Poema “Apóstrofe al Águila” de José Domingo Gómez Rojas

José Domingo Gómez Rojas, joven poeta asesinado por el Estado de Chile el 29 de septiembre de 1920. Su vida ha servido de ejemplo para generaciones de anarquistas que levantan propuestas, sobre todo desde el ámbito de la cultura, a las que estuvo ligado por medio de las escuelas nocturnas, la FECh, las sociedades de resistencias y sus compaleros literatos, camaradas, obreros y zapateros. En esta edición rescatamos su poema del libro “Rebeldías Líricas”.

Apóstrofe al Águila

Escrito a raíz de los sucesos revolucionarios de México. Dedicado a los hijos de la patria del dólar, donde la democracia mal comprendida tiene una demostración salvaje consagrando prácticas como la ley de Lynch que al decir de Barret: “El patear de la multitud sobre un cadáver caliente tiene algo de grande, de ultraenérgico, de pseudo-electoral, muy conforme con la psicología yankee.”
Dedicado a Yankilandia, que en nombre de la civilización, interviene en la vida de los débiles países pan-americanos cuando rinde culto frenético a los héroes brutales del box.
A los fieles adoradores del record que odiaban y linchaban a los negros mientras rendían culto a Jack Johnson.
A la patria de los millonarios avaros y filántropos del trust donde se dice existe la libertad más amplia, cuando se consagran las divisiones de razas y de clases.
A Yankilandia que se postra ante el becerro de oro y ante las ambiciones canibalescas y desdeña el culto a la belleza
A ti Yankilandia, dedico este poema, porque tú eres la encarnación de este siglo materialista e hipócrita.

Águila poderosa, cien veces atrevida,
que eres símbolo heroico de Libertad y Vida;
Águila prepotente de los tiempos romanos
que has sido siempre altiva y que odias los tiranos;
Águila que has orlado las líricas cabezas
de los que van al triunfo al son de Marsellesas;
¡Águila: los modernos han manchado tus galas!
La Yankilandia enorme quiso enlodar tus alas
con su ambición injusta.

¡Tú eres enigma rudo!
de Yankilandia avara figuras en su escudo
y en vez de ser el Águila que simboliza Vida
bajas hacer el ave de garra fraticida
los yankis han hundido tu garra prepotente
en Panamá, el Istmo, que como una serpiente
separa en dos porciones el tormentoso océano
y que une en cinta de oro “El Nuevo Continente”
con los pueblos latinos hijos de León Hispano.
¡Águíla te apostrofo!

Primero yo te alabo,
después, con mi anatema, en las alas te clavo
el desprecio del bardo, y del bardo y del profeta,
primero eres el Águila de gran pupila inquieta
que ansia la Libertad, la Luz y que en su vuelo,
hacia el “Sol de la Aurora”, domina todo el cielo;
pero cuando eres símbolo de Yankilandia fiera
dejas de ser el Águila potente y altanera
y tu vuelo atrevido se convierte en oprobio
y en vez de ser Águila caudal: eres microbio…!

Este siglo es hipócrita…y su grandeza fatua
es como New York que levanta una estatua
que nombra Libertad, y que en vez de ser plena
ciudad de Luz y Vida, es la norme cadena
del vil mercantilismo.

Yo nunca nada espero
del imperio del Trust, del Oro y del Acero…!

Los Monarcas del Dollar que en medio de grandezas
hacen loco derroche de imbéciles rarezas
-Mientras en los talleres el anónimo enjambre
de obreros da el aliento por la Razón del Hambre-
merecen el oprobio de todos los que gimen
de dolor y que odian las cadenas y el crimen

El País de los Records ha batido uno nuevo:
el de las Injusticias. Por eso un salmo elevo
por eso yo mis potros, mis potros en cuadriga
indómitos los lanzo al golpe de la mofa
y al chasquear de los látigos, que hieran la enemiga
frente de la Luz, con el verso y la estrofa

De Yankilandia símbolo. Águila prepotente:
teme azotar con tu ala en la virgínea frente
y hundir tu garra en la América Latina
porque quizás el Cóndor, el Cóndor no vencido,
despierte y te lance desde la cumbre Andina
contestando a tu insulto, su atronador graznido,
y al ver tus ansias viles, tus hombres miserables
lance sus veinte y una legiones formidables.
Y entonces será tarde… Tus hijos impotentes
gemirán de dolor, rechinarán los dientes
y entonces, Yankilandia, sobre el dolor del profundo
de tus hijos llorosos, dejarán inclementes
caer tus anatemas los hombres de este mundo.

Este siglo es hipócrita, es todo iniquidades;
¡qué sarcasmo, qué insulto! ¡qué blasfemia y qué encono!
decir por Yankilandia: “País de Libertades!”
cuando Cristo diría: “Caín ¡no te perdono!”.

Por eso mi apóstrofe que es todo fuerza y nervio
a Yankilandia lanzo, y en mi arranque soberbio
quisiera que mi Canto- Censura eternizara
como incienso que arde de la Justicia en la ara.

El germinal potente como fulgores de rayo;
la ínclita epopeya del “Primero de Mayo”;
las horcas de Chicago, aquel clamor que asorda
en la Patria de Lincoln, aquellas grandes piras
de Luz, piden a gritos el Nuevo “Sursum Corda”
y el “Nuevo Salmo Rojo” de las Modernas Liras.