LECTURA POLÍTICA ACERCA DEL LEVANTAMIENTO POPULAR, por Emilio Malebrán

Los acontecimientos que se desataron a partir del viernes 18 de octubre, dado que han tenido el carácter de una verdadera Asonada Popular, amerita un riguroso y profundo análisis, que debe considerar y juzgar con honestidad y honradez política, los variados elementos que se han hecho parte de este momento de agudización de las contradicciones de clases.

Frente a este enorme remezón social, una vez más la derecha, el social-liberalismo, la socialdemocracia, al igual que el reformismo pequeño-burgués como el neo-reformismo, se han hecho del mismo discurso para caracterizar los hechos; teniendo todos sus voceros la precaución y el cuidado ideológico de no hacer aparecer los acontecimientos como fases propias del antagonismo social y la radicalización de la protesta, como  la expresión más genuina del descontento generalizado de los sectores sociales, es decir, los representantes de la elite política de nuestro país, se cuidaron a través de los medios de comunicaciones de hablar de la lucha de clases y de las formas y mecanismos concretos de dominación que la realizan.

Al poco andar de las manifestaciones populares, donde se han hecho presente todas las formas de lucha, como también las acciones del lumpen, la opinión de los sectores institucionales, al igual que en coyunturas de protestas anteriores, comienzan a hacer uso de la autocrítica y a mostrar con el discurso una mentirosa postura de empatía con las demandas que se han hecho sentir con claridad y con fuerza en la revuelta social. Una táctica que al pasar de los días no ha mostrado mucho efecto y que, por el contrario, solo ha servido para poner en evidencia el cinismo político de la elite dirigente. Esta asonada popular se diferencia de otras movilizaciones anteriores, porque en lo sencillo recoge el conjunto de las demandas, ya demasiado conocidas y explicitadas por las organizaciones sociales, por más de tres décadas de luchas sectoriales, pero de modo recurrente, desoídas por el duopolio político que ha gobernado Chile. Del mismo modo, esta asonada coloca en el centro de la valoración moral, los miles de apremios y sufrimientos por los que ha hecho pasar a los trabajadores y al pueblo, el modelo económico que aún colapsado y mostrando claramente su fracaso, continúan sosteniendo la Burguesía Monopólico-Financiera y sus aliados en las esferas del poder político y económico, vale decir, la Ex Concertación, Ex Nueva Mayoría, como también sectores del Frente Amplio.

Es probable que la tan cacareada “recuperación” democrática y la falsa Transición, hayan servido de poderoso distractivo ideológico, para que los votantes por el NO, una vez terminada la Dictadura, delegaran a otras cabezas y manos, la realización de sus aspiraciones e intereses. Los adherentes del NO, no desconfiaron de quienes comenzaron el ejercicio de la representación popular, no intuyeron que la mayoría de los candidatos elegidos para los cargos de diputados, senadores y otros mandatos institucionales, dentro del nuevo periodo político abierto por el pacto inter-burgués, se convertirían en los más fervientes defensores del modelo económico y del legado dictatorial.

Esta negación e indiferencia con las necesidades y derechos de los explotados y oprimidos de nuestro país, algunos análisis los atribuyen a una falta de voluntad política por parte de la elite gobernante, y con esto nos referimos al Poder Ejecutivo, Parlamento, Tribunal Constitucional e incluso Ministerio Público. No compartimos con esta postura, pensamos que toda la política conservadora del legado dictatorial, por la mayoría de los sectores políticos que participan de la ilegítima institucionalidad, obedece a una opción ideológica, que por lo demás está sistematizada por los discípulos de la “Escuela de Chicago” y que considera vital para la continuidad del capitalismo, la mantención de los actuales pilares, que desde el modelo económico sostienen y le dan combustible al sistema.

Hoy la clase dominante y los politicastros que le sirven, están enfrentados a un desafío que no están seguros de poder concretar, y es el como recuperar la perdida confianza y el divorcio con su clientela política. Lo que esta asonada popular desafía, es la ineludible tarea de cambiar estructuralmente el capitalismo en Chile, que hasta hoy, ha mostrado nula capacidad de respuesta frente a las ingentes necesidades de las mayorías pobres de nuestro país y el como en el día a día, arrastra con su crisis las condiciones materiales de vida de amplios sectores de la población. Todos los esfuerzos anteriores al levantamiento popular, estuvieron dados para obtener mediante leyes espurias, en las distintas áreas económicas y financieras, una mayor concentración de los capitales y una mayor acumulación de la riqueza, ejercicio que por lo demás han venido realizando desde los tiempos de la dictadura, sólo que ahora con las contrarreformas, el gobierno de Piñera pretendía conferirle  una apariencia más legitima. Así y todo, tenemos que decir, que el Gobierno estaba haciendo lo propio, o sea, sus intenciones y acciones políticas, se explican porque no sólo representan los intereses históricos y estratégicos de la gran burguesía, sino porque el Gobierno es en si mismo un gobierno burgués, enteramente al servicio de los monopolios y el imperialismo. Otra cosa distinta, ha sido el papel de partidos políticos que en el pasado, representaron y fueron parte integrante del Movimiento Obrero y Popular, y que en el periodo post-dictatorial traicionaron de forma descarada su origen y proyecto histórico de clase.

Sin duda alguna, con la Asonada Popular, se ha configurado una clara ruptura con la institucionalidad burguesa heredada de la dictadura. Se acentuó hasta el límite la crisis de representatividad y legitimidad de las instituciones del Estado, como así mismo, de los partidos y personas que políticamente participan de estos espacios. Para el conjunto de los sectores comprometidos con la movilización, no cabe duda, que la reacción, obviamente tardía de la elite política, sólo busca con preocupación y desesperación, defender y mantener vigente sus espacios superestructurales y de privilegios; sin embargo, esta convicción de los sectores populares, razonable y legítima por los tantos años de engaño y daño a la conciencia, no aseguramos se mantenga con la firmeza necesaria, como para evitar de algunos sectores movilizados, posturas de conciliación con los mismos actores de clase responsables de este estallido. 

EL GRAN TEMA Y PROBLEMA DE LA CONDUCCIÓN

El estallido político y social que estamos viviendo, casi como un preludio para el cambio de pauta o quizás de pentagrama, nos sugiere, exigiendo la necesaria agudización de nuestros sentidos, que probablemente la acción de masas, nos este abriendo un nuevo periodo de la lucha de clases. Los revolucionarios, ya casi por 30 y tantos años, hemos anhelado, la superación del reflujo al que llegamos, con la derrota del proyecto democrático revolucionario en el año 1986. Varios son los factores y ya todos conocidos y estudiados, que nos han hecho permanecer en esta condición a pesar de  de los muchos y variados esfuerzos  por revertir en la franja revolucionaria, nuestras debilidades políticas, ideológicas y orgánicas. No tenemos duda, que los varios colectivos, orgánicas o movimientos de la izquierda revolucionaria, hemos contribuido a veces con arrogancia o a veces con humildad, a generar las condiciones subjetivas para este estallido popular, no tenemos duda, que en algunas de las cientos o miles de manifestaciones de este levantamiento, se ha hecho presente nuestra impronta y han tenido un claro sello democrático-revolucionario, debemos reconocer, como nuestras aún débiles y humildes fuerzas, se han hecho parte de un hecho que tiene en vilo a la elite política y que también asienta en nuestro país, una nueva correlación de fuerza a favor de las demandas populares.

Así y todo, en esta valerosa, valiente y combativa dinámica, no se ha hecho presente  con nitidez, una conducción que muestre de manera clara, sin ambigüedades, sin doble lectura, y sin torpeza ni imprudencia, un Programa Revolucionario, que atendiendo el levantamiento popular como un enfrentamiento con los opresores y explotadores, tenga la sabiduría y genialidad de trasmitir el mensaje revolucionario como la única verdad, como la única esperanza y como la única salida real y popular a la crisis instalada. La verdad histórica de esta crisis y del levantamiento, es que no sólo hubieron y hay corruptos, no sólo hubieron y hay ladrones de cuello y corbata, no sólo hubieron y hay oportunistas y vendidos al gran capital, estos sujetos sí existen y son  bien conocidos, pero lo que se debe decir y con suma claridad, es  que hubieron y que hay enemigos  y se comportan como tales, porque son nuestros enemigos de clase, y cometen estos fraudes y delitos porque quieren a propósito y conscientemente dañar los intereses también de clase, de los  trabajadores y el pueblo. En esta lucha y en este levantamiento popular, los pobres y excluidos, tenemos la gran oportunidad de ver y entender que no pertenecemos, ni somos, ni estamos en el mismo espacio social con los ricos. Con la elite política no sólo tenemos diferencias profundas sino que además representamos su fuerza antagónica, somos sus enemigos y con la burguesía con mayor razón aún. Esta es la visión y el sentir que ha estado ausente y que ningún referente conocido ha expresado con claridad. Pero para ser ecuánime, debemos declarar que el único pronunciamiento que se acercó un poco a esta visión, a pesar de su carácter heterogéneo, fue la conferencia de prensa de Londres 38 por el movimiento feminista.

Es bueno saber, que al igual que en las postrimerías de la dictadura, la oposición burguesa, la pequeña burguesía como así mismo, sectores reformistas de izquierda, en ese ocasión instalaron con fuerza el discurso del pacifismo y la reconciliación. Con esta táctica ideológica, ayer buscaron influir en aquellos sectores de capaz medias más temerosos y vacilantes en el enfrentamiento a la dictadura y de otro lado, generar un ambiente de rechazo y aislamiento contra los revolucionarios y el carácter ofensivo y rupturista de su política. Los mismos dichos, las mismas descalificaciones políticas e ideológicas, la misma campaña del terror, la repiten 40 años después y establecen coincidencias entre el gran capital y los sectores de la pequeña burguesía, que afectada y dañada económica y socialmente por el modelo, de todos modos, se siente más segura al amparo del capitalismo que bajo las condiciones de justicia e igualdad de una sociedad socialista. Si esta amplia franja pequeño-burguesa, que se hace llamar así misma “clase media”, no estuviese marginada de los beneficios del modelo, sólo exclusivos de la gran burguesía, si no estuviese viviendo condiciones de precarización y endeudamiento, si no estuviese experimentando una proletarización en sus situaciones de vida, de seguro caminaría detrás de posturas fascistoides como las de José Antonio Kast.

La clase dominante sabe lo que ha hecho, todo el proceso post-dictatorial lo ha utilizado y lo ha aprovechado para mantener incólume el actual patrón de acumulación. Se ha hecho de todos los recursos y malabares políticos e ideológicos para mantener cautivos del modelo, a los distintos sectores políticos y de clases que han querido hacerse parte de la institucionalidad con nombre y apellido dictatorial: la democracia tutelada o protegida y que para nosotros no es otra cosa que la adecuación constitucional de un régimen de Contrainsurgencia y acondicionado política y militarmente para defender al conjunto del sistema capitalista de la amenaza revolucionaria. Los patrones sabían y saben perfectamente, cuales son los efectos esperados, con la imposición a sangre y fuego de un modelo económico, en lo social altamente excluyente y en lo económico altamente concentrador de los capitales y la riqueza. Después de la dictadura, con cada paso dado en aquel llamado periodo de transición, establecieron el andamiaje con el cual estructuraron la super-explotación del trabajo asalariado y las limosnas que el Estado subsidiario haría llegar a los sectores marginados del aparato productivo y de las plataformas financieras.

Las siete modernizaciones del Estado anunciadas por el dictador en el año 1977, en el cerro Chacarillas, continúan aún como los fundamentos de las gestiones de gobierno. Piñera antes del levantamiento popular sostenía una agenda que incluía varias contrarreformas y leyes, destinadas a dar más ventajas económicas a las grandes empresas y transnacionales. Es más, estaba decidido a echar mano a los recursos menos éticos, a los contubernios que tuvieron buenos resultados en los acuerdos con la Democracia Cristiana y el Partido Radical para la aprobación de algunos procesos legislativos y al Tribunal Constitucional para dar respaldo político a sus proyectos. En el oficialismo se captaba no sólo tranquilidad, sino que también una muy expresiva autocomplacencia. En varias ocasiones lograron dar golpes legislativos en contra de los estudiantes, de los trabajadores y de la población en general, en la medida que avanzaban los momentos legislativos desde las comisiones a las cámaras. Pensaron que el elástico del abuso daba para mucho más, entonces ensayaron con las tarifas, en esa fase de la ofensiva institucional burguesa, se produce el corto circuito y se les apagó la luz.

Lo que viene después lo estamos viviendo como una verdadera escuela en la que se esta aprendiendo a hacerle frente a una de las fracciones burguesas más agresivas y avarientas de la clase dominante, de la que el Presidente Piñera resulta ser en cuanto a ambición su encarnación más genuina. Mas, esta experiencia de enfrentamiento, nos pone también frente a nuestras debilidades y nuestro déficit estratégico-táctico, situación que nos ha dejado en una evidencia contundente que la unidad revolucionaria, permanece todavía como una enorme y cara deuda con los trabajadores y los sectores populares. Urge explicar y explicarse, como no se han dado pasos concretos en lo político y en lo orgánico, para dejar atrás el fenómeno de la atomización que ha acompañado por tantos años a la franja revolucionaria, sin que veamos con claridad y franqueza un juicio crítico categórico a esta condición de las expresiones revolucionarias. De otra lado y como contrapartida, el nuevo reformismo se arma de la decisión de unir sus fuerzas, levantar referentes sociales y proyectar desde las formas una condena al modelo económico, pero sin cuestionar el capitalismo como sistema. Precisamente en lo orgánico, el reformismo y el radicalismo pequeño-burgués, han avanzado lo suficiente, como para ponerse en muchos frentes sociales a la vanguardia de las protestas y movilizaciones, obviamente con su tinte conciliador y pacifista. So pretexto de condenar el vandalismo (al lumpen) moderan el descontento y la rabia, para convertir la acción popular en una expresión carnavalesca que no sólo enfría la presión social sino que además la aleja de conseguir sus objetivos.

Por lo tanto, urge debatir y debatir con alturas de miras, para sacar lecciones positivas de la actual coyuntura, urge sondear y caracterizar con rigurosidad el momento de la lucha de clases en que nos encontramos, urge el hacer uso del método de la crítica y autocrítica para alejarnos de la autocomplacencia y de la auto-referencialidad y apuntar a un real esfuerzo por la convergencia revolucionaria, para levantar con éxito el pliego del Pueblo y jugarnos por ganar en el corto plazo una gran capacidad de influencia y de conducción de la lucha democrática-popular.

¡BASTA DEL ABUSO Y DE LAS BURLAS DE LOS PATRONES!
¡BASTA DE LOS FESTINES Y CARNAVALES DE LOS RICOS!

¡LLEGÓ LA HORA DE ACOMPAÑAR NUESTRA LUCHA, CON LA DIGNIDAD Y LA MORAL QUE EXPRESE LA SERIEDAD, LA MADUREZ Y EL COMPROMISO FÉRREO POR LA CAUSA DE LOS EXPLOTADOS Y OPRIMIDOS!

Emilio Malebrán
Chile, Noviembre 2019