“Pasaporte” de Claudia Vaca , análisis de Jéssica Freudenthal y muestra poética

El poemario Pasaporte de Claudia Vaca
Análisis de Jéssica Freudenthal

Hoy en día solemos escuchar en las presentaciones de libros: “en esta época del libro electrónico, de los videojuegos, las redes sociales y la televisión por internet, cada vez se hace más difícil la lectura…” Sin embargo, son poemarios cómo Pasaporte de un eLector los que abren nuevas posibilidades de la lectura y a la lectura.

Es un “poeporte” y es un “pasamario” (como diría Huidobro), es decir que es muchas cosas a la vez, he allí su potencial. Yo lo llamaría “una innovación del poema didáctico”, cultivado por los presocráticos y luego por los Románticos, esto bien lo sabía Arturo Borda.

Uno de los aspectos relevantes del poemario es el énfasis en los derechos humanos: la libertad; la seguridad; el reconocimiento a la personalidad jurídica; el que toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso el propio, y a regresar. El derecho a la nacionalidad, a la propiedad y a la libertad de pensamiento; a la libertad de opinión y de libre expresión; a la libertad de reunión y de asociaciones específicas; derecho al trabajo y derecho al descanso; derecho a un nivel de vida adecuado; derecho a la educación; derecho a participar de la vida cultural. Toda persona tiene deberes respecto a la comunidad, puesto que sólo en ella puede desarrollar libre y plenamente su personalidad.

Si este libro nos sirve para recordar y aplicar todo ello, aunque sea en la experimentación escrita, ya ha cumplido un gran cometido, pero es mucho más. Claudia Vaca, además de poeta, es educadora, promotora de la lectura y la escritura creativa, gestora, fundadora del colectivo LEE, filóloga, socióloga, promotora de la paz, y ahora miembro de ABLIJ. Todo ello, se conjuga en este libro. Didáctico, lúdico, poético, a mi personalmente me recuerda a las obras de Luis Luksic y Arturo Borda. Soñadores, políticos y activistas, que fluctuaban entre el vanguardismo el surrealismo y la protesta social. Claudia Vaca Flores, más que sublevarse o protestar, convoca al lector a ser un activo participante, un productor, un creador de su propia obra (vida), es decir un eLector.

A partir de la metáfora del viaje, y del pasaporte, Claudia nos invita a romper el concepto de frontera, la noción de libro, el pre-concepto de poema y de escritura, a imaginar un nuevo concepto de lector. Y por ello este es un “poemario para escribir”, y por ello la creación del propio alfabeto es fundamental para comenzar el viaje, así como la huella, que es también símbolo de nuestra identidad, de nuestra manera de ser y estar, única, personal y representativa en esta vida.

El poema “Lavados” denuncia el estado de emergencia de nuestro mundo, de la naturaleza, de los animales y los seres que lo habitamos. La palabra “lavar” adquiere fuerza a través de distintas connotaciones negativas, no relacionadas a la limpieza, si no más bien al lavado de dinero. El agua ya no es lo que lava, ni purifica, todo lo contrario, el dinero “lava”, volviendo todo ilícito y delictivo: el agua es entonces sangre y lágrimas. Lo didáctico en este caso viene después no solo con preguntas, si no a través de un acróstico de la palabra “moneda” (Moneta, sobrenombre de la diosa Juno) y derivado de “monere” en latín, amonestar, advertir, aconsejar… Así, Juno, consejera de los romanos, termina como una “moneda” vilipendiada, malgastada, “lavada”… Cuánto podremos aprender de este libro ¿no?

“País Boceto” es un poema base para en eLector, la identidad parte de la conciencia del rostro, ¿rostro de quién, de qué? Justamente la voz poética plantea que la simetría de este rostro esta dada o “sujetada” por un sistema y sus condiciones (recordemos por un instante al genio Galeano:

El sistema que programa la computadora que alarma al banquero que alerta al embajador que cena con el general que emplaza al presidente que intima al ministro que amenaza al director general que humilla al gerente que grita al jefe que prepotea al empleado que desprecia al obrero que maltrata a la mujer que golpea al hijo que patea al perro. (De Días y noches de amor y guerra)

Pero el “País Boceto” de Vaca Flores, nos da una opción para luchar contra ese sistema, dibujar ese país propio, por lo menos ese boceto, a partir de nuestro propio rostro, de nuestra libertad y conciencia. El cuerpo es el país, de allí la importancia de ese esbozo. Por ello partí con los derechos humanos universales, deben nacer de nuestro interior, de nuestras conciencias, de nuestros seres y cuerpos. Nosotros, nuestras conciencias, somos nuestras regiones y países, desde donde las democracias y los valores fundamentales, deben ejercerse primero desde y hacia nosotros mismos. Si nos atrevernos a forjarnos como el país que soñamos, para luego ser un territorio: de un cuerpo individual a un cuerpo social que se ame y se respete.

Claudia Vaca, como en la película The Matrix, nos da, en vez de dos pastillas, oportunidades para elegir boletos de viaje hacia un Éxodo, un Apocalipsis, o un Edén. Borda hablaba también de ello. Estaba consciente de la destrucción del mundo por la pérdida de valores de la humanidad, el caso del autor de El Loco, su símbolo y ejemplo a seguir era Cristo, en la obra plateaba, como un alquimista, un renacimiento espiritual, una alquimia, un cambio total, a través de la destrucción de los ególatras, los injustos, los asesinos. Claudia canta y casi grita también por los más débiles, y muchas veces, igual que a Luksic, Borda, se les ha llamado locos.

En todo caso, no es casual que Claudia retome un fragmento de Crimen y Castigo de Fiódor Dostoievski. Como ávida lectora y gran maestra, sabe la carta que se juega. Estudiante, joven, obligado a dejar sus estudios por la pobreza y la miseria; termina atormentado por la idea de robar y matar a una anciana. Las isotopías de este libro, en el plano semántico, unen conceptos como los de “sarna mental”, es decir, una mente llena de parásitos, irritación, picazón, e infección. En este poema los patios son áridos ¿serán los patios de la mente?, las esperanzas están secas, y llueve barro. Como la mente tiene sarna, la utopía se asoma a rascar, y lo único que logra es que pique más, un final irónico.

Voy haciendo un comentario doble, o triple. Pues, en primer lugar, soy eLectora, en segundo soy maestra, y en tercer lugar soy diseñadora de recursos didácticos. Pero además puedo decir sin tapujos que soy poeta. No pienso desgranar todos los poemas de Claudia, creo que he presentado algunos, creo los que más me han impactado. Pero también he presentado algunos de los recursos didácticos, pues como educadora y promotora de la lectura, ando siempre buscando y creando recursos que acerquen la poesía a los niños y jóvenes. Así mismo, por los temas, he resaltado el valor y la importancia de tratar los derechos universales, y poder trabajarlos de forma colectiva, ya sea en la escuela o con la familia, en lo que llamé desde el principio una renovación de la poesía didáctica.