Del camarada Máuser al Jaguar Azul, por Pavel Ugarte Céspedes

El año pasado tuve la oportunidad de trabajar en la Biblioteca Municipal del Cusco, capital sentimental del continente. La colección que alberga, se inició en 1871 cuando se establece junto a un museo y hospital. Cobija documentos de época, como por ejemplo la transcripción de la sentencia a José Gabriel Condorcanqui Tupac Amaru. A finales del siglo XX, Luis “El Cholo” Nieto, entregó su biblioteca personal para el archivo bibliográfico de una de las ciudades más mentadas de América oriunda. Fui testigo de numerosas firmas célebres en las dedicatorias de Jaime Sáenz, Pablo de Rokha y el mismo Eduardo Galeano sólo por citar algunos célebres autores. Joyas, como el “Indice de la Nueva Poesía Americana” publicado en 1926 y editada por mi compatriota Alberto Hidalgo, el chileno Vicente Huidobro y el adalid argentino Jorge Luis Borges se abrieron a mis ojos en esa biblioteca, donde una feliz mañana me encontré cara a cara con el “camarada Máuser” (1982).

No era mito, la legendaria revista editada por Jorge Campero asomaba como asoma su poesía. Una wifala de colores, aromas y palabras ceñidas en más de 40 años de oficio literario. Gestada a principios de los 80s, camarada Máuser se erige como la voz libertaria de su tiempo suscrita apenas en no más de 200 ejemplares numerados. Una de esas piezas con ilustraciones oníricas y texto contestatario anunciaba que esa generación estaba en pie de lucha. Reza un poema.

“Toque de queda

A partir de las 11, fornicaremos
esa será nuestra venganza…”

El “camarada Máuser”, como llamaremos afectuosamente al poeta, establece desde orígenes literarios un discurso poético entre el acto erótico y político. Toda la obra de este notable poeta boliviano goza de esa impronta. El amor y la utopía, son el firmamento en el grueso de su obra. Como poeta firme, su vida también retrata el acto de compartir, de libar la palabra de la calle, el eco del pueblo, la memoria que recorre nuestras venas. Campero habla con la intimidad del poeta que conspira con los astros y al mismo tiempo derriba fronteras con el lector. Y si de fronteras hablamos, cabe recordar que Jorge Campero establece un nexo intergeneracional dentro y fuera de Bolivia. Bolivia es el nombre de esa novia que se disputa con la poesía el amor del poeta tarijeño nacido en 1953. Sus más cercanos amigos y maestros provienen de su tierra natal: Roberto Echazú, Jesús Urzagasti y Julio Barriga (quien narra en su último libro los múltiples episodios de sus correrías en “nuestra Sra. de La Paz”, dama a la cual levantaron la falda y enloquecieron con sus trasnochadas. Promiscuas (1976), A Boca de Jarro (1979), Árbol Eventual (1983:2009), Sumarium Común sobre vivos (1985: 2010), Corazón ardiente (2001:2010), Musa en Jeans Descolorido (2001:2009), Jaguar Azul (2002:2009) y Tleriberta: sinceramente tuyo (2011) son sus títulos publicados y reeditados como testimonio descarnado de una lengua ágil y de “Niño Cruel”. Dos de ellos fueron galardonados con el premio nacional de poesía Yolanda Bedregal. Campero retrata el vulgo con belleza, trata al amor con si fuese un malandrín. Filosofa, interroga, se adhiere a la naturaleza o usa jergas y sencillamente jode y conmueve haciendo de su poesía éxtasis. Marea que asciende y desciende con la música que otorgan los años, el trabajo y el esfuerzo de sobrepasar el talento. Habita un compromiso de vida en su poesía.
Su amistad es su maestranza. Su cátedra es la experiencia, sus consejos los sugiere entre líneas y cuando le hablas frente a frente. Sin quebrar la discreción, aquel lazo que fortalece la amistad, me permito recordar un recuerdo del joven Campero cuando allá hacia fines de los 70s visitó Lima con el fin de publicar sus primeros textos. Se encontró con el movimiento “Hora Zero” e hizo amistad con Jorge Pimentel (1944), Dalmacia Ruiz Rozas (1957), Juan Ramírez Ruiz (1946) y nuestro recientemente fallecido Enrique Verástegui (1950-2018). Al leer su producción y compararla con aquel momento, regresó al hospedaje donde se encontraba y en acto de hidalguía, quemó sus primeros versos en acto de humildad pero también de transparencia y exigencia.
A mediados de los 70s, “Hora Zero”, trascendió fronteras y permitió más adelante la conformación del “Infrarrealismo” con poetas de distintas procedencia en el continente; en el donde destacaron Mario Santiago (1953-1998), Roberto Bolaño (1953-2003), José Vicente Anaya (1947) y José Rozas Ribeiro (1949) entre otros y otras poetas que merecerían un texto aparte. Desde ese entonces, nos hemos vuelto a ver un movimiento continental con esa fuerza y claridad, hasta el día de hoy, cuando Jorge Campero participa del “Jaurismo” y no es ninguna coincidencia. Estamos reagrupando al continente con la diversidad de nuestra poesía y la propia Bolivia expresa su rostro pluricultural con los tres poetas homenajeados de distintas regiones (Matilde Casazola de Sucre y Gustavo Cárdenas de Santa Cruz, respectivamente). Reclamamos la “jauría” como una palabra que nos devuelve a nuestro origen y lugar en la naturaleza como también a la convicción de que sólo el colectivo es el ente creador que transformará nuestras sociedades disociadas por el mercado.
El Jaurismo se puede incluir entre los neologismos que propone Campero: trasudor, geminiano, arrorós, inlunado cerdoso, tierrasol. Su verbo se manifiesta inclusivo y empático desde los 80s con las justas reivindicaciones de la lucha femenina. “Almo” o “Tigra” son solo dos de sus palabras encriptadas para desojar en cada uno de sus libros. Utilizando sus propios versos: Su poesía es “El sabor de los otros que ha saltado el lagarto sediento de su cuerpo”. “Es una hermosa palabra que podría ser repollo.” Cuando versa, objeta lo cotidiano y lo cubre de misterio. “De la manera como pienso cuando tomo una sopa con fideos macarrones” es uno de aquellos poemas por citar un ejemplo. En otro, suena un Piano negro (fragmento):

/me niego rotundamente a ser la pieza fundamental del reloj / todavía amor el desorden / nosotros continuamos la pesadilla cada noche en unos hijos que nos persiguen con sus nuevos pies / los arcángeles los querubines nos podan de apoco en esto que ni siquiera es una fiesta / este río subterráneo me recuerda que tiene el peso de una cabra encima de una enorme roca casi redonda / qué bella imagen la de tu ropa interior como una desconocida bandera / todas las ciudades las han erigido los muertos con su plus valía / es el nicho que nos han construido / desnúdate que escribiremos otro poema encima de este piano negro / tu honesta yo un dios sonámbulo que baila que baila qué/

Sensualidad y rebeldía se aprecia en su obra además del carácter libertario y la masculinidad reconstituida desde la concepción comunitaria de su universo poético. Desde siempre participó en distintas organizaciones que hoy conocemos como colectivos y fue parte de revistas y proyectos editoriales como la revista Siesta Nacional (1988) que editó junto a Marcela Gutiérrez; con Rubén Vargas, Edmundo Mercado y Juan Carlos Ramiro Quiroga editó “El cielo de las serpientes” (1994). Trotamundos, militante fiel de las causas libertarias y poéticas entabla un nuevo proyecto con el apoyo de distintas generaciones de gestores culturales como poetas comprometidos con nuestro tiempo. Durante los días de la Jauría de Palabras, se gestó el “movimiento jaurista” con inspiración en la obra ácrata e inclusiva del “camarada Máuser” que actualmente dirige la Escuela Comunitaria para el Intercambio de Saberes de Coroico.

“Jaguar Azul” se llama este centro cultural que desde la suscripción del acta de fundación, acuñado en los albores del festival que nos dio cita en Santa Cruz de la Sierra y Samaipata, viene reuniendo ahora desde Coroico, a dos horas de La Paz, toda la fuerza y compromisos por hacer de ese espacio ecológico un núcleo cultural donde aprendamos de los pueblos que practican la tolerancia y el ejercicio de su diversidad. La población afroboliviana es también aymara y coexiste con la nación quechua de la cual soy parte. Debido al flujo migratorio, el componente extranjero ha hecho que se convierta en una pequeña ciudad y municipio con altas proyecciones para el diálogo y nuevas concepciones de educación, gobierno, sociedad y por qué no decirlo, estética literaria que se aleje cada vez más de occidente para alumbrar esa nueva creación cultural que se merece la América morena de la cual somos hijos. Esta es una pequeña crónica de un libro que recién empieza para el tintero azul de Jorge Campero, jaguar que tienta nuevos caminos en la niebla de la montaña. Larga vida e innumerables balas para el camarada Máuser.


Poema de un niño cruel, de Jorge Campero

1

Estoy escondido
detrás
de unos lentes
de vidrio oscuro
los miro pasar
repasar
comerse mi pan
bostezar
aburrirse
decir mentiras
los miro crecer
decrecer
cortarse las uñas
oxigenarse el cabello
quitarse los años
aumentar el volumen
de sus vientres
tirar algunos mimos
esconder chupetes
soy el hijo de un hijo de tal
por eso soy un niño cruel
uno que odia a otros niños
porque todo lo perderán un día
soy cruel
y pido que me sirvan
sopa de estrellas
soy cruel
y solicito pedazos de cielo
soy cruel
y me bebo lluvias
a la hora del almuerzo
soy cruel y dejo que el venado
se coma la mañana
soy cruel y piso los hormigueros
destripo los sapos
las ranas de color
el que hace trampas a los pájaros
el que zambulle y coge peces
y cangrejos
el que hizo de las golondrinas
frituras / quemó la crin a los caballos
Tan cruel tan cruel
que no me aguanto
que el cielo ha dejado de crecer en mí
así seguiré
despertando sobre las piedras
calientes a los caracoles dormidos.


Pavel Ugarte Céspedes.  Nace en La Convención – Cusco, Perú, 1985.
Libros publicados:
“Repatriación de las Aves” (2016)
“Rareza Dura” (2012)
“Animal Urbano y la Otra Ópera” (2011).