ENTRA-MAR… ¡Ese lugar seguro!, antología poética

ENTRA-MAR… ¡Ese lugar seguro!
Por: Edilson Villa M.

Entramar es el entrecruzamiento de láminas de metal o de las tiras de cualquier otro material flexible; es también el conjunto de ideas, sentimientos, opiniones, etc., que se entrecruzan en un texto. En esa reciprocidad de pensamientos, palabras y acciones se teje también la solidaridad entre los hombres de una comunidad y entre los diferentes pueblos, que es la que nos ayuda a desaprender (y desaparecer), las fronteras. Si examinamos, por caso, a los miles de pueblos originarios del continente americano, desde los Onas y Yaganes que habitan la Tierra del Fuego (antes llamada Tierra de Humos, por la cantidad de fogatas que encendían para no perecer por la inclemencia de los fríos australes), hasta los Inuit (más conocidos como Esquimales), de Alaska, evidenciamos que cada uno cuenta con su propia simbología, su propio pensamiento y sus propios tejidos artesanales, que entraman entre sí y con los pueblos vecinos, produciéndose una especie de entramado cultural y espiritual que nos une a todos en el continente; entre estos hilos que nos conectan están, sin duda, el arte y la tradición oral.

Si viajamos al corazón del continente americano, es decir, a Colombia, encontramos que solo allí viven 102 pueblos originarios o indígenas (18 de los cuales están en peligro de extinción, física y cultural), con sus particularidades, usos, costumbres y su propia cosmovisión; sin embargo, mediante su arte, tejen los puentes que los conectan con sus hermanos de otros pueblos y con lo divino; lo usan como una herramienta sagrada para demostrar que cada elemento es un símbolo; el venado, por ejemplo, es un animal importantísimo en su mitología, protagonista de la creación; el fuego, es el sabio ancestro que revela las cosas esenciales; el águila, es la mensajera de los dioses y El Peyote (endémico de México), significa el comienzo de la vida y el origen del mundo.

En el pensamiento del pueblo Inga, del Putumayo (Colombia), se le atribuye esta misma facultad (la del Peyote), al Ambi Uasca Samai o el Espíritu del Yagé. Los taitas, que son sabedores de estas cosas, se sientan en el lugar más sagrado de la maloca, a retrotraer las historias del origen del mundo y de la sociedad que tienen a su cuidado, nos cuentan que “en el tiempo primigenio toda la tierra estuvo a oscuras. Ya estaba poblada de todos los seres, incluido el hombre, pero este carecía de inteligencia y estaba a tientas buscando alimentos. Realizando esta tarea los hombres tropezaron con el bejuco del yagé, lo partieron justo por la mitad y le dieron a probar a las mujeres y ellas tuvieron la menstruación; cuando ellos lo probaron se quedaron extasiados viendo cómo el pedazo que les sobró empezó a crecer y a trepar hacia el cielo. Poco a poco, las sombras tomaron contorno y las siluetas empezaron a dar pequeños destellos y vieron que el yagé penetraba una flor inmensa que al ser fecundada se transformó en el Sol. De allí bajaron los hijos del sol, cada uno tocando una melodía distinta con sus flautas y tambores; y cada melodía se transformó en un color distinto. Cuando llegaron a la tierra se dispersaron y cada uno depositó la luz y el color en cada ser. Y cuando el mundo estuvo totalmente iluminado, toda esa sinfonía de colores y de música hizo brotar el entendimiento en todos los hombres, creándose así la inteligencia y el lenguaje” (tradición oral); y con este, la poesía.

Si entendemos la poesía como ese primer componente mágico del lenguaje, como esa fuerza que tiene poder, voluntad y conocimiento (una fuerza parecida a la del Peyote o el Yagé); con la que se puede ir a las estrellas, a la profundidad de los océanos; entrar en los corazones, en las plantas, en las montañas, en el espíritu y las emociones de otras personas; podremos aceptar las palabras, en este mismo sentido, del poeta mexicano Octavio Paz, cuando nos cuenta en su bello texto Poesía y Poema, que “la poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar al mundo, la esclavitud poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo; crea otro. Pan de los elegidos; alimento maldito. Aísla; une. Invitación al viaje; regreso a la tierra natal. Inspiración, respiración, ejercicio muscular. Plegaria al vacío, diálogo con la ausencia: el tedio, la angustia y la desesperación la alimentan. Oración, letanía, epifanía, presencia. Exorcismo, conjuro, magia. Sublimación, compensación, condensación del inconsciente. Expresión histórica de razas, naciones, clases. Niega a la historia: en su seno se resuelven todos los conflictos objetivos y el hombre adquiere al fin conciencia de ser algo más que tránsito. Experiencia, sentimiento, emoción, intuición, pensamiento no-dirigido. Hija del azar; fruto del cálculo. Arte de hablar en una forma superior; lenguaje primitivo. Obediencia a las reglas; creación de otras. Imitación de los antiguos, copia de lo real, copia de una copia de la Idea… Analogía: el poema es un caracol en donde resuena la música del mundo y metros y rimas no son sino correspondencias, ecos, de la armonía universal. Enseñanza, moral, ejemplo, revelación, danza, diálogo, monólogo. Voz del pueblo, lengua de los escogidos, palabra del solitario… La unidad de la poesía no puede ser asida sino a través del trato desnudo con el poema”.

Con todo lo anterior, expuestos algunos elementos que nos acerquen al propósito de este prólogo, ENTRA-MAR es una antología poética que recoge ese entrecruzamiento donde tienen lugar la imaginación, el pensamiento, la voluntad, la acción y un profundo amor (la idea de mar), por la palabra hechizada, de 45 poetas, “cada uno tocando una melodía distinta con sus flautas y tambores”; de México, Cuba, República Dominicana, Colombia, Perú, Chile, Bolivia, Brasil, Uruguay y Argentina. Todas estas voces, que expresan sus propias cosmovisiones, con su propia música, con su propio ritmo, con sus matices y sus colores; forman el tejido de un hermoso libro que, más allá del tiempo y el espacio (cuando nos hayamos ido todos), permanecerá para siempre como una parcela de tierra fértil, entregándonos la fragancia y los nuevos frutos de sus más íntimos paisajes.

Como es prudente, no me detendré aquí a exponer la importancia que podría tener este volumen en el panorama de la literatura mundial, esa tarea se la dejo a los lectores; tampoco voy a realizar una lectura hermenéutica o crítica morfosintáctica sobre lo que quiere plantear cada autor con su personalísima obra, esa es una tarea para otra ocasión, cuando tengamos una lupa en las manos en vez de un corazón; como suelo decir en estos casos, este es un momento para el goce espiritual y estético, para disfrutar lo mejor de que es capaz el ser humano, para detenernos a escuchar el canto de los pájaros salvajes de la creación.

En esta antología -volviendo sobre el texto Poesía y Poema, de Octavio Paz- “El poema, sin dejar de ser palabra e historia, transciende la historia. A reserva de examinar con mayor detenimiento en qué consiste este traspasar la historia, puede concluirse que la pluralidad de poemas no niega, sino afirma, la unidad de la poesía… El poema es una posibilidad abierta a todos los hombres, cualquiera que sea su temperamento, su ánimo o su disposición. Ahora bien, el poema no es sino eso: posibilidad, algo que sólo se anima al contacto de un lector o de un oyente. Hay una nota común a todos los poemas, sin la cual no serían nunca poesía: la participación. Cada vez que el lector revive de veras el poema, accede a un estado que podemos llamar poético. El poema es vía de acceso al tiempo puro, inmersión en las aguas originales de la existencia. La poesía no es nada sino tiempo, ritmo perpetuamente creador”.

ENTRA-MAR, en contraposición a la antología Tumbas, del escritor Cees Nooteboom, donde recopila parte de la obra y las fotografías de las tumbas de los 82 poetas, filósofos y narradores que él más admiraba; es mucho más que esa mínima elevación de tierra para hacerle sitio a un muerto; primero, porque todos los poetas seleccionados para esta antología poética están vivos; y, segundo, porque ENTRA-MAR es un libro que invita al permanente nacimiento, a la resurrección; a esa idea de los arquetipos femeninos del psicoanalista Carl Gustav Jung, que todo lo abarcan y todo lo contienen. ENTRA-MAR es como un barco que parte siempre de un lugar seguro; de ese lugar donde se obra el nacimiento, el crecimiento y el amor. Ese lugar en donde se da la transformación del cuerpo en espíritu y se prepara para un nuevo nacimiento. Ese lugar en donde siempre podrás tener una conversación con estos artistas, porque sus palabras y sus pensamientos estarán dándonos respuestas y planteándonos nuevas preguntas; por eso volveremos siempre a estas páginas, porque las voces, las flautas y los tambores de estos 45 poetas estarán siempre resonando en nuestros oídos, en nuestras almas y en nuestros corazones.

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