Borgoño 1470. Para una memoria de la resistencia (extracto)

Borgoño 1470. Para una memoria de la resistencia
por Zetave

“Vale en honor a ellos y ellas, reconsiderarlos como lo que realmente son: compañeros y compañeras combatientes revolucionarios que creyeron en un mundo distinto y lo dieron todo para construirlo, no como mártires. Demos oído a sus gritos que no fueron de dolor, sino que de revolución”
Arturo Villabela, 2005.

A comienzos de 2016, la PDI inició un proceso de demolición y restructuración de uno de sus cuarteles ubicados en la av. Borgoño, comuna de Independencia. Este proyecto pretendía echar abajo algunas viejas edificaciones para con ello ampliar la playa de estacionamientos institucionales, sin considerar el carácter histórico y la importancia para las memorias rebeldes que este espacio contiene.

Bajo el mando de la CNI, el Cuartel Borgoño n°1470 fue, al igual que tantos otros, un centro clandestino de detención, tortura y exterminio que operó desde mediados de 1977 hasta los últimos días de la dictadura.

Dentro de estas murallas ubicadas en la ribera norte del río Mapocho, decenas de compañeros y compañeras vivieron en carne propia la voracidad y salvajismo del sistema neoliberal defendido a sangre y fuego por militares y sus aparatos de inteligencia. El terrorismo de Estado desatado contra quienes fueran considerados enemigos del orden, subversivos, revolucionarios y revolucionarias que, desde la clandestinidad, mantuvieron viva en la beligerancia contra el capitalismo y sus relaciones de dominación/explotación, la convicción y opción de vida por construir un mundo distinto.

Y claro, Borgoño responde a una etapa de nuestra historia reciente marcada por dos fenómenos que, desde la oficialidad, tienden a ocultarse. Por un lado, el andamiaje y consolidación de resistencia popular revolucionaria contra el régimen desde finales de los años 70, lo cual trajo como consecuencia, y aquí el otro proceso, el perfeccionamiento de la represión ante esta arremetida rebelde. Por ello es que Borgoño, como extensión material de las pretensiones dictatoriales responde a esa necesidad de hacer frente y desarticular la resistencia armada que desde el MIR, FPMR, MJL, junto a jóvenes pobladores y pobladoras hicieron temblar la legitimidad y gobernabilidad cívico-militar.

Ahora bien, tras la noticia del inicio de las demoliciones, un grupo de sobrevivientes vio en este acto un nuevo intento por destruir un emblema de lo que fuere a finales de los 70´s y durante los 80´s, la resistencia contra la dictadura.

Por ello se inició una campaña mediática e legal, encabezada por el Comité por la recuperación del ex Cuartel Borgoño 1470, con la cual se logró en el mes de junio la declaración de Sitio Histórico de dicho inmueble, impidiendo el proyecto de demolición.

Sin embargo, este proceso de recuperación de Borgoño se posiciona desde una perspectiva que me parece fundamental para discutir y cuestionar sobre las memorias construidas por los gobiernos “democráticos” respecto a la lucha contra la dictadura militar.

Primero, y retomando las ideas anteriores, comprender que Borgoño no fue tan solo un centro de detención, tortura y exterminio. Borgoño fue un mecanismo consolidado para hacer frente a la arremetida y alza de la resistencia popular contra el régimen. Por lo que quienes pasaron por allí lo hicieron en tanto enemigos del sistema. Su paso por allí es parte también de la resistencia ya que lo que se vivió allí dentro no puede ser descontextualizado del proceso de lucha y resistencia que se vivía fuera y que también se vivirá dentro.

En segundo lugar, y como consecuencia de lo anterior, este proceso de recuperación se ha posicionado desde una perspectiva crítica respecto a la condición de víctima que tanto se ha manoseado. Evitando caer en una memoria de los lamentos y la derrota, hoy Borgoño, sus sobrevivientes y muertos se levantan para dar cuenta que la lucha sigue. Que las luchas del pasado siguen teniendo vigencia, sobre todo desde la reconstrucción de nuestra memoria histórica que tanto se habla y tan poco se hace. Por esto, la recuperación no pretende caer en las lógicas fosilizantes a las que nos han acostumbrado cuando hablamos de memoria. Ni museo ni parque. La propuesta está en la administración de este espacio para ser un lugar de re-unión, articulación y organización de las diversas organizaciones populares del sector.

De este modo, el Comité por la Recuperación del Cuartel Borgoño 1470 lleva tres años reuniéndose todos los viernes, realizando actividades político culturales en el frontis de lo que fuere el ala norte de la oficina de la DINA-CNI. Con música, poesía, encuentro, solidaridad, autonomía, autogestión y rebeldía, se avanza paso a paso en la recuperación de ese espacio teñido de sangre, teñido de dolores y lamentos, atosigado de sueños y convicciones.

Volver sobre nuestro pasado reciente, sobre esos eventos traumáticos como Borgoño, pero no para seguir lamentando. Borgoño fue y será un lugar de resistencia. Borgoño encarna la guerra interna que se vivió, pero también la esperanza puesta en sus sobrevivientes como testimonios vivos de continuidad en la lucha y vigencia del proyecto revolucionario por el cual fueron perseguidos.


Del Instituto de Higiene al Cuartel de la CNI

Ubicado en la puerta de entrada a la Chimba, el cuartel Borgoño se erige como monumento patrimonial a riberas del río Mapocho. De cara al Puente Cal y Canto por el oriente, y abierto hacia las autopistas que un día fueron chacras y descampados por el poniente. Al sur, Santiago Centro como guardián, respalda a este emisario de la ciudad culta para iluminar y civilizar a la barbarie popular del otro lado del río.

A finales del siglo XIX construido para ser el ya extinto Instituto de Higiene, esta mole de cemento se instalaba como uno de los principales aparatos normalizadores y civilizatorios utilizados por la clase dominante, como bypass purificador para quienes cruzasen la frontera del Mapocho hacia la urbe iluminada (Leyton, 2009).

Con el tiempo, este edificio, al igual que el barrio Mapocho, fue cambiando en su configuración urbanística con los agigantados pasos avasallantes de la modernidad. Ya para la década del 30´s, después haber servido para diversas instituciones referidas al área de la Salud, este edificio será destinado al Servicio Nacional de Salud en el año 1952, continuando con su tradición vinculada a la Salud e Higiene del país. Sin embargo, para 1977, el edificio es entregado a la Central Nacional de Comunicaciones (CNI) para que sirva de cuartel y centro de operaciones (Troncoso, 2007). Si bien hay un giro en el rubro, de la salud a la represión, me parece que sí hay una continuidad referida a cómo este edificio se configura como una extensión, un brazo del Estado, hacia los sectores populares. Desde el ámbito del higienismo, desde los servicios paternalistas focalizados a los más pobres, pasando por un centro de detención y actual cuartel de Investigaciones, me parece que lo que ese edificio no ha cambiado, -monumento nacional declarado en la década de los 80´s.- es su lógica servil y activa respecto a las políticas de dominación emanadas por el Estado chileno desde 1892, fecha de su inauguración.

Ahora cabría preguntarse ¿cómo es que este edificio, funcional a políticas de Estado, pasó a convertirse en el clandestino cuartel de la CNI Borgoño 1470? A pesar de falta de documentación oficial, hay varios elementos que dan ciertas luces al respecto. No se sabe si antes utilizado por la DINA o “pasó” directamente a la CNI. No hay registro de aquello, o al menos yo no lo he encontrado. Por la información que he podido recolectar, solo me he encontrado con la declaración del Consejo de Monumentos Nacionales, el cual, bajo el Decreto Exento N°646 emitido con fecha 26 de octubre de 1984, establece que “Declárese Monumentos Históricos los siguientes inmuebles de la ciudad de Santiago, Región Metropolitana: 1.- Antiguo edificio del Instituto de Higiene, actual sede de la Secretaría Regional Ministerial de Salud, ubicado en la Avenida Independencia N°56, por formar un conjunto con la Estación Mapocho, y cerrar la perspectiva del gran espacio que queda la término del Parque Forestal…”

De lo anterior, podemos extraer conclusiones simples, y que los mismos testimonios lo confirmarán. Este edificio, durante la década de los 80´s siguió siendo utilizado por la Secretaría Regional Ministerial de Salud cuya delimitación en tanto inmueble está registrada por el número 56 de la avenida Independencia. Ciertamente que corresponde a otra numeración de la que nos interesa a nosotros, Borgoño 1470; a pesar de ser parte del mismo gran edificio. Pero lo que podemos ver es que mientras a pocos metros, en el “patio trasero” de la Secretaria Regional de Salud, estaba operando activamente un centro clandestino de detención, tortura y exterminio.

Este es un tema que hay que desentrañar, buscar los archivos y títulos de propiedad, cesiones, o testimonios de los mismos agentes que puedan dar luces de este enigma. Sin embargo, lo que a la vista parece evidente, es que una vez más, el hermano menor de la Estación Mapocho, el misionero sacrificado a la barbarie, continuó con su ethos genético, ahora al servicio del neoliberalismo dictatorial cívico-militar que se instalaba a finales de los 70´s en Chile.

Convertido en cuartel de la CNI, Borgoño 1470 sirvió como centro de operaciones y enclave estratégico de la represión. Cercano a la ex Cárcel Pública, con vías de acceso relativamente fluidas –Independencia y av. Santa María-, a una distancia prudente del centro cívico y en el antejardín de del barrio norte, este cuartel, como muchos otros, fue el lugar de trabajo y laboratorio de experimentación, perfeccionamiento y ejecución de una “nueva” forma de inteligencia. Pero la política de fondo es la misma, la Doctrina de Seguridad Interior del Estado, guardiana de los intereses del capital financiero, el neoliberalismo y las clases dominantes, doctrina política que continuaba siendo la hoja de ruta de la alianza cívico-militar independiente del cambio nominal de la DINA a la CNI (Velásquez, 2002). Entonces, ¿por qué una nueva forma de inteligencia? ¿A qué responde este cambio, quizás nominal para algunos, en los aparatos represivos?

De la DINA a la CNI: continuidades de un giro estratégico.

En agosto del año 1977, por medio del Decreto Ley N°1.878, se crea la Central Nacional de Inteligencia (CNI) disolviendo y derogando las atribuciones legales que antes competían a la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA). Este cambio, si bien tiene responde en parte a los cuestionamientos respecto a los DD.HH realizados por observadores internacionales y nacionales, en su trasfondo responde a un cambio en el contexto político-social que atravesaba el país y la dictadura.

Para los militares, la fase de conflicto ya había sido “superada”. Barrido superficialmente con el enemigo interno, desarticulado los principales resabios de la UP durante los primeros años seguidos a 1973, había que cambiar de táctica en tanto la realidad y el enemigo interno tomaban otras formas y dinámicas (Salazar, 2012; Iglesias, 2011).

La estructura y funcionamiento de la CNI no fue muy distinta a la de su antecesora, es más, se “le entregó el personal y el patrimonio de la DINA” (Salazar, 2011, p.20), no obstante, sí hubo ciertas diferencias. En primer lugar, la Central dependía del Ministerio del Interior, no así ocurría con la Dirección que dependía y estructuraba directamente de la Junta Militar y las Fuerzas Armadas. La nueva inteligencia cumplía otro rol en términos tácticos/estratégicos, o respondía a otras necesidades del momento. En plena instalación del neoliberalismo y una nueva institucionalidad servil a éste, la CNI cumple ya no una función de desarticular al enemigo como único foco, sino más bien a mantener el orden vigente por lo cual se requería un equipo tecnificado, profesionalizado, con un control centralizado de la información y políticas nacionales, y con claras atribuciones en pos de la seguridad nacional (Salazar, 2012).

Junto a esto, esta nueva fase dictatorial no está dada solo por la instalación del nuevo modelo, y quizás no es su característica más importante, ya que a finales de la década del 70, comienza a reaparecer de manera subrepticia, clandestina, solapada, las primeras llamas de la resistencia en manos principalmente de militantes del MIR, pobladores y otras organizaciones de izquierda (Silva, 2011).

Entonces vemos que para 1977, la CNI emerge como un nuevo brazo armado dictatorial que responde a 3 factores principalmente: responder a los cuestionamientos hacia el funcionamiento de la DINA y el actuar de sus agentes, como Manuel Contreras entre otros, adecuarse a una fase del proceso “contrarrevolucionario” ya no de destrucción masiva de la UP, sino más bien pavimentación, instalación y resguardo del modelo neoliberal, y finalmente, a las emergencias del conflicto interno reactivado con el progresivo actuar de grupos paramilitares y poblacionales. Si bien lo nuevo es nominal, me parece que estriba en ser un accionar mucho más quirúrgico, focalizado y tecnificado en sus métodos, prácticas y formas, donde la información de cada subversivo detenido serán piezas fundamentales para armar y destruir el rompecabezas de las organizaciones clandestinas. En este sentido, la CNI si bien se muestra como una nueva cara, sigue siendo el mismo mono, ahora de seda, en tanto “se le entregaron atribuciones para arrestar, en virtud de una orden judicial, para allanamientos a locales habitados o deshabitados en que se presumiera la existencia clandestina de armas de fuego, explosivos, sustancias químicas, etc., o la comisión del delito de organizaciones de milicias privadas” (Salazar, 2011, p.20). En el fondo, seguir con la contrainsurgencia, pero ahora frente a un enemigo conocido, pero con “rostro nuevo” que desde los silencios de la clandestinidad, intentará articular la lucha contra la dictadura, y retomar las banderas en la construcción del socialismo.

La reaparición del accionar clandestino a fines de los 70, fundamentalmente mirista, y con la profundización y consolidación de otros frentes de lucha (ya para el año 83 podemos hablar del FPMR y el uno antes, del MJL), ya para el año 80, sobre todo cuando se hacían evidentes las deficiencias y contradicciones del sistema económico, se puede apreciar que la represión se recrudece. Poder/Resistencia como dos proyectos en pugna.

En síntesis, la disolución de la DINA “no significaría un cese de la violencia de Estado, sino que esta tendría su particular aggiornamento en el nuevo organismo que se caracterizó por un trabajo represivo de mayor especificidad, lo que significó la creación de diferentes brigadas encargadas de perseguir a los militantes de los distintos partidos en la clandestinidad y de una profesionalización de sus miembros y métodos, si un término como este le cabe al vil oficio del exterminio programado” (Salazar, 2011, p.7).

Borgoño 1470, la materialización de una nueva fase

Bajo ese espíritu, podemos recién comenzar a comprender lo que significaron los cuarteles clandestinos de la CNI, y en particular, Borgoño 1470.

No hay claridad de la fecha en la cual comienza a operar este centro. Esto, ya que si bien la CNI se crea en agosto del 77, hay registros de la detención de Jaime Troncoso (PS), quien es capturado por la DINA el 2 de mayo y llevado a las cercanías del río Mapocho, específicamente a Borgoño (Salazar, 2011; Troncoso, 2007). Con lo cual podríamos aventurar la idea que Borgoño operó como cuartel de la DINA, pero no sabemos en qué medida y durante cuánto tiempo. Esto se hace difícil en tanto la información sobre este aspecto son un enigma para quienes buscamos investigar. Pero sí, con estos datos, podemos atestiguar que al menos desde principios del año 1977, y hasta la disolución de la CNI en los 90, el cuartel Borgoño fue un centro operativo de la inteligencia dictatorial (Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura, 2004, p.512)

Entonces es en éste horizonte donde Borgoño quiebra el paisaje capitalino del barrio norte para abrir su portón metálico de Av. Santa María, y recibir a los centenares de detenidos y detenidas, secuestrados y secuestradas que por semanas de encierro, fueron sistemáticamente torturados y violentados para conseguir las pistas y huellas que los llevasen al corazón de la resistencia; lástima que en tanto resistencia, proyecto histórico popular, revolucionario o rebelde, reside, se atesora y expande en la memoria de cada luchador y luchadora.

 

REFLEXIONES DE ALGUNOS SOBREVIVIENTES AL CUARTEL BORGOÑO

“Yo estoy dispuesto a eso”.

Como te decía, teóricamente uno siempre ha discutido, discute, qué es lo que es el Estado represivo, el Estado, un sistema completamente inhumano, en un contexto general uno lo ve cotidianamente a través de la vida, del trabajo, de la vida cotidiana en el vecindario. Entonces vivimos en un mundo completamente contradictorio y perverso, entonces frente a eso también están las decisiones. O yo tomo un camino individual, donde yo puedo a lo mejor de repente escalar unas posiciones sociales, económicas, pero que no te satisfacen sabiendo que eres parte de una sociedad de un conjunto de seres humanos, que está viendo al de más allá, que te van pasando cosas diferentes. Y hoy día después de tantos años también, o sea, tú ves digamos que en el trabajo cotidiano de niños, las mujeres, vive en condiciones tremendamente de explotación, de desigualdad, de injusticias. Eso te va confirmando cada día que lo que vivió uno, traumático, duro, complicado, difícil, era parte de eso. Parte de esa lucha que uno está dando pero a la vez es como recurrente y contradictorio porque uno dice cómo esta gente este sistema, llega a eso para defenderlo. Llega a esa cosa, a torturar, a matar gente, a otros compañeros que posiblemente pasaron cosas mucho más difíciles, más complicadas. La gente fue tirada al mar, que fue muerta allí mismo en la tortura abierta, con corvo, de bueno, toda esa cosa. Entonces dice uno bueno, yo estoy dispuesto a eso. Y no solamente está el que te torturó directamente, sino que están todos los que están detrás de ti, estaba todo el sistema. Pero además desgraciadamente hoy día, no desgraciadamente, lógicamente, dentro del sistema, hoy día se dan elementos de aquellos años” (F. Montes, comunicación personal, 17 de agosto de 2016).

“Ojalá la gente, los jóvenes se preparen para triunfar realmente”.

“Hay una necesidad digamos, de que los compañeros que luchan también sepan que existe eso. Que también es una forma de ponerlos frente a alternativa, que el compromiso conlleva ese riesgo, la tortura, la muerte, la cárcel, ojalá haya una reparación hoy día de tal forma que eso no pase. Que ojalá la gente, los jóvenes se preparen para triunfar realmente y no para ser presos políticos, para ser torturados, desaparecidos. Pero está ese riesgo. Porque estamos enfrentando a un modelo , un sistema que está dispuesto a todo para defenderlo, pero también está digamos lo más específico, necesidades de ir aprendiendo a hacer política, la forma de hacer organización, que implique también posiblemente ir entendiendo los errores que uno cometió como organización, que permitió digamos el ser golpeado, el ser preso, precisamente qué paso, porque es complicado, no es fácil, una lucha siempre lleva riesgos, pero eso también no depende de uno, depende del conjunto digamos de gente que está en la lucha, de que cada día las formas de enfrentar al enemigo sea tal, que los riesgos sean los menores posibles” (F. Montes, comunicación personal, 17 de agosto de 2016).

“No se puede construir una nueva sociedad con sitios de tortura”.

“No es lo mismo tener a la sede como espacio físico, a la sede del PC, en la Unidad Popular que fue destruida, a la sede del Borgoño como sitio digamos, para expresar la posibilidad de una futura sociedad, y eso tiene lecturas digamos. Una, que mantener un sitio de tortura es nunca más digamos, que ni siquiera tú puedes tener, tú, una persona de izquierda, militante o no, no puedes tener sitios de tortura para otra gente. Por mucho que los huevones hayan sido bestias, no puedes tenerla no más, no se puede construir una nueva sociedad con sitios de tortura, y sitios de tortura además clandestinos, que nadie sabe, que nadie sabe quién entra, quien sale. No se puede, no se puede construir. No tengo idea cómo se tiene que construir un espacio para los torturadores, no tengo idea, no sé si Punta Peuco sea la solución, o la Cárcel Pública, no tengo idea. Esas preguntas las tiene que responder la sociedad en su conjunto, obviamente esta sociedad no va a construir esa respuesta, así como está. Pero además un sitio de tortura, estando de pie significa que nunca más queremos que exista una sociedad que instale eso para nosotros digamos. Porque nosotros somos los puntúos po, o sea nosotros somos los que vamos a estar ahí siempre peleando, y los que históricamente vamos a sufrir siempre los embates de los victoriosos” (A. Kadima, comunicación personal, 16 de septiembre de 2016).

“Es una memoria, pero de la resistencia”

El concepto de resistencia es tan terriblemente vasto, mira cuando se instala el Museo de la Memoria, para dar un ejemplo concreto, nosotros aquí en el Taller Sol, tenemos desde principio, empezamos a acumular cosas, o solamente cuestiones pa reciclar si no que información. Y, pucha, no nos cuestionábamos, porque se fueron quedando los libros, se fueron quedando los afiches, y se quedaron ahí, se quedaron ahí porque no se po, como otras cosas. Pero de repente aparece el Museo de la Memoria, y cuando el Museo de la Memoria connota que es un Museo de la Memoria, pero es un Museo de la Memoria de la victimización, y que se levanta desde la victimización y que connota la parrilla, connota la picana, connota el dolor, connota el sufrimiento, connota que los torturadores, que fueron malos y que la huevada. También connota que quienes lucharon, desaparecen, bueno entonces aquí alguno de los trabajos que nosotros estamos intentando elaborar sobre las presencias y las ausencias. Entonces esas ausencias son de nosotros, los que la vivimos no somos héroes, ni cagando. Pero somos nosotros, nosotros combatimos la dictadura, nosotros combatimos frontalmente, de cualquier manera, y tenemos el privilegio de estar vivos, también es una responsabilidad. Cuando vimos entonces que la victimización era desde, a partir de lo que eran los gobiernos de la Concertación, era visibilización ideológica de cómo se instalaban estos gobiernos y lo que nosotros tenemos definitivamente, de alguna manera y le hace peso, es una memoria pero de la resistencia, o sea aquí claro nosotros también tenemos huevones que murieron, pero murieron luchando, no , a nadie de los que murieron podemos considerar, que puede que haya sido así, pero no lo vamos a connotar que estaban abajo de la cama y los pilló un paco y los mató […] Entonces hay dos elementos que hacen que el cuartel Borgoño es muy importante para nosotros. Primero, que contenga en su interior definitivamente una memoria que no solamente hable de lo que nos hicieron, si no de lo que hicimos. Y eso es muy importante, y eso, no vamos a tener, si la tenemos una parrilla donde mostrar donde nos torturaron, no estamos peleando por eso. Pero tenemos que tener, al lado de eso, tenemos que tener la honda, la matraca, la piedra con la que hicimos trizas alguna huevada. Y dos, tenemos que estar hoy día en estos momentos, haciendo, así como lo hacemos que esa casa tiene que constituirse no como un lugar privilegiado para la resistencia de los sobrevivientes, sino que tiene que ser un lugar en donde las distintas organizaciones que trabajan hoy día tengan un espacio. (A. Kadima, comunicación personal, 16 de septiembre de 2016).