Maldiciones – número 1, enero 2013

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Editorial

 

El llamado Mal de ojo ha acompañado a la humanidad durante siglos. Creencia popular, religiosa o no, ha incentivado a los sujetos a generar respuestas mágicas a efectos inexplicables, durante muchos años. Y es que los afectados con este mal señalan estar malditos, enfermos, cargados de alguna energía negativa proporcionada por una mirada maligna que los asechó en algún momento. Es así, un sujeto con mucha envidia es capaz de insertar con la mirada un cúmulo de síntomas que lleva a los maldecidos a sentirse en el infierno, pudiendo incluso causar la muerte. Generaciones enteras, culturas y creyentes han tratado de hallar cura a este problema, ingeniándoselas con rituales de sanación, cintas rojas, recetas con huevo, ajo y agua bendita, entre otras. ¿Realidad o ficción? Difícil responder cuando sabemos de antemano que el pensamiento puede llevar a la realidad lo que desee, sea maldición o no. Claro está, porque la proporción de nuestra realidad se mide con ojo subjetivo. Cada sujeto es capaz de estructurar su visión de mundo como se le antoja y dentro de este espacio todo se permite, bendiciones, maldiciones, enigmas, etc. Todo se puede clasificar según nuestros propios parámetros de voluntad y conciencia y asimismo ser libres de dar la solución que queramos a los dilemas que se presentan en la vida. Maldiciones diversas podemos afrontar, causadas por brujos, dioses o hasta el mismo sistema que nos condena a desenvolvernos en espacios no deseados, lo cierto es que esta carga que nos llega por la palabra, mirada o acción, disfraza algo más, un pensamiento negativo desde un sujeto hacia otro. He ahí lo que debe ser revertido. Como seres humanos libres y pensantes tenemos la responsabilidad de encontrar soluciones que nos lleven a establecer una sana convivencia entre unos y otros, transformando las malas energías y los males de ojo, en espacios donde podamos desarrollar nuestro espíritu y expresar nuestras ideas. Es por esto, que surge Mal de Ojo, un rincón para todos aquellos que deseen llegar a los otros mediante su arte. Poesía, ensayo, narrativa, música, fotografía, ilustración, etc. como herramientas para traer a la reflexión y abrir caminos en comunión. Mal de ojo, te invita a revertir los conjuros y llevarnos a la libertad.

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