“ESTELADO” de Marcelo Velmar (2018) por Edison Carrasco Jiménez

Comentario escrito por Edison Carrasco Jiménez. Escritor y Profesor Universidad Andrés Bello, Sede Concepción.

“Estelado” se estructura de 26 poemas, divididos en dos secciones irregulares (I:16 poemas; II:9), más un poema introductorio como “Cara y Sello”, el cual tal vez por su denominación, sugiere justamente ambas partes del texto. Es desde esta estructura que analizaremos este libro.

“Cara”, en una moneda, es básicamente el sujeto quien proporciona con esa moneda el valor de cambio de mercancías que representaría para quienes acepten o se imponga su valoración, y consecuentemente, a quien corresponde la tributación por utilizar este objeto como signo de dicho valor de cambio. Antiguamente el rostro era el del Rey. Modernamente se ha figurado con rostros a quienes el Estado sanciona institucionalmente como los personajes históricos que lo fundan y fundamentan: los delegatarios simbólicos del “Rey Estado”.  “Este será el objeto que usaremos -piensan- para dar valor de cambio a las mercancías y ningún otro, porque nos representa”. Por eso la prohibición de acuñar otra moneda.

“Sello”, expresa el quántum, el valor de cuánta mercancía se puede adquirir con la moneda. El signo se convierte así en un valor de medida.

En la moneda, no solo “cara” dice que una personalidad física o simbólica monopoliza el valor de cambio de las mercancías y que por utilizarla, a él se debe pagar el usarlas (tributo: valor de uso del valor de cambio), sino que “sello” dice cuanta mercancía se me permite adquirir y cuánto debo dar a cambio por hacer uso del objeto aceptado/impuesto.

“Estelado” es una moneda poética.

La Parte I -que sería para nosotros esta “Cara” de la moneda-, está conformado por poemas cuyos títulos describen -en un festín para Austin- acciones (A toda prisa, Despisto a las estrellas, De vez en cuando dormir, etc.) y propiedades (Densidad de las piedras, Brevetud, Veloces).

“Sello” (Parte II) se construye de poemas titulados que indican juicios (Mar y cielo, Analfabeto, Espirituoso, Sin fin, Silla) y que describen estados actuales o hipotéticamente esperados (Merecemos amor, Cuando te encuentre).

El hablante lírico es un signo del autor, tal y como la figura de la “cara” de la moneda representa al Rey (Estado). Y el autor expresa su rostro, nos revela su personalidad a través de acciones y propiedades: sus características personales. Solo podemos recibir la sanción de lo que se revela de su personalidad en este libro, de él mismo y de nadie más: no de objetos, no de descripciones, no de otras cosas que lo figuren o lo aludan. Las acciones y las propiedades hablan para representárnoslo. Por ejemplo, en Densidad de la piedra: Son todas las lágrimas/contenidas en una sola mirada (…) La piedra que ves en el suelo/es un planeta sordo/un grito que nadie oye/pero que todos ven. Esta parte de la personalidad revelada por el autor de esta moneda es de profunda tristeza, y es, obvia para ser vista, como el rostro figurativo de la moneda, pero que nadie descifra lo que debiera verse como obvio.

El valor de cambio aquí es la incapacidad de la comunicación de la emoción llamada “tristeza” o “sufrimiento”: las relaciones sociales son superficiales y no penetran una intimidad emocional que, a todas luces y para cualquier ser humano, estaría perfectamente revelada. Pero como los demás se encuentran enajenados, no descifran el signo, por impotencia, por estulticia, por locura moral, o por todas ellas a la vez. Esto es, enajenación: Ahora el mundo corre/por dentro del cuerpo/sin esperar a nadie (A toda prisa).

Ante esta enajenación el poeta no le interesa mostrarse, prefiere ocultar lo que debiera ser obvio a cualquier humano, pero que para los enajenados de hoy es invisible: despisto las estrellas/que suelen robar la oscuridad (Despisto las estrellas). Y, por el contrario, no dejarse llevar por la emocionalidad del sueño, abrir los ojos, estar atento dentro de este tramado insensible: De vez en cuando/es bueno deshacerse de todo pulso/mantener los ojos muy abiertos/la respiración atenta/Hasta que venga el día/y nos brinde su fruto engañoso/su manzana luminosa/su aire nupcial/de héroe desconocido (De vez en cuando no es bueno dormir); y adquirir el autocuidado del gato, aguzar el sentido animal: hasta que aprendemos/a caer de pie (Brevetud).

Los espacios en que el autor sueña son mínimos y para pronto volver a la enajenación ya normal con la que ha de convivir diariamente: “Casi como el fuego/nos elevamos de vez en cuando/sobre los tejados del alma” (Como el fuego); “Todo lo que un día/fue parte de mi sed/ya no es mío esta mañana” (Nada pierdo); “Sin saber quién mira desde adentro/Sin saber quién es YO” (Quien es yo). La vida así ha perdido todo contenido: “Qué tendremos que decir/un buen día/cuando la vida/en actitud de mendiga/le reciba sus monedas a la muerte” (Mendiga), y donde el tiempo transcurre sin modificación “humana” alguna: Aquí viene el tiempo (…) es un océano/que lame todos los siglos/de la semilla (Viene el tiempo).

La personalidad del impresor de esta parte de la moneda representa enajenación, y ese es el valor de esta mercancía.

La Parte II -que sería nuestro “Sello”- expresaría el quántum, esto es, qué cantidad de enajenación autotestimonial le es posible al lector identificar y retener para sí del libro (adquirir).

Nihilismo absoluto con un poema que abre la Parte II y que el autor le está diciendo al lector que es esa magnitud de nihilismo la que lo define, porque Mar y cielo, es el juego de palabras parónimas para “Marcelo”: A ese me refiero/a ese del vino en los ojos/y la cicatriz esquinada.

A diferencia de Nietzsche, el poeta de este tiempo ya no es un desvergonzado sino un mentiroso: Confieso que maldigo/a los Poetas/porque jamás alcanzan/a decir toda la verdad//Siempre miran de reojo/y dejan inconclusas/las mejores mentiras (Analfabeto). Hasta el mismo poeta abandonó la personalidad del poeta del tiempo de los poetas reales -la herencia griega, la herencia trágica-, de aquel que con mentiras decía la verdad. El poeta de hoy no es más que un enajenado, igual al resto. No hay ninguna diferencia. En este caso, la magnitud del poeta-autor de este libro, es la de no alcanzar a decir la verdad, pero no de mentir. Él se entiende como el poeta que no aprendió el lenguaje de los poetas enajenados, de los poetas de este tiempo, de los poetas mentirosos de la mentira que oculta, no de la que revela. Él se siente un poeta que expresa la verdad a través de la bella mentira poética, pero que la expresa para ser bebida a sorbos, que prefiere que sus colegas de profesión lo vean solo como alguien que aún es ignorante: pasar desapercibido ante los ojos de los poetas de esta época que son ya una mera fachada. Esta magnitud en específico es para el lector poeta: les dice a los otros poetas que de él solo pueden obtener medias verdades, porque ya sus compañeros de armas, poetas del presente, se han vuelto unos mentirosos. Y en el fondo, retorna a Nietzsche.

En el poema Espirituoso, -que el mundo es un teatro de títeres/donde palpitan el humo y la ceniza/con ese amor trastornado (…) Ese que sólo comprenden/los niños y los ebrios-, se reafirma la máscara y la falsedad humana, y el amor ya casi como una verdad incognoscible para los enajenados que son, todos los trabajadores del mundo unidos.

Y por ello en Merecemos amor, el amor es la experiencia fisiológica verdadera que clama su derecho en el ser humano (con un deseo ajeno/un deseo furioso/de salir otra vez por el cuerpo). Y por eso poemas como Silla, Sin contigo, Ahora no es ayer, son textos que hablan del amor al otro sexo, pero donde siempre su interlocutora o la que recibe el “canto”, no entiende ni la poesía ni el amor. La experiencia del amor es impotencia, es fálica, es lo que falta, lo que no se alcanza, la incomprensión. La experiencia del amor es enajenación.

El quántum, en suma, es cuanta enajenación es capaz de descifrar el lector de sí mismo y del mundo que lo rodea, y cuánta sinceridad, verdad y amor es capaz de discernir del ser que se esconde en la poesía para ser descifrado. Si “este lado”, la “Cara” es enajenación; el “otro lado”, es la cantidad de verdad que el lector puede descifrar de sí mismo (su propia enajenación) y del poeta (el real ser emocional que necesariamente por esa enajenación, tiene que solo sugerirse a los otros para no ser dañado y no enajenarse también en el proceso).

Estelado es un libro triste y desesperanzado. Es una moneda que es testimonio del actual estado de las relaciones sociales y de su tiempo: la enajenación, la pérdida de la emocionalidad, el abandono del amor, la psicopatía. Y tal vez por eso Cara y Sello sea el poema que encabeza el libro, su introducción y el derrotero que lo resume su verso “La única moneda que nadie busca”. Y además y donde lamentablemente el poeta (hablante lírico encarnado) es un denunciante que se oculta para no ser dañado por ese entorno, o sea, un profeta que denuncia con signos y que advierte, por la incomprensión del signo, la actual descomposición y deterioro emocional humano.

ESTELADO, Marcelo Velmar. Ediciones Santiago Inédito, Santiago de Chile 2018.

Marcelo Rojas Belmar [Marcelo Velmar] Chile 1970.  Titulado de Trabajo Social y Mg en Investigación y Desarrollo Local en la Universidad Complutense de Madrid [España]. En 1990, junto al Poeta Jaime Luis Huenún, crean y dirigen el grupo literario “Tubos de Escape” y la Revista de Poesía PEWMA. En 1995 publica“Poemas a la Carta”, en 1997 publica “Pena de Alumbramiento” [Poesía, Ediciones del Gallo; Santiago de Chile]. Participa como invitado en las Antologías de Poesía ‘La Otra Voz’ [Temuco, 1994] y ‘Poesía Joven del Sur De Chile’ [Editorial LAR, Concepción, 1998]. En el año 2005 aparece en la Antología “Los Premios” [Santiago, Magoeditores], publica el libro “Mortales Razones” (Poesía, Ortiga Ediciones, Santiago 2009), algunos de los poemas de este libro, son reconocidos con Mención de Honor y Mejor Poesía Extranjera en el Concurso Internacional de Poesía, Junín País 2010, en la República Argentina. En 2011, participa en la publicación de “Winnipeg Antología de Poesía Chileno Española” y en 2014, en la Antología de poesía “Para el Coraje de Vivir”, ambas de la Editorial Santiago Inédito. Actualmente organiza junto a la poeta Margarita Bustos, el ciclo de lecturas y diálogos literarios “La Letra IN Existente” en la ciudad de Santiago de Chile.

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