Número 32, marzo 2018. Especial África

Número 32, marzo 2018. Especial África

 

Amigos y lectores, tenemos el agrado de publicar el número 32 de Revista Mal de Ojo,  marzo 2018. Edición especial sobre África,  continente hermano al que le hacemos un homenaje. Gracias a la compilación y traducción del poeta Daniel da Purificaçao, podemos mostrar la parte del imaginario poético de diez angoleños, en su idioma y traducción. Así mismo, rendimos homenaje a la obra visual  de Ramón Esono Ebalé, reconocido dibujante guineano, quien con sus ilustraciones logra plasmar la cruda realidad de la dictadura.

En esta edición:  Soberano Canhanga –  Job Sipitali – Orlando de Sousa Castro –  Domingos Cupa –  Augusta Jorge –  Dilen Alsungas Pandiera José
Sónia Sousa Robalo –  Magno Domingos –  Hélder Simbad –  Lobitino Almeida N’gola. Obra visual de Ramón Esono Ebalé.

 

Editorial al número 32, marzo 2018

Difícil es poder desprender de la mente humana los conflictos que aquejan en el largo historial de realidades enseñadas. Difícil es no poder asumir una postura frente a las desigualdades, injusticias y verdades con que nos vemos envueltos día a día a nivel cotidiano, local y también a aquello que sucede a cientos o miles de kilómetros que nos separan como especie. Somos y hemos sido un conglomerado de habitantes que muchas veces no habita el sentir de todos, pero basta con mirar un poco hacia los lados para darse cuenta de que las prisiones que nos determinan no son más que el fiel reflejo de una humanidad que se mueve en el diálogo de identidades. El preguntarnos quienes somos, y cual es el sentido de la vida emanan de un contexto que no se puede eludir. Estamos adosados a los otros en un tejido que se arma para hacer la historia de todos, y a través de este proceso es necesario que conozcamos la madeja completa.

La mente humana, en su facultad de asimilar el ambiente que circunda al individuo pensante, acumula saberes y experiencias y de éstas logra encauzar sus acciones. He aquí la gran problemática a la que hoy nos vemos enfrentados como especie, porque el modelo existente que se nos presenta como “realidad” ha sido tejido en las más diversas formas de silenciamiento. A pesar de tener a nuestro favor la tecnología, la proliferación de la información y medios de difusión, pareciera ser que los datos que nos llegan son sesgados; poco sabemos de lo que ocurre al otro lado del mundo, poco conocemos sobre los procesos sociales y políticos que se generan en localidades distantes, e incluso a veces en territorios cercanos. Ajenos nos encontramos de aprehender los contextos que nos hacen ser quienes somos, y esto porque la identidad se ha enfrascado atendiendo a necesidades individuales y no colectivas. ¿Qué se puede hacer frente a este manto de silencio? Si miramos un poco hacia el pasado es fácil encontrarse con movimientos artísticos o trabajadores del arte que han impuesto una visión crítica de los acontecimientos, esta expresión del sentir humano es y ha sido desde siempre el espacio donde los individuos han socializado las luchas a nivel primario y global. Teniendo como principal herramienta la imaginación, quienes ejecutan el trabajo del arte han podido evidenciar con expresa magnitud muchos de los atropellos que calan profundamente en las vivencias de una comunidad o individuo. Con una tangible pero cuidadosa destreza, hemos percibido el testimonio de cientos de autores que han retratado una época y de esta manera, hemos conocido aquello que los libros de historia no han querido revelar. Los movimientos artísticos que han marcado cambios significativos han estado siempre en la primera línea de combate en contra de lo establecido, de los dogmas y murallas que colocan las esferas burguesas de lo que “debe” ser el arte. Mediante prisiones y censuras, se ha intentado borrar el testimonio, pero no se ha logrado. Al contrario, pareciera ser que mientras más presión se inyecta, mayor es la pureza de la creación. Pretender dejar ajeno el arte a lo político, es una actitud tan bastarda y cruel, que no cabe dentro del pensamiento lógico, marginar la creación solo a la esfera de lo abstracto es golpear directamente la esencia de aquello que nos podría emancipar.

He aquí nuestra misión, si queremos realmente lograr cambios significativos para las generaciones venideras, se hace necesario que coloquemos todo el esfuerzo posible en develar los contextos, acercar las realidades lejanas y apropiarnos de las problemáticas como nuestras; poner en la palestra de nuestras obras artísticas la denuncia, ejecutar un discurso de unión y solidaridad entre todos aquellos que nos sentimos atropellados. Como hacedores del arte y como espectadores de este, no podemos quedarnos ajenos de lo que ocurre.

En esta edición Revista Mal de Ojo, abre una pequeña, pero significativa muestra del sentir humano de nuestros hermanos africanos. El sentir de África nos duele y en esto no seremos sólo testigos. Tenemos los ojos y el corazón puestos en ellos y para ellos.

 

Isabel Guerrero


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