Orquesta citadina – número 4, abril 2013-

Revisa el número completo: 4MaldeOjoAbril

Editorial

La ciudad, como el eterno nido urbano, ha albergado desde lo más
diverso, a lo más tradicional. Fuente recurrida de escritores, músicos, pintores y demases ha sabido establecerse como el lugar privilegiado de personajes peculiares, de historias románticas y de
violencia social. La ciudad, paisaje particular, se mueve al compás del ser humano, quien como sujeto creador ha plasmado en este territorio el centro de su cotidianidad y de sus sueños, dejando una
huella en cada una de las esquinas, en cada plaza, en cada manifestación y caminata.
Edificios, parques, calles infinitas que cambian de nombre cada ciertos kilómetros, gigantescos hospitales y más grande aún las
cárceles y manicomios que resguardan el desarrollo tecnológico
e industrial del tan distorsionado y evolucionado capitalismo, colegios, farmacias y supermercados, estacionamientos  subterráneos, transporte público y una gran cantidad de autos
sirven como paisaje para adornar los más insólitos relatos que el ser humano puede inventar. Poesía en la calle, en cada mural, literatura metida en los bares y en los vasos alcoholizados, en cada conversación estrafalaria, en cada banca floja de una plaza de
barrio, letras agazapadas como siluetas escondidas tras un terreno baldío,  consonantes que suenan y se van tildando de episodios
retratables y vamos tejiendo escenarios, haciéndonos una idea de
lo que sería vivir fuera de la ciudad, pero disfrutando en cada rincón lo que ofrece o quita. Compartimos como citadinos el
cruel ruido de las micros, quienes con complejo de pájaros inundan el canto de los autos y acompañan en ese eterno devenir al gentío desbordante.
Transeúntes que van y vienen, vendedores que ambulan entre un barrio y otro, policía que reprime, palomas en abundancia, mucho gris, perros vagos y artistas callejeros repletan la variedad de colores y sabores de nuestra querida metrópolis, transformándola
en la orquesta citadina más escuchada y comentada de nuestros
tiempos y de todos los tiempos.
Madriguera del progreso y del desorden, residencia de oportunidades y de cansancio, amenazante y liberal, propiciadora
tanto de lo conocido y desconocido, de lo queridamente accesible y
de lo repudiablemente aborrecido. Así, como quien pinta un retrato de invierno, en esta ocasión Mal de Ojo nos muestra un poco de la tan insegura y desbordante Ciudad.

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