cometieron horrores en América Latina. Ahí está el caso de aquel poeta salvadoreño que asesinaron sus camaradas. Roque Dalton. Yo conocí a varios de los que mataron a Roque Dalton. Viví en El Salvador antes de que comenzara la Guerra Civil, y de los diez comandantes principales cuatro eran escritores. Y a dos de ellos los conocí. A uno que se llamaba Cienfuegos y a otro que no sé cómo demonios se llamaba. Y conocía a muchos escritores y…

Gente encantadora, seguramente
-Hombre, sí, encantadores. Algunos no tanto. Además, yo recorrí toda la costa del Pacífico de América Latina en mi camino hacia Chile en el año ’73, y estos tenían mi edad: veinte años, veintidós, veintitrés… O algo más. Quien me presentó a esta gente fue Manuel Sorto, que era el cineasta oficial de la guerrilla, el que filmaba las películas, a riesgo de su vida, que luego se exhibían en todo el mundo. Fue una persona muy ética. Pero, por ejemplo, Cienfuegos, que es uno de los que dieron la orden de matar a Roque Dalton, yo me pregunto si, incluso, no hay allí una enemistad literaria.
-¿Por qué? ¿Era un poeta malo?
-No, Cienfuegos no era un poeta malo, pero no tenía nada que hacer al lado de Roque Dalton. Creo que a Dalton lo mataron, básicamente, por lo de los hijos haciendo el ritual de la matanza del padre.
-Pero en vez de literaria, esa vez la matanza fue literal.
-Sí, sí, literal. Además lo mataron mientras dormía. No, no lo despertaron; él nunca supo que lo iban a matar.
Discutieron durante todo el día, porque Roque Dalton se oponía al levantamiento armado y los comandantes decían que ya era la hora y que había que empezar la revolución.
No llegaron a ningún acuerdo; Roque Dalton se fue a dormir, los comandantes siguieron discutiendo y dijeron: hay que matarlo[22].

Estas declaraciones de Roque, reiteradas en diversas reseñas biográficas de Bolaño, motivan el comentario del salvadoreño Carlos Parada, quien acota:

Para haber conocido a “Roque Dalton y a sus asesinos” me imagino que Bolaño debió haber tenido algún contacto con el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) (…). Me imagino que la visita de Bolaño a El Salvador debe de haber sucedido en 1974 o a principios de 1975, antes del asesinato de Roque en mayo de ese último año. Sin embargo, me pregunto cómo pudo Bolaño haber llegado a El Salvador desde Chile y haber encontrado a Roque si este ya se encontraba en la clandestinidad. Quizá lo más probable es que Bolaño se comunicó con él a través de contactos con el ERP en México. Bolaño le pudo haber mandado una nota a través de un contacto de confianza de ambos para concertar una reunión. En todo caso, para haberse reunido con Roque Dalton y haber conocido a la cúpula del ERP (los asesinos), Bolaño debió haber entrado a El Salvador bajo las más estrictas reglas de seguridad. Los dirigentes del ERP no hubieran permitido una brecha de seguridad que pusiera en peligro su organización político-militar y su proyecto revolucionario. 

Fuera de lo que sería una visita entre poetas, no sé qué habrá motivado al ERP a permitir la entrada de Bolaño a El Salvador. ¿Habrá tenido el ERP interés en reclutarlo? A esas alturas Bolaño ya tenía cierta experiencia revolucionaria dado que había participado en la resistencia al tanquetazo de Pinochet en Chile. ¿O será que Bolaño llegó a El Salvador ya reclutado por el ERP? Si Bolaño tuvo que llegar a El Salvador siguiendo estrictas reglas de clandestinidad,  parecería inverosímil que el ERP se haya tomado la cortesía de enviar a un poeta y ex militante chileno a El Salvador solo para ir a charlar con un amigo poeta. No creo que el ERP le haya permitido acceso a los miembros de su cúpula a un “turista revolucionario”; especialmente dado los niveles de paranoia que parecen haber existido en el partido y que desembocaron en las acusaciones contra Roque Dalton de que este era agente de la CIA. Ahora bien, si la visita de Bolaño implicó una militancia, ¿qué lo habrá hecho salir de El Salvador? Entrar y salir de una organización revolucionaria no es cuestión de soplar y hacer botellas. La cosa no es tan sencilla si se tiene convicción. Solo el miedo o la desilusión obligarían a un militante a abandonar un grupo guerrillero con las inevitables acusaciones de deserción y traición[23].

Las interrogantes que plantea Parada son lo suficientemente lógicas como para estimar que, efectivamente, Bolaño –en este aspecto de su vida– realiza una recreación de la memoria. De hecho, en la entrevista en la cual Bolaño realiza estas declaraciones, él no precisa la fecha de dicho encuentro. Señala que recorrió la costa del Pacífico el año 1973, rumbo a Chile y que vivió en El Salvador antes del inicio de la guerra civil, es decir, 1980. Considerando que Roque Dalton ingresa clandestino a su país el 24 de diciembre de 1973 y es asesinado el 10 de mayo de 1975, los cálculos de Parada son pertinentes, tanto como las razones esgrimidas para poner en duda la realización de dicho encuentro.

A pesar de esta suerte de arqueología literaria, Bolaño se refiere a Dalton en su libro Tres, de la siguiente manera:

      1. Soñé que estaba soñando y que en los túneles de los sueños encontraba el sueño de Roque Dalton: el sueño de los valientes que murieron por una quimera de mierda[24].

Varios años antes, el poeta Pedro Lastra había escrito su poema “Noticias de Roque Dalton”, en el cual homenajea al amigo con el cual compartió conversaciones y caminatas por Checoslovaquia; en una entrevista, Lastra rememora su visita al cementerio de Praga junto a Roque Dalton en 1966, en la cual, mientras Roque intentaba descifrar las inscripciones de las tumbas, mientras le relataba a Lastra sus cortejos mímicos a las checas de las que se enamoraba[25]. He aquí el poema:

NOTICIAS DE ROQUE DALTON
Para Rigas Kappatos

Yo digo Roque, Roque,
y empieza esta función como en un cine continuado:
en el cuarto oscuro de la memoria
Roque va revelándose a sí mismo,
se despliega en una larga cinta,
cambia de traje, cambia
de maquillaje (yo creo que no lo necesita).

Roque actúa para sus amigos
en los numerosos teatros de los recuerdos que los constituyen
y en los que Roque se establece
en un escenario giratorio:
a cada cual su escena, su diálogo con Roque.

Y esto puede ocurrir en Santiago de Chile,
año cincuenta y nueve por ejemplo:
un recital con jóvenes poetas.

Yo aparezco por ahí, en un rincón
mirando en dirección a Roque.

Y luego será en Praga, la visita
al Cementerio Judío. Roque un guía
posesionado de su papel, que descifra
esas enmarañadas inscripciones y lee
para su amigo viajero,
de paso en la ciudad, lo que le dicta
la inspiración del momento.
Aquí Roque improvisa, esto es obvio,
como lo hará más tarde en la Sinagoga
traduciendo un minucioso informe sobre el Golem
y el Gran Rabino Löew:
-Esta vaina no la entendí muy bien.
-¿Cómo dice, cómo dice, qué es eso de la vaina?,
y la mujer te mira seriamente.
-Nada, nada, que me interesa mucho lo que hacía el Rabino.
Y era cierto que te interesaba,
pero cómo ibas a decirlo de otro modo,
Roque de Centroamérica.
Y entonces una escena en movimiento, en un bus
por la avenida Providencia abajo,
año setenta y dos,
con algunos papeles en la mano.
y ese bus sigue y sigue, y se detiene
a la entrada de la Sinagoga.
Desde ahí nos desplazamos hacia el Cementerio Judío.

Yo trato de leer lo que leíamos,
ahora ya sin Roque y por lo mismo
sin entender absolutamente nada[26].

Esta relación de amistad, consagrada en el poema en cuestión, ha sido incluso objeto de breve reflexión para algunos de los críticos que se han detenido en la obra de Lastra.

Para Miguel Gomes, por ejemplo, el poema de Lastra, “Noticias de Roque Dalton” puede ser leído al interior de una dimensión en la cual se expresa la voz hablante del amigo, junto a poemas como “Relectura de Enrique Lihn”, “Relectura de Viaje a la última isla”, “Por qué corría Óscar Hahn o historias vividas”. En palabras de este crítico, en estos poemas se puede advertir una voz poética que busca una superación creadora de los hábitos vanguardistas o paravanguardistas, la intertextualidad que a la larga predomina trata de no ser conflictiva. Y un modo de realzar dicha visión es el homenaje a una serie de autores con quienes el lector asiduo de poesía hispánica está sin duda familiarizado; el poema que se desarrolla como remisión amistosa es él mismo y es “otro”, y la subjetividad duplicada nos recuerda constantemente que la humana fragilidad de quien escribe no es autosuficiente, en contraste con el “Yo soy” vetero testamentario (Exodo 3: 14) que resume la experiencia poética nerudiana hasta 1950, en el cierre del Canto general, o con la omnipotencia y autonomía de Altazor, Génesis y Apocalipsis del lenguaje.

Por otra parte, como ocurre sobre todo en “Noticias de Roque Dalton”, el amigo suele ser también una especie de testigo memorioso de personajes a los que se cede el protagonismo[27].

En relación a este mismo poema, el crítico literario Grínor Rojo señala que esta voluntad por el ejercicio de la memoria, adquiere un tono elegíaco, algo que no nos parece tan claro, considerando los rasgos específicos que es posible advertir en el poema transcrito[28].

El mismo carácter elegíaco se lo atribuyen Luis Correa-Díaz y Silvia Nagy-Zekmi, aun cuando ellos también señalan la presencia de la fraternidad que contienen dichas palabras: “una de las mejores lecciones que Lastra y su obra encarnan y rezuman: simplemente, la lección, el ethos de la fraternidad y sus ceremonias afectuosas, cordiales. Lección que cobra mucho más importancia cuando esta parece tan primitiva a los ojos de nuestro ‘self-made’ competitivo, agresivo, aislado en sí mismo a la postre, y que, paradójicamente, tanta idolatría, sumisión y servilismo de toda especie nos pide. Un aprendizaje que, para recordar aquí uno entre tantos, se nos ofrece de modo ejemplar en el poema memorial (elegíaco) “Noticias de Roque Dalton,” donde la ausencia del amigo, después de su recuerdo, es capaz de oscurecer el mundo para el que ha de continuar solitario: “Yo trato de leer lo que leíamos, / ahora ya sin Roque y por lo mismo / sin entender absolutamente nada”[29].

Por su parte, Óscar Sarmiento, sostiene que tanto “Noticias de Roque Dalton” como “Noticias del maestro Ricardo Latcham”, de Lastra, son “verdaderas conmemoraciones de figuras claves para las letras hispanoamericanas y, de alguna manera, se perfilan como cartas de despedida de un amigo, discípulo, o compañero de ruta, para los personajes ya fallecidos”[30].

Este poema también ha llamado la atención de Elizabeth Monasterios quien, aparte de señalar que “Noticias de Roque Dalton” es un caso notable de poema infaltable, afirma que él –como en otros poemas similares de Lastra–, “entra en juego ese poderoso mecanismo anti-moderno que Proust tan acertadamente denominó ‘memoria involuntaria’ y caracterizó como la irrupción de un pasado al que no llegamos a través del intelecto de la civilización moderna, y que se manifiesta en algún ‘objeto material’ o en la sensación que este provoca en nosotros” (p. 151).

Siguiendo esta línea de análisis, la autora sostiene que “en la poética de Lastra encontramos una serie de composiciones en las que el pasado recibe este tratamiento, es decir, irrumpe salvajemente en el poema, des-ordenando el curso del tiempo. Una de ellas es ‘Noticias de Roque Dalton’, escrita precisamente bajo el signo de la memoria. Un acto de memoria voluntaria ha concebido la existencia de esta composición, pero es la irrupción de una ‘memoria involuntaria’ lo que la convierte en poema, en obra de arte. Aquí Roque Dalton emerge literalmente del ‘cuarto oscuro de la memoria’. Literalmente también los mecanismos que lo convocan no obedecen a una biografía o al recuento cronológico de una vida, sino a una suerte de perspectivismo, multitemporalidad, y puesta en crisis de todos aquellos elementos que alguna vez garantizaron la idea (moderna) de que el presente es una línea recta que avanza hacia el futuro, desentendiéndose del pasado. En este poema el recuerdo perspectivístico y la memoria multitemporal de la enunciación se llena de pasado, y cualquier noción de futuridad queda desligitimizada en tanto carezca de experiencia pretérita” (p. 152. La autora cita el poema desde el libro Leve canción).

Continuando su análisis, Monasterios se interroga: “¿Qué lector de Lastra puede desestimar la considerable re-orientación temporal que produce este poema? El homenaje, motivo inaugural, ha dado paso a una vigorosa reflexión en torno al recuerdo y la memoria. Sin ellos, que constituyen a Roque, el presente ‘no se entiende’ y el futuro resulta simplemente inexistente. Presente y futuro, ejes de la temporalidad moderna, dejan de protagonizar  una experiencia satisfactoria del tiempo; y el pasado, nutrido de recuerdos que desordenan la única temporalidad que conocemos, empieza a dar sentido a una experiencia de ser-y-estar en el mundo distinta a la prescrita por lógicas convencionales. Hay que subrayar que esta perturbación no llega al poema a través de un acto intelectual voluntario, tampoco por los caminos de la nostalgia, el duelo o la melancolía (tan visitados por la literatura chilena de la postdictadura), sino a través de la irrupción de una memoria que convierte al recuerdo en acto epistemológico que envía más allá de la racionalidad convencional, allí donde gobierna una temporalidad anterior a la instalada por la episteme moderna y sus agentes instrumentalizadores, que en el caso de Chile remiten a la modernidad industrial, la impunidad dictatorial, al ‘progreso’ neoliberal y sus transicionistas ‘pactos sociales’. Agentes estos que sin necesariamente quedar registrados en el poema, lo provocan”. (p. 153).

En definitiva, para Monasterios, en este poema “el pretérito es un tiempo que constituye al sujeto” (p. 154).

 Otro destacado poeta chileno que le ha dedicado un poema a Roque fue Enrique Lihn. En este caso, parece evidente que la relación entre ambos no se limitó a meros encuentros formales en torno al espacio literario, sino que fue la expresión de una relación de amistad. Así, al menos, se puede desprender del poema en prosa “Con palabras”, que es dedicado por Roque a Enrique Lihn, “en el día de su matrimonio”.

El poema que le escribió Lihn a Dalton fue publicado en su libro La musiquilla de las pobres esferas, y es el siguiente:

A Roque Dalton

Soy un poco poeta del chambergo flotante,
de los quevedos flotantes, de la melena y la capa española;
un viejo actor de provincia bajo una tempestad artificial
entre los truenos y relámpagos que chapucea el utilero.
Si mal no recuerdo, monólogo, me esmero
en llenar el vacío en que moldeo mi voz,
y la palabra brilla por su ausencia
y el drama me es impenetrable.
Envejezco al margen de mi tiempo
en el recuerdo de unos juegos florales
porque no puedo comprender exactamente la historia[31].

 

El mismo año en que se publica este libro, Roque Dalton obtiene el Premio Casa de las Américas, con su libro Taberna y otros lugares, en donde se incluye el texto “Con palabras”, que está dedicado a Enrique Lihn.

Respecto de las conexiones que se establecen entre las poéticas de ambos autores, la crítica literaria Carmen Foxley, establece vasos comunicantes entre el poema “Porque escribí”, de Lihn, y el ya mencionado “Con palabras”, de Dalton, para Foxley, en “Porque escribí”, Lihn se opone al “presupuesto revolucionario de la poesía de Roque Dalton” (cita 45, p. 98), “mas se reconoce en ciertos rasgos que no menciona, pero que podemos inferir. Reconoce en Dalton su propia ironía, el modo de integrar las propias contradicciones en las de la sociedad, en la mutua resonancia de conflictos personales y sociales, en las críticas a la modernidad y en la convicción que no hay creación poética sin meditación sobre el lenguaje” (p. 98).

En una cita a pie de página, en donde la crítica profundiza al respecto acota: “Podemos agregar que en Roque Dalton, Taberna y otros lugares, Premio Casa de las Américas 1969, el mismo año en que se publica La musiquilla… [de las pobres esferas], Roque Dalton dedica a Enrique Lihn el texto ‘Con palabras’, en el que se cuestiona la posibilidad de conocer todas las posibilidades de la palabra, y se discute que ‘aceptar la existencia de palabras que no se puedan decir de ninguna manera… es un hecho gravísimo’, pp. 108 y 111. Seguramente es una réplica a algún planteamiento de Lihn respecto a que la poesía investiga las posibilidades de la palabra y que no es aceptable que la poesía haga suya la tarea de hacer la revolución social. En ese libro aparece ‘Taberna’, op. cit., p. 154, un texto de Dalton construido en base a conversaciones escuchadas en una taberna de Praga. Advertimos que ese mismo modelo se trabaja en Estación de los desamparados escrito en 1972 y publicado en 1982, prueba de la interconexión productiva” (p. 111).

“Vemos que en ese poema a Roque Dalton, Lihn alude a los rasgos que comparte y con los que se identifica, aunque no deja de marcar la diferencia. El supuesto es ‘yo soy en el mundo con otros’ pero en una relación problemática, aunque paradojalmente se lo vea al margen de su tiempo en llenar el vacío en que moldeo mi voz”, “Envejezco al margen de mi tiempo” (p. 98)[32].

Por otro lado, y como dato mitad circunstancial, mitad accesorio, Enrique Lihn escribió en Cuba la pieza dramática “Recital o la máquina difamatoria”, una obra en verso libre y paródico, cuyos personajes son Pablo Neruda, Matilde Urrutia, Nicanor Parra, Roque Dalton y otros poetas. La recepción de esta obra no fue precisamente favorable, ni en la isla ni en Chile. En la primera, el escrito fue rechazado por Roberto Fernández Retamar y en el país, por el propio Neruda. El vate tenía poderosas razones: Lihn lo identificaba en la obra con un agente de la poeCIA[33].

Uno de los últimos homenajes poéticos a Roque, realizado por un poeta chileno, corresponde al poema “Gato negro para Roque Dalton”, de Carlos Decap. Este texto se incluye en la primera parte de su libro Golpes de vista[34].

GATO NEGRO PARA ROQUE DALTON

No hace falta un Gato Negro para que te hable de Roque Dalton.
La humanidad es un concepto de onanistas, te lo cito y ríes.
Y no es que quiera decir que los jóvenes seamos los ángeles del decoro.
Lo que pasa es que hemos aprendido rápido
y también somos unos buenos hijos de puta.
La diferencia está en que tenemos estos ratos de ocio
para hablar de este mismo Roque
condenado dos veces al mismo infierno
(y eso no lo sabía Heráclito)
y resucitado y citado una y otra vez
hasta que las balas de sus propios
camaradas le aseguran la misma vida nueva.
Pero bueno ya dame ese Gato de mierda.

La cita, ¿es necesario decirlo?, corresponde a uno de los libros (y poema) más difundidos quizás de Roque: Taberna y otros lugares[35].

Para Álvaro Ruiz este poema más adelante se despliega y se cierra sosteniendo que Dalton fue al infierno dos veces y que resucitó, cual Ave Fénix, para alcanzar una merecida vida nueva[36].

Pero la presencia no es solo poética, estrictamente hablando; también se expresa en las referencias que otros poetas realizan sobre la obra de Roque Dalton. De este modo, por ejemplo, Eduardo Llanos, al responder la pregunta referida a qué autor de la literatura universal considera injustamente olvidado, señala que, “entre los latinoamericanos, creo que Roque Dalton merece relectura”[37]. Por su parte, José Miguel Varas menciona a Roque como uno de los escritores de los cuales se retroalimenta[38]. También es una de las lecturas mencionadas por César Cabello, Jesús Sepúlveda o Sergio Mouat.

Raúl Zurita, sin embargo, establece una sutil diferencia de aproximación a la vida y obra de Roque, cuando señala que es “un admirador profundo de Roque Dalton, es decir, admiro profundamente su vida. Me compadezco y me conmueve profundamente su muerte pero su poesía nunca me gustó. Me gusta más Ernesto Cardenal”[39]. Esta declaración dada por el poeta chileno en una entrevista no deja de ser extraña, toda vez que si en un poeta latinoamericano es en extremo difícil diferenciar la vida y la obra, es en el caso de Roque Dalton, parece audaz intentar proponer que es posible, en el caso del poeta salvadoreño, separar su vida de su poesía.

Para otros creadores, como es el caso de Virginia Vidal, el homenaje se realizó de manera oblicua pero marcadamente identificada con el sentido de la obra de Dalton. Cuando reapareció la revista Punto Final, luego de una prolongada clausura impuesta por la dictadura militar, ella comenzó a colaborar en ella con el seudónimo de María Micaela Tobar, “mi homenaje secreto a Roque”, precisó Vidal[40]. El nombre escogido, se debe recordar, pertenece a una de las voces incluidas en el libro Historias prohibidas de Pulgarcito.

Esta puntos de encuentro entre la revista Punto Final y Roque Dalton posee diversas expresiones. Según Patricia Bravo, Roque fue colaborador de la revista, aun cuando no precisa las fechas de dichas contribuciones. Por otro lado, esta misma revista publicó, en 1989, una edición económica de Un libro rojo para Lenin, la cual se vendía adjunta a esta publicación en los quioscos; aquel libro donde, entre otros textos, se incluye el poema de Vicente Huidobro, “Elegía a la muerte de Lenin”. Por último, en esta revista es posible encontrar de tiempo en tiempo artículos que recuerdan la vida y obra del poeta salvadoreño[41].

Tampoco ha sido distante la relación de la música chilena con la poesía daltoniana. El poema “Alta hora de la noche”, fue musicalizado por el grupo Illapu, mientras que “Epitafio”, por el poeta y rockero Mauricio Redolés.

Junto con los consabidos homenajes, los intelectuales chilenos han revisitado la obra de Roque para desarrollar aproximaciones indirectas a su obra. De este modo, por ejemplo, Óscar Galindo toma la obra “Taberna” para representar las relaciones existentes entre las ciencias sociales y la poesía. La posibilidad de utilizar poéticamente diversos materiales lingüísticos lo encuentra, como “ejemplo notable” en el poema “Con palabras”. Para Galindo, este es un texto “de carácter mutable, a caballo entre la poesía y el ensayo literario sobre el lenguaje. Pero el texto que interesa, en términos de mutación disciplinaria, bajo la forma de la transcripción testimonial (cercano en su procedimiento de construcción a Estación de los desamparados, de Enrique Lihn), es precisamente el poema ‘Taberna (Conversatorio)’. En una nota introductoria explica la disolución de la categoría de autor y su reemplazo por el registro y transcripción de voces de otros, injertadas en el poema”[42].

Para Galindo, este poema se construye entonces como readymade verbal, utilizando una técnica similar a la que desplegó José Emilio Pacheco en “Lectura de los cantares mexicanos”, esto es, “un collage desjerarquizado de voces, registro entre lo popular y lo culto”. Citando a Saúl Yurkievich, Galindo señala que política y poética aparecen conjugadas en Taberna, como una galaxia de signos o polución semántica: “Poética, política, historia (la macrohistoria mundial y su espécimen, la microhistoria personal) discurren, dialogan, resuenan, reverberan, atraviesan todo el texto acompañándose, interceptándose, entrecruzándose, entramándose”[43].

Como lo señala Galindo, este mecanismo de construcción del discurso poético se puede apreciar también en Un libro levemente odioso, particularmente en el poema “Los hongos”, con su notable diversidad de voces, además, como lo precisa este crítico, “el texto se complementa además con reflexiones metapoéticas, políticas, sociológicas y culturales ya en el cuerpo central del poema o en notas a pie de página de la más variada procedencia sociológica o histórica”[44].

A pesar de los homenajes y las menciones a su obra, es posible afirmar que la recepción crítica a la obra de Roque en Chile no ha sido ni con mucho abundante; son escasos los artículos que examinan la obra de Roque, limitándose la gran mayoría a realizar semblanzas biográficas del poeta[45].

Pero si es por homenajes, quizás uno de los más sentidos y completos sea la novela Carta a Roque, de Isidora Aguirre.

De hecho, esta obra tuvo una interesante recepción crítica, la cual se expresó en la publicación de diversas notas y artículos sobre ella[46].


Ernesto Guajardo (Santiago, 1967). Ha publicado los libros de poesía Por la patria (1989, 1997, 2014), Nosotros, los sobrevivientes (1994), Las memorias (1996), El primogénito (2000), Geometría del ciclista (2013); el reportaje testimonial El fulgor insomne: la vida de Marcelo Barrios (2000); la investigación Manuel Rodríguez: historia y leyenda (2010) y Valparaíso, la memoria dispersa: crónicas históricas (2013).

 


Notas:

[1] Roque Dalton, Poesía; selección de Mario Benedetti, La Habana, Casa de las Américas, 1980, p. 270 (Colección La Honda); Roque Dalton, La ternura no basta: antología poética; prólogo de Víctor Casaus, La Habana, Casa de las Américas, 1999, p. 416 (Colección Literatura Latinoamericana, 136).

[2] Roque Dalton, “Primavera en Jevani”, en Poesía; selección de Mario Benedetti, La Habana, Casa de las Américas, 1980, p. 189 (Colección La Honda); Roque Dalton, La ternura no basta: antología poética; prólogo de Víctor Casaus, La Habana, Casa de las Américas, 1999, p. 327 (Colección Literatura Latinoamericana, 136).

[3] Roberto Fernández Retamar, “R. D.”, en Roque Dalton, Últimos poemas, 4ª edición, Buenos Aires, Editorial Nuestra América, 2004, p. 47 (Colección No Solo Palabras, 1).

[4] Roque Dalton, “El mar. I”, en La ternura no basta: antología poética; prólogo de Víctor Casaus, La Habana, Casa de las Américas, 1999, p. 101 (Colección Literatura Latinoamericana, 136).

[5] Roque Dalton, La ternura no basta: antología poética; prólogo de Víctor Casaus, La Habana, Casa de las Américas, 1999, p. 163 (Colección Literatura Latinoamericana, 136).

[6] Roque Dalton, La ternura no basta: antología poética; prólogo de Víctor Casaus, La Habana, Casa de las Américas, 1999, p. 178 (Colección Literatura Latinoamericana, 136).

[7] Roque Dalton, Poesía; selección de Mario Benedetti, La Habana, Casa de las Américas, 1980, p. 273 (Colección La Honda); Roque Dalton, La ternura no basta: antología poética; prólogo de Víctor Casaus, La Habana, Casa de las Américas, 1999, p. 426 (Colección Literatura Latinoamericana, 136).

[8] Roque Dalton, La ternura no basta: antología poética; prólogo de Víctor Casaus, La Habana, Casa de las Américas, 1999, p. 423 (Colección Literatura Latinoamericana, 136).

[9] Roque Dalton, Poesía; selección de Mario Benedetti, La Habana, Casa de las Américas, 1980, p. 281 (Colección La Honda); Roque Dalton, La ternura no basta: antología poética; prólogo de Víctor Casaus, La Habana, Casa de las Américas, 1999, p. 435 (Colección Literatura Latinoamericana, 136).

[10] Roque Dalton, La ternura no basta: antología poética; prólogo de Víctor Casaus, La Habana, Casa de las Américas, 1999, p. 440 (Colección Literatura Latinoamericana, 136).

[11] Roque Dalton, Poesía; selección de Mario Benedetti, La Habana, Casa de las Américas, 1980, p. 272 (Colección La Honda); Roque Dalton, La ternura no basta: antología poética; prólogo de Víctor Casaus, La Habana, Casa de las Américas, 1999, p. 425 (Colección Literatura Latinoamericana, 136)..

[12] Roque Dalton, Poesía; selección de Mario Benedetti, La Habana, Casa de las Américas, 1980, p. 304 (Colección La Honda).

[13] Caterina Monti, “Crimen de carácter complejo”, 16 de junio de 2004 <http://www.weblog.com.ar/2004/06/16/crimen-de-caracter-complejo/>

[14] Roque Dalton, La ternura no basta: antología poética; prólogo de Víctor Casaus, La Habana, Casa de las Américas, 1999, p. 417-418 (Colección Literatura Latinoamericana, 136).

[15] Roque Dalton, Poesía; selección de Mario Benedetti, La Habana, Casa de las Américas, 1980, p. 269 (Colección La Honda); Roque Dalton, La ternura no basta: antología poética; prólogo de Víctor Casaus, La Habana, Casa de las Américas, 1999, p. 415 (Colección Literatura Latinoamericana, 136).

[16] Roque Dalton, Últimos poemas, 4ª edición, Buenos Aires, Editorial Nuestra América, 2004, p. 57. (Colección No Solo Palabras, 1).

[17] Roque Dalton, Poesía; selección de Mario Benedetti, La Habana, Casa de las Américas, 1980, p. 190 (Colección La Honda); Roque Dalton, Con manos de fantasma; recopilación de Vicente Muleiro, Buenos Aires, Editorial Nueva América, 1987, p. 77 (Colección Nuevo El Salvador).

[18] Roque Dalton, “Con palabras”, en Poesía; selección de Mario Benedetti, La Habana, Casa de las Américas, 1980, p. 281 (Colección La Honda); Roque Dalton, La ternura no basta: antología poética; prólogo de Víctor Casaus, La Habana, Casa de las Américas, 1999, pp. 320-321 (Colección Literatura Latinoamericana, 136).

[19] Esta dedicatoria la hemos encontrado solamente en Roque Dalton, La ternura no basta: antología poética; prólogo de Víctor Casaus, La Habana, Casa de las Américas, 1999, p. 319 (Colección Literatura Latinoamericana, 136). En otras antologías que incluyen este texto no se señala dicha dedicatoria; sin embargo, considerando que esta antología fue realizada por el propio autor, no nos cabe duda de la exactitud de su existencia.

[20] Roque Dalton, “Los burócratas”, Poesía; selección de Mario Benedetti, La Habana, Casa de las Américas, 1980, p. 65 (Colección La Honda); Roque Dalton, Con manos de fantasma; recopilación de Vicente Muleiro, Buenos Aires, Editorial Nueva América, 1987, p. 28-29 (Colección Nuevo El Salvador); Roque Dalton, La ternura no basta: antología poética; prólogo de Víctor Casaus, La Habana, Casa de las Américas, 1999, p. 64 (Colección Literatura Latinoamericana, 136).

[21] Roque Dalton, Con manos de fantasma; recopilación de Vicente Muleiro, Buenos Aires, Editorial Nueva América, 1987, p. 80 (Colección Nuevo El Salvador).

[22] Entrevista a Roberto Bolaño, Lateral. Revista de Cultura, número 40, abril de 1998.

[23] Carlos Parada, “Libros caros, Los detectives salvajes y ¿Roberto Bolaño en el ERP?”, Literatura, Arte y Política (Apuntes y andanzas de un guanaco en el exterior) [blog], 25 de febrero de 2008 <http://literatura.typepad.com/blog/2008/02/libros-caros-lo.html>

[24] Roberto Bolaño, Tres, Barcelona, El Acantilado, 2000, 105 p. (El Acantilado, 38).

[25] Pedro Pablo Guerrero, “Noticias de Pedro Lastra”, “Revista de Libros”, El Mercurio, 27 de abril de 2008.

[26] Pedro Lastra, Noticias del extranjero, Santiago, Editorial Universitaria, 1992, pp. 73-74 (Colección Los Contemporáneos).

[27] Miguel Gomes, “Las estrategias del silencio: Pedro Lastra y la postvanguardia chilena”, Acta Literaria, Concepción, número 31, 2005, pp. 83-97. Publicado posteriormente en Silvia Nagy-Zekmi y Luis Correa-Díaz (editores), Arte de vivir. Acercamientos críticos a la poesía de Pedro Lastra, Santiago, RIL editores, 2006, pp. 27-44.

[28] Grínor Rojo, “La actividad del recuerdo: una antología de Pedro Lastra”, “Artes y Letras”, El Mercurio, Santiago, 18 de junio de 2006.

[29] Luis Correa-Díaz, Silvia Nagy-Zekmi, “El arte de la amistad: notas prologales a la poesía de Pedro Lastra”, Analecta: revista de humanidades, Viña del Mar, año 1, número 1, segundo semestre de 2006, pp. 49. Publicado posteriormente como “Prólogo”, en Silvia Nagy-Zekmi y Luis Correa-Díaz (editores), Arte de vivir. Acercamientos críticos a la poesía de Pedro Lastra, Santiago, RIL editores, 2006, 286 páginas.

[30] Óscar Sarmiento, “Noticias para el maestro: Pedro Lastra le escribe a Ricardo Latcham”, en Silvia Nagy-Zekmi y Luis Correa-Díaz (editores), Arte de vivir. Acercamientos críticos a la poesía de Pedro Lastra, Santiago, RIL editores, 2006, p. 46.

[31] Enrique Lihn, La musiquilla de las pobres esferas, Santiago, Editorial Universitaria, 1969, 84 páginas.

[32] Carmen Foxley R., Enrique Lihn: Escritura excéntrica y modernidad, Santiago, Editorial Universitaria, 1995. (Colección El Saber y La Cultura).

[33] César Calvo, “Enmarcando a Lihn”, Caretas, pp. 55-56.

[34] Carlos Decap, Golpes de vista, Santiago, La Calabaza del Diablo, 2005, 71 p.

[35] PERO ES QUE LA HUMANIDAD ES UN CONCEPTO PARA ONANISTAS. / PORQUE NO HAY HÉROES POSIBLES / CUANDO LA TEMPESTAD OCURRE / EN UN OSCURO MAR DE MIERDA.

[36] Álvaro Ruiz, “Los ojos del poeta, a propósito de Carlos Decap”, Taller de Letras, número 39, 2006, pp. 163-207, 2006. Este artículo, escrito en Lima el 23 de agosto de 2006, fue reproducido en <http://lacalabazadeldiablo.blogspot.com/2007_01_01_archive.html>.

[37] “Chile: Eduardo Llanos (1956)”, 3 de noviembre de 2007

<http://elcuestionariodelescritor.blogspot.com/2007/11/chile-eduardo-llanos-1956.html>

[38] Mario Casasús, “El golpe de Estado del 73 sepultó las esperanzas de hacer grandes cambios”, La Jornada, Morelos, 8 de mayo de 2006.

[39] Eunice Shade, “Así en la tierra como en el cielo”, 18 de junio de 2006.

[40] Mario Casasus, “Delia del Carril demostró que en el arte y la ciencia Chile puede ser un país sin fronteras” [entrevista a Virginia Vidal], La Jornada, Morelos, 4 de abril de 2006 <http://www.lajornadamorelos.com/index.php?module=pagesetter&func=viewpub&tid=1&pid=13361>.

[41] Véanse, como ejemplo: José Miguel Varas, “El fulgurante Roque Dalton”, Punto Final, Santiago, número 223, 8 de octubre de 1990, p. 18; Juan José Dalton, “El asesinato de Roque Dalton”, Punto Final, Santiago, número 301, 17 de octubre de 1993, p. 23; Pablo Jofré Leal, “Érase un hombre a su pluma y fusil atado”, Punto Final, Santiago, año 34, número 471, del 19 de mayo al 1 de junio de 2000, pp. 20-21.

[42] Óscar Galindo V., “Interdisciplinariedades en las poesías chilena e hispanoamericana actuales”, Estudios Filológicos, Valdivia, número 39, pp. 155-165, septiembre de 2004. La nota a la cual se refiere Galindo es la muchas veces difundida en antologías y revistas: “El poema Taberna, escrito como los demás de esta sección, en Praga, entre 1966 y 1967, resultó del recogimiento directo de las conversaciones escuchadas al azar y sostenidas entre sí por jóvenes checoslovacos, europeo-occidentales y -en menor número- latinoamericanos, mientras bebían cerveza en U Fleku, la famosa taberna praguense. El autor solamente ordenó el material y le dio el mínimo trato formal para construir con él una especie de poema-objeto basado a su vez en una especie de encuesta sociológica furtiva. En el conjunto de opiniones reunidas no hay ninguna que pueda atribuirse completamente al autor y por ello este las presenta en el seno del poema sin ninguna jerarquización, ni frente a la verdad, ni frente a la bondad moral o política. No es el propósito del autor intentar un planteo de soluciones a los problemas que se desprenden de la existencia de tales formas de pensamiento en una sociedad socialista. Ese intento podrá encontrarse, posiblemente, en la serie de acontecimientos políticos ocurridos en los países socialistas del centro de Europa en los últimos meses”.

[43] Saúl Yurkievich, “Roque Dalton: en las bocacalles de la historia”, Suma crítica, México, Fondo de Cultura Económica, 1997, pp. 563-571.

[44] Óscar Galindo V., ob. cit.

[45] Algunos de estos artículos son: Eduardo López Morales, “Análisis y poesía de Roque Dalton”, Cormorán, número 6, febrero-marzo de 1970, pp. 12-13; Jorge Narváez, “¿Quién fue Roque Dalton? (a siete años de su muerte)”, APSI, 20 al 31 de mayo de 1982, pp. 12-13; Daniel Torres, “Taberna de Roque Dalton, poética de la revolución”, Extremos, número 2, julio-diciembre de 1986, pp. 17-24; Reinaldo Sandoval Durán, “Roque Dalton Últimos poemas”, Renacer de Chile, 16 de junio de 1987, p. 2; Juan José Dalton, “La última vez”, Página Abierta, año 4, número 89, 7 al 20 e junio de 1993, p. 17; Sergio Muñoz, “El martirio del poeta Roque Dalton”, La Nación, Santiago, 15 de junio de 1993, p. 47; José Gabriel Lautaro, “Roque Dalton: las armas de la poesía”, La Cópula, Santiago, número 1, julio de 1994, pp. 12-16; “Roque Dalton, el poeta asesinado”, La Fuerza de la Verdad, Coyhaique, 8 de julio de 1994, pp. 1-2 (suplemento); Alberto Barrera, “Roque Dalton, 20 años después”, La Época, Santiago, 21 de mayo de 1995, p. 7 (suplemento); Mauricio Redolés, “Roque Dalton”, La Nación, Santiago, 30 de mayo de 1995, p. 15; Paula Miranda, “Conversaciones en la taberna: Enrique Lihn y Roque Dalton de los años 60”, El Periodista, año 1, número 10, 29 de abrl de 2002, p. 34; Rodolfo de los Reyes R., “La ventana en el rostro de Roque Dalton”, La Prensa, Curicó, 17 de septiembre de 2006, p. 6.

Una excepción a estos artículos de divulgación la constituye la extensa obra de Jorge Narváez, Roque Dalton: la escritura testimonio, Suiza, Resurgence, 1980, 386 páginas.

[46] “Una novela de amor para Roque Dalton”, Pluma y Pincel, Santiago, número 118, 29 de marzo de 1990, p. 12; “Isidora Aguirre y su carta a Roque Dalton”, La Época, 31 de julio de 1990, p. 35; José Miguel Varas, “Isidora Aguirre, de sorpresa en sorpresa”, Fortín Mapocho, Santiago, 2 de septiembre de 1990, p. 8 (suplemento); Ignacio Valente, “Un recuerdo de amor”, El Mercurio, Santiago, 7 de octubre de 1990, p. 5 (suplemento); Virginia Vidal, “La dignidad en el amor”, Punto Final, Santiago, número 223, 8 de octubre de 1990, p. 19; Wellington Rojas Valdebenito, “Isidora Aguirre y su carta a Roque Dalton”, La Tribuna, Los Ángeles, 15 de noviembre de 1990, pp. 3; 10. Artículo publicado también en Renacer, 14 de noviembre de 1990, p. 3; Patricio Varetto, “Carta a un poeta asesinado”, La Época, Santiago, 16 de diciembre de 1990, pp. 6-7 (suplemento); Juan Carlos González Colville, “Isidora y Roque”, El Heraldo, Linares, 11 de marzo de 1993, p. 2; “Carta a Roque Dalton”, El Ovallino, Ovalle, 20 de junio de 1993, p. 6; Pablo Elizondo, “Carta a Roque Dalton”, El Día, 10 de diciembre de 1999, p. 6.