Huir o luchar – número 3, marzo 2013-

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Editorial

El ser humano durante el transcurso de su existencia, tanto en su forma individual y colectiva, ha tenido que enfrentarse a variadas situaciones límites, impuestas por su entorno o por sí mismo, y que lo han hecho condicionarse para poder sobrevivir. Escenarios que involucran necesariamente una decisión oportuna y segura y que, probablemente permiten que el sujeto se sienta libre en ese actuar. Bien es sabido, que la libertad implica dos acciones en su conjunto, la voluntad y la conciencia. Ambos procesos mentales hacen que podamos resolver la realidad de manera tal que nuestros actos se adecuen para llevar una vida conforme a nuestros valores y principios. Ahora bien, de alguna u otra forma decidimos frente a los temores, a las angustias, evaluando los pro y contra. Inevitablemente elegiremos entre algo o algo más, frente a eso no hay cuestionamiento. El problema, al parecer no está en la resolución a la que se llegue, sino más bien, en aquellos pensamientos que vacilan de un lado a otro cuando estamos frente a una circunstancia que amerite una solución correcta y a tiempo, en cómo nuestra cabeza comienza a elaborar procesos de salvataje frente a la realidad estableciendo valoraciones de su entorno, de sus relaciones interpersonales, de la sociedad y su cultura, etc.
Como seres humanos pensantes nos encontramos constantemente en este ejercicio de reflexión, de voluntad y conciencia. Animalescamente, y en su forma biológica, nuestro cuerpo también se modifica bajo esta misma lógica. Huida o Lucha. Culturalmente, llevadas a la dualidad de la cobardía y la valentía.
La lucha como primera opción se centra en levantar la vista y hacer frente a la problemática, y con un grito desgarrado levantar el puño y asumir las consecuencias que esto pueda traer. Grandes pueblos se han levantado bajo esta consigna, permitiendo que la sociedad se concrete de manera más justa e igualitaria. La huida en cambio, responde al mayor de los temores, y a mi parecer el peso más grande. Es posible escapar del miedo, sortear las circunstancias, abrirse camino, dar vuelta la página y recomenzar sin memoria, pero es imposible huir de sí mismo. El agobio que nos puede hacer evadir un camino, estará siempre resguardando nuestro sueño y de alguna u otra forma impedirá que podamos llegar a ser sujetos libres. En esta edición Mal de Ojo los invita a detener el tiempo, ajustar las manillas del reloj y observar la reflexión artística cuando de decidir se trata.

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